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El debate presupuestario

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, posa con el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2022, el pasado día 13 de octubre en el Congreso de los Diputados. EFE/Juan Carlos Hidalgo

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En la tradición parlamentaria democrática española, es decir, en la tradición posterior a la entrada en vigor de la Constitución de1978, el Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado dominaba el último trimestre del año. Dicha dominación se escenificaba cuidadosamente. Empezaba invariablemente el último día de septiembre con el depósito del texto del Proyecto de Ley por parte del ministro de Hacienda en el Congreso de los Diputados. Con dicha ceremonia abría el Telediario de la RTVE cuando era la única cadena de televisión y los telediarios de todas las cadenas, una vez que empezaron a emitir televisiones privadas. Lo mismo hacían las diversas emisoras de radio y los periódicos impresos. Durante los primeros decenios de vigencia de la Constitución el Proyecto de Ley de Presupuestos viajaba hasta la puerta del Congreso de los Diputados en un mini bus con centenares de volúmenes. Creo recordar que fue Cristóbal Montoro el primer Ministro de Hacienda que sustituyó el mini bus por un pendrive, haciendo visible el avance tecnológico también en este uso parlamentario.

Esta tradición parlamentaria quedó interrumpida después de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015. Durante estos últimos años o bien no se presentó por el Gobierno el Proyecto de Ley de Presupuestos o  se desvinculó su presentación del calendario fijado en la Constitución. Aunque de manera imperfecta, ya que estamos en noviembre y no en octubre, el Gobierno presidido por Pedro Sánchez parece querer volver a la tradición parlamentaria democrática de los primeros decenios de la Constitución de 1978.

La tradición era importante, no sólo porque el principio de anualidad presupuestaria es una de las piedras angulares del sistema político democrático, sino también porque la escenificación de dicho momento era la más importante