¿Tu perro tiene recuerdos o se olvida de todo lo que vive a tu lado?

Retrato de un golden retriever

Eva San Martín


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Miramos a nuestro perro a los ojos. Y él, o ella, nos devuelve esa deliciosa mirada capaz de derretirnos el corazón. Pero, cuando nos recomponemos, puede que nos asalte la duda: ¿qué estará pensando nuestro amigo peludo en realidad? Y, por muy cercano que lo sintamos, ¿nuestro camarada perruno recuerda las cosas bonitas que vivimos juntos?  

Puede que nos preguntemos si nuestro perro tiene recuerdos, o si los experimenta del mismo modo que nosotros. O si, por ejemplo, recuerda su infancia como cachorro o la primera vez que nos conoció.  

Los perros nos reconocen, incluso tras meses sin vernos

Sabemos que los perros nos quieren (y también que los gatos nos quieren y nos echan de menos). Tampoco tenemos duda de que se acuerdan de nosotros, como confirman multitud de conmovedores vídeos de reencuentros entre humanos y sus perros; incluso después de meses, y hasta años, sin vernos.

Lo que no tenemos tan claro es si la memoria de nuestros perros, es decir, el registro que dejan en su cerebro las experiencias personales, funciona de un modo similar a la nuestra. Tampoco, si nuestros camaradas peludos utilizan las mismas estructuras cerebrales para crear sus recuerdos. O si memorizan las cosas vividas, por ejemplo, nuestras últimas vacaciones juntos.

La respuesta es complicada, incluso para la ciencia. Aunque algunos investigadores han aceptado el reto, y han dado un paso adelante para comprender mejor la mente perruna: cómo se forman y mantienen los recuerdos en nuestros compañeros de vida no humanos.

Lo que tu perro recuerda: ¡más allá de su comida favorita!

Para entender mejor lo que nuestros perros recuerdan y qué estructuras cerebrales utilizan para retener lo aprendido, la neurociencia diferencia entre dos grandes tipos de memoria.

Por un lado, la memoria semántica, que requiere un aprendizaje conciente y que se asocia con nuestro aprendizaje académico: como el aritmético o el lenguaje. Y que nos proporciona un conocimiento sobre el mundo que nos rodea, pero no está conectado a un momento temporal.

No hay duda de que nuestros perros cuentan con memoria semántica, ¡a su perruna manera! Sabemos que nos reconocen tanto por nuestro aspecto como por cómo olemos, que recuerdan qué tipo de juguetes les gustan y cuál es su preferido. Y que tampoco tienen problemas para reconocer cuál es un lugar favorito del sofá, ¡o cuál es su comida preferida!

¿Tu perro recuerda las últimas vacaciones juntos?

Lo que no estaba tan claro es si nuestros amigos peludos son capaces de procesar (y almacenar) el qué, dónde o cuándo de un evento. Lo que se llama memoria episódica.

En nuestro caso, construye muchos de los recuerdos con los que vivimos: desde qué comimos un día determinado, por ejemplo, durante unas vacaciones a la playa (y no, nuestro perro no se enfada si no viajamos con él) o quién estaba a nuestro lado el día que adoptamos a nuestro amigo peludo.

Sin embargo, ahora sabemos que un perro puede recordar vivencias negativas y que incluso puede sufrir trastorno de estrés postraumático. Es decir, las experiencias adversas pueden afectar su comportamiento a medio y largo plazo. Y sabemos que los perros que regresan de zonas con conflictos bélicos presentan unos síntomas muy similares a las respuestas traumáticas de los soldados humanos. 

No solo retienen experiencias traumáticas. Los estudios recientes en cognición canina señalan que los perros también recuerdan lo que han hecho sus humanos, incluso cuando no han sido entrenados para registrarlo de forma explícita; es decir, sin hacer una seña o pauta específica.

Lo que, según estos investigadores, sugiere que los perros, como nosotros, también cuentan con una memoria episódica, que les permite almacenar en sus cerebros el qué, dónde o cuándo de un evento. Esta memoria episódica les facilita registrar en sus cerebros recuerdos asociados a determinados momentos y lugares.

Para ello, dicen los investigadores, además, hacen uso de estructuras y mecanismos cerebrales de aprendizaje similares a los nuestros. Lo que les permite recordar momentos y situaciones de un modo similar a como lo hacemos nosotros; por ejemplo, un día de playa con su querida familia humana. O una siesta a nuestro lado, ¡mientras que le rascamos las orejas!

“Aunque casi todos sospechásemos que nuestros perros eran capaces, al menos, de recordar determinados momentos, ahora también sabemos que, además, utilizan los mismos mecanismos de formación de la memoria que los humanos. Y que los usan para recordar eventos y momentos pasados, incluso cuando no los consideran importantes o esenciales para la supervivencia”, concluye Claudia Fugazza, investigadora del departamento de Etología de la Universidad de Eötvös Loránd (Budapest), y autora principal de estas investigaciones,  cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Current Biology

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