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¿Por qué me da por comer dulce cuando estoy con la regla?

La semana antes de la menstruación es la temporada alta de los antojos de dulces.

Darío Pescador

22 de marzo de 2026 22:33 h

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“Aproximadamente una semana o unos días antes de mi periodo, me entran ganas de comer dulces. No me refiero a fruta, sino a galletas, helados, caramelos... Estoy hambrienta. Sinceramente, a veces me asusta lo mucho que como, y nunca me siento bien después”. Esta confesión de una usuaria del grupo TheGirlSurvivalGuide en Reddit es una realidad compartida por muchas mujeres, pero no se trata de excusas o falta de fuerza de voluntad, sino algo que estudios científicos han podido corroborar. 

Los antojos de la regla, una obra en dos actos

Para entenderlo, podemos considerar el ciclo menstrual como una obra en dos actos. En el primero, la fase folicular (justo después de terminar la regla hasta la ovulación), el estrógeno es la hormona dominante. Esta hormona tiene entre otros efectos la supresión del apetito y una sensación de mayor energía, donde la fuerza puede aumentar hasta un 11%.

Sin embargo, cuando tiene lugar la ovulación se entra en el segundo acto, la fase lútea. El estrógeno desciende ligeramente y aparece la progesterona, la hormona cuya misión es engrosar el revestimiento del útero en preparación de un embarazo. Esta es la fase más molesta del ciclo. La fuerza muscular máxima puede disminuir hasta un 23% y aumenta la sensación de fatiga. 

“Las hormonas sexuales no solo están para la parte sexual y los genitales, sino que tienen una función en todo el organismo”, aclara la doctora Miriam Al Adib Mendiri, especialista en ginecología y obstetricia, además de autora del libro Cuando las hormonas se desmadran, editado por Alienta. “Estas hormonas implica cambios en el sistema nervioso, en el sistema inmunológico, en el metabolismo, en todo”, insiste. 

En efecto, durante la fase lútea hay un descenso de la serotonina, lo que provoca los cambios en el estado de ánimo asociados con el síndrome premenstrual. Se calcula que hasta un 75% de las mujeres experimentan algún síntoma del síndrome premenstrual, como dolores de cabeza y cambios de humor. Los casos más graves, denominados trastorno disfórico premenstrual, se reducen a un 3-8% de las mujeres.

Estos casos graves se tratan con cierto éxito con inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (antidepresivos) y anticonceptivos orales. Los tratamientos no farmacológicos como alimentación, ejercicio, terapia, ciertos suplementos vitamínicos y herbales o la acupuntura también pueden ser efectivos.

“Hay una tendencia a querer chocolate porque contiene triptófano, que es el precursor de la serotonina”, explica la ginecóloga Jimena Cantero Piñeiro, del hospital HM Sanchinarro de Madrid. “También más apetencia por cosas más calóricas. Está relacionado con el estrés y el estado de ánimo, como cuando te encuentras cansado o no duermes bien, y buscas cosas que te eleven un poquito el ánimo y la tensión”, añade. 

Hay una tendencia a querer chocolate porque contiene triptófano, que es el precursor de la serotonina. También más apetencia por cosas más calóricas. Está relacionado con el estrés y el estado de ánimo, como cuando te encuentras cansado o no duermes bien

Jimena Cantero Piñeiro ginecóloga

El ciclo menstrual y el metabolismo

En los últimos años se ha podido comprobar que uno de los grandes factores que influyen en los antojos premenstruales es la insulina, que también afecta al cerebro. Esta hormona es conocida por ser la encargada de gestionar los azúcares en el cuerpo. Cuando ingerimos una comida con carbohidratos sube la insulina, que abre las compuertas celulares para que la puedan absorber. Sin embargo, cuando una persona tiene resistencia a esta hormona (prediabetes), la propia insulina no hace efecto, las compuertas permanecen cerradas y el azúcar en sangre sube. Con esto sube la insulina y el cuerpo se pone en modo almacenamiento, acumulando grasa. 

Los experimentos con mujeres deportistas han podido comprobar que en la fase folicular el cuerpo reserva el azúcar y consume más grasa, mientras que en la fase lútea, antes de la menstruación, ocurre al contrario: se quema el azúcar almacenada en el cuerpo y cuesta más quemar la grasa. Al mismo tiempo, hay un aumento del apetito y de la ingesta de azúcares durante la fase lútea. 

“La progesterona es la hormona pro-gestación, por eso se llama así”, comenta la doctora Al Adib Mendiri. “Favorece el catabolismo, es decir, transformar moléculas complejas en moléculas simples para que haya más nutrientes en la sangre. Esto produce una resistencia a la insulina que no es patológica, pero si tú ya tienes de por sí resistencia a la insulina o tienes muy malos hábitos, se acentúa muchísimo más”, añade.

