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¿Los perros y gatos también cogen piojos?

No solo pululan por las aulas: estos insectos también infectan a nuestros animales

Al contrario que la mayoría de parásitos externos, los piojos de gatos y perros son más frecuentes en invierno

¿Qué hacer? ¿Cómo prevenirlos? ¿Podemos contagiarnos nosotros? Te lo contamos

Foto: Fox

Foto: Fox

Por extraño que suene, perros y gatos también pueden coger piojos. Aunque asociamos estos insectos a la cabeza de los niños y niñas, y a las temidas circulares del cole que avisan de su llegada a las aulas, estos indeseados huéspedes también pueden afectar a nuestros amigos de cuatro patas. Y, al contrario de lo que ocurre con las pulgas y las garrapatas, el riesgo de que tu perro o gato coja piojos crece durante estos meses de invierno.

Los piojos son insectos planos de seis patas y, aclarémoslo, normalmente carecen de alas, por lo que ni pueden volar ni saltan de perro en perro, ni de gato en gato. Sus hábitos parásitos, al contrario de lo que suele pensarse, resultan bastante pausados: básicamente se agarran al pelo de nuestros compañeros de cuatro patas, caminan por él con cierta parsimonia y las hembras depositan sus huevos (liendres) en las zonas de pelo más cercanas a la piel. De hecho, la mayoría de los piojos de perros y gatos pasan sus 21 días de vida en el mismo animal.

Por eso, la forma más habitual de que Lucas se contagie resulta por contacto físico directo con estos parásitos: por ejemplo, por compartir cama o cepillo con otro perro ya infectado. Mientras que el minino Travis corre peligro si sale a la calle y entra en contacto directo con otro minino que ya tenga piojos.

Además, existen unas 3.000 especies de piojos, y estos insectos son tremendamente específicos: es decir, los piojos de los humanos (Pediculus humanus) solo afectan a los humanos. Los piojos del perro solo afectan al perro. Y el piojo del gato solo afecta a los gatos. Es decir: por mucho que veas un insecto deambular por el pelo de tu perro o tu gato, tú no te puedes contagiar.

Piojos masticadores y chupadores: pero cada uno el suyo

De hecho, solo hay dos especies que afectan a nuestros compañeros perrunos: el conocido como piojo masticador (Trichodectes canis) y el llamado piojo chupador (Linognathus setosus). Aunque estos nombres parecen sacados de una peli de terror perruno, lo cierto es que resultan muy gráficos a la hora de describir su forma principal de alimentación: mientras que el piojo masticador come de los restos o secreciones de piel (epitelio) de nuestro amigo, el chupador posee una cabeza afilada que le permite alimentarse directamente de su sangre. Eso es: tan repulsivo como aterrador.

Por otro lado, solo existe un tipo de piojo que afecta a los gatos: el Felicola subrostrata, otro masticador, pero a su vez diferente del insecto que muerde al perro. La buena noticia: los piojos no resultan, ni de lejos, tan frecuentes en perros y gatos como lo son las pulgas o las garrapatas.

Además, si el perro Lucas o el gato Travis ya no es un cachorro, no está enfermo, come una dieta equilibrada y completay vive en un entorno limpio, las posibilidades de que se infecte por piojos resultan escasas. El problema: al contrario de lo que ocurre con otros parásitos externos como las pulgas o las garrapatas, el riesgo de que perros y gatos cojan piojos normalmente crece durante estos meses fríos, cuando la temperatura baja y la humedad resulta más elevada.

Foto: Pexels

Foto: Pexels

¿Cómo sé si el gato o perro ha cogido piojos?

Si tu gato o perro empieza a rascarse y frotarse de forma insistente o se arranca penachos de pelo y empiezas a encontrar estas pequeñas bolas de algodón girando por toda la casa, debes preocuparte. A veces se mordisquean la zona infectada hasta el punto de que el pelo de sus patas o de su estómago comienza a clarear. De hecho, los parásitos pueden inducir una reacción alérgica en nuestro amigo peludo que, sobre todo, responde a la saliva del insecto. Todo esto aumenta el picor y el malestar.

En el caso de los mininos, este comportamiento puede desconcertar, puesto que los gatos ya de por sí pasan casi la mitad de sus horas despiertos dedicados a acicalarse para mantenerse limpios. Pero cuando el acicalamiento es excesivo, esta insistencia suele esconder algo más: mientras que a veces oculta un problema emocional, como el aburrimiento o el estrés felino, otras veces encubre una infección de piel o la presencia de parásitos, como los piojos.

Por suerte para nosotros, las liendres que dejan estos insectos pueden distinguirse a simple vista: cuando se pegan al pelo parecen pequeños copos blancuzcos, translúcidos y de forma ovalada, como de huevo. Y normalmente basta con separar el pelo para encontrarlas.

¿Cómo nos libramos de los piojos?

Lo mejor en estos casos es prevenir antes que curar. Para ello, existen pipetas externas completas que repelen y eliminan los piojos, además de atacar otros parásitos como las pulgas, garrapatas y los ácaros. También hay tratamientos orales, muy cómodos porque vienen en forma de pastilla de sabores atractivos, jabones repulsivos e incluso existen los aerosoles insecticidas.

Pero recuerda: el veterinario debe recetar estos productos porque no todos valen para todos los animales y si nos equivocamos podemos causar daño e incluso envenenar a nuestro amigo peludo. Hay que pretar atención doble en el caso de los gatos: los mininos no pueden usar medicamentos creados para perros, ya que muchas veces resultan mortales para ellos. Por eso, lo primero cuando aparece cualquier síntoma es visitar al veterinario.

El doctor de nuestro perro o gato podrá darnos la medicación adecuada para acabar con ella. Y seguramente necesitemos un peine de púas finas para acabar con las liendres: aunque si la infección se nos ha ido de las manos, el veterinario puede aconsejarnos que recortemos el pelo, sobre todo en animales de pelo largo. Con paciencia, los piojos y sus pegajosos huevos acabarán abandonando a nuestros amigos. Y recuerda: si el niño viene con piojos no culpes al perro.

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