Cómo hacer el 'cambio de armario' de otoño para tus plantas: reubicación, riego y puesta a punto
Con la llegada del otoño hacemos cambio de armario, recuperamos las chaquetas y empezamos a cerrar ventanas que hace unas semanas permanecían abiertas todo el día. Y con las plantas muchas veces hacemos algo parecido. Empieza a refrescar y surge la duda: ¿esta maceta debería entrar ya en casa?, ¿tengo que podar ahora?, ¿sigo regando igual?
El problema es que las plantas no entienden de estaciones como nosotros. Lo que perciben es que los días se acortan, reciben menos radiación, bajan progresivamente las temperaturas y cambia la humedad ambiental. Sus necesidades se adaptan a esas nuevas condiciones y nosotros deberíamos hacer exactamente lo mismo.
Preparar las plantas para el otoño consiste, por tanto, más en observar y ajustar que en hacer grandes cambios.
Qué plantas hay que meter dentro de casa
Cuando empiezan a bajar las temperaturas aparece el instinto de proteger las plantas de la terraza metiéndolas en casa, pero meterlas al interior no siempre es un a ayuda para ellas.
Mover continuamente una planta de ubicación no suele ser buena idea, ya que en la naturaleza, las plantas se aclimatan a unas determinadas condiciones y cada cambio de luz, temperatura o humedad les obliga a adaptarse de nuevo y genera lo que se conoce como estrés vegetal. Además, dentro de una vivienda normalmente tenemos bastante menos luz, menor ventilación y, cuando encendemos la calefacción, un ambiente más seco.
Por eso, no deberíamos meter una planta en casa simplemente porque haya llegado el otoño. Lavandas, romeros, olivos, muchas gramíneas y buena parte de las especies mediterráneas están perfectamente preparadas para continuar fuera. Meterlas en el salón probablemente les siente bastante peor que dejarlas donde están.
Otra cuestión son las plantas tropicales o sensibles al frío que hemos sacado al balcón o la terraza durante el verano. Muchas plantas que cultivamos habitualmente como plantas de interior sí deberían regresar a casa antes de que las temperaturas nocturnas bajen demasiado.
Más que fijarnos en una fecha, interesa conocer aproximadamente la temperatura mínima que tolera cada especie. Por ejemplo, el ave del paraíso o Strelitzia augusta puede perfectamente aguantar en exterior hasta aproximadamente los 5ºC, así que si no es el caso, mejor dejarla fuera que darle peores condiciones de vida.
Por cierto, si decides hacerlo, antes de meter una maceta dentro, conviene revisar bien hojas, tallos y sustrato. Cochinillas, araña roja, mosca blanca y otras plagas pueden entrar con ella y extenderse después al resto de nuestras plantas.
Podar sí, pero sabiendo para qué
El final del verano también invita a coger las tijeras. Pero otoño no significa automáticamente poda. Podamos para retirar partes dañadas, controlar el tamaño, favorecer una determinada estructura o renovar la vegetación. En algunas especies leñosas y semileñosas, además, una poda regular ayuda a mantener la planta compacta y funcional durante más tiempo. La lavanda es un buen ejemplo. Si dejamos pasar los años sin intervenir, sus tallos van formando madera, la mata se abre y termina deformada y concentrando hojas y flores en los extremos. Tras la floración podemos recortar aproximadamente un tercio del crecimiento, manteniendo siempre parte verde y evitando entrar demasiado en madera vieja, desde donde le cuesta mucho más rebrotar. Con determinadas salvias arbustivas ocurre algo parecido.
La idea no es intentar rejuvenecer de golpe una planta que lleva años envejeciendo, es más, nos va a ser muy difícil llegado a este punto, sino evitar que llegue a un estado envejecido mediante pequeñas podas bien realizadas. Un pequeño truco que nos puede servir: si observamos que la planta ya no flora y comienza a cambiar su cara a una más otoñal, ese es buen momento para meter tijera sin miedo.
En las plantas de interior el planteamiento suele ser diferente. Más que una poda estacional, normalmente necesitan una limpieza: retirar hojas secas o muy deterioradas que han sufrido durante las vacaciones de verano, eliminar algún tallo dañado y controlar puntualmente el tamaño si es necesario.
El verdadero cambio de otoño está en el riego
Si hay algo que casi siempre tendremos que modificar durante las próximas semanas es el riego. En verano, una maceta situada en una terraza soleada puede perder agua a gran velocidad. Tenemos más radiación, temperaturas elevadas y una mayor demanda de agua por parte de la planta y de la propia atmósfera.
No es el caso del otoño, donde todo esto empieza a ralentizarse. Los días son más cortos, disminuye la radiación y bajan las temperaturas. Como consecuencia, una misma cantidad de agua permanece mucho más tiempo en el sustrato.
El problema aparece cuando seguimos regando con la frecuencia de agosto aunque las condiciones de agosto ya hayan desaparecido. No hace falta pasar automáticamente de tres riegos semanales a uno. Hay algo bastante más fiable que cualquier calendario: comprobar cómo está realmente el sustrato. Podemos introducir un dedo unos centímetros, levantar las macetas pequeñas para acostumbrarnos a distinguir su peso cuando están húmedas o secas y observar cuánto tarda la tierra en perder humedad después de cada riego. Esto es especialmente importante porque la superficie puede parecer completamente seca mientras unos centímetros más abajo las raíces siguen rodeadas de humedad.
También conviene revisar platos y cubremacetas. El agua que en pleno verano desaparecía rápidamente puede permanecer ahora durante días. Y unas raíces constantemente saturadas tienen menos oxígeno, pierden funcionalidad y son más vulnerables a pudriciones.
Y, sobre todo, no reguemos menos simplemente porque el calendario diga que estamos en octubre. Podemos tener semanas prácticamente veraniegas seguidas de varios días frescos y húmedos, lo que nos dificulta un poco las tareas. Lo ideal ahora sería aprovechar que todavía hace buen tiempo para empapar bien el sustrato de nuestras plantas y observar cómo se va secando. Ahí veremos muchas pistas de lo que nos vamos a ir encontrando las siguientes semanas y de si tenemos que aflojar o mantener el ritmo del riego.
Preparar las plantas para una nueva estación no consiste en hacer más cosas, sino en observar qué está cambiando y ajustar nuestros cuidados en consecuencia.
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