Un estudio publicado en Nature en 2023 corrobora que la fase del ciclo menstrual afecta a la insulina: más sensibilidad a la insulina en la fase folicular y más resistencia a la insulina en la fase lútea, antes de la menstruación. Esto tiene además una lógica evolutiva. La resistencia a la insulina durante la menstruación y después en el embarazo fueron una forma de forzar al cuerpo femenino a almacenar energía en preparación y durante la gestación. 

Aunque no se ha podido establecer una relación de causa-efecto, se ha comprobado que hay una correlación entre sufrir síndrome premenstrual y tener más antojos. Esto también afecta a la calidad de la comida: los estudios indican que las mujeres con síndrome premenstrual consumen menos fruta, menos proteínas vegetales, menos pescado y menos cereales integrales en general, pero más productos refinados y alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares. Esto podría producir carencias de vitaminas, minerales y antioxidantes, que agravarían aún más el problema.

Pero la historia no termina ahí. La inflamación, que es una parte natural del ciclo de la ovulación, podría estar afectando también a la relación con la comida. Un estudio encontró que los niveles más altos de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y la interleucina-6 (IL-6) se asociaban con un mayor riesgo de antojos de chocolate y dulces a lo largo del ciclo.

“Los estrógenos son proinflamatorios, la progesterona antiinflamatoria”, explica la doctora Al Adib Mendiri. “Normalmente en el síndrome premenstrual lo que hay es un déficit de progesterona. Todos los malos hábitos favorecen el síndrome premenstrual, porque, si hay cualquier desequilibrio, si tenemos estrés, el cortisol va a hacer que fabriquemos menos progesterona, porque no estamos para embarazarnos”, aclara.

Los estrógenos son proinflamatorios, la progesterona antiinflamatoria. Normalmente en el síndrome premenstrual lo que hay es un déficit de progesterona

Miriam Al Adib Mendiri ginecóloga y obstetra

Los antojos de dulces parecen ser, como tantas otras, una forma de automedicarse como respuesta a estas alteraciones. Cuando los niveles de serotonina bajan, el estado de ánimo se resiente y aparecen la irritabilidad o la tristeza. Comer hidratos de carbono es una forma de fabricar más serotonina rápidamente, mientras que las proteínas pueden modular su producción. Por eso los antojos son de bombones y galletas, no de pechuga de pollo con ensalada.

Sin embargo, esas chocolatinas pueden agravar el problema. “Cuando hay resistencia a la insulina, si metes azúcares refinados, se produce hiperglucemia, hiperinsulinemia y luego hipoglucemia reactiva [bajada de azúcar en sangre]”, explica la doctora Al Adib Mendiri. “Para el antojo es mejor tomar algo que sea saciante, no azúcares de asimilación rápida, porque entonces entras en el bucle”, recomienda.

Cómo dominar los antojos premenstruales

Una pregunta lógica es si la píldora anticonceptiva puede ser una forma de controlar los antojos, pero la respuesta no es sencilla. La píldora tiende a estabilizar las fluctuaciones naturales de hormonas. Sin embargo, a cambio, se pueden producir aumentos constantes en el apetito o un aumento de los antojos, especialmente con los anticonceptivos combinados que contienen progestágeno. Estas pastillas tienen una combinación de estrógeno y progestina que coloca al organismo en un estado similar al de la fase lútea, cuando se producen los antojos, algo que además puede agravar los trastornos alimentarios como la bulimia. 

“Hay mujeres a quienes les va bien y mujeres a las que les va fatal”, dice la doctora Al Adib Mendiri. “He visto muchas veces en la consulta mujeres que empezaron a tomar antidepresivos después de empezar con anticonceptivos. Muchas de ellas están tratando un efecto secundario del anticonceptivo”. 

Los suplementos de vitaminas son una vía habitual y probada de tratar el síndrome premenstrual, especialmente vitaminas B, calcio, magnesio y extractos de plantas. Aunque hay pocos ensayos clínicos que atiendan al problema de los antojos, uno reciente comprobó que los suplementos produjeron una mejora significativa en síntomas psicológicos como la depresión, la ansiedad o la irritabilidad, pero no en el apetito o los antojos.

“Las vitaminas van más dirigidas a los dolores de cabeza o el cansancio, no tanto a los antojos”, aclara la doctora Cantero. “Ahora hay fármacos nuevos que van más dirigidos explícitamente justo a eso, a disminuir esa necesidad de comer”, añade. Los nuevos fármacos para adelgazar como Ozempic o Mounjaro, que están revolucionando el tratamiento de la diabetes y la obesidad, pueden tener efectos interesantes en este campo. La hormona GLP-1 produce una sensación de saciedad y regula los impulsos de comer en el cerebro. Las personas que las utilizan dicen que reducen además el ruido de la comida, esa sensación de necesitar comer constantemente, y pueden ayudar en la adicción al alcohol, el tabaco y la cocaína. Es una terapia emergente que promete, pero que aún requiere de más estudios específicos para comprobar sus efectos en el síndrome premenstrual.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

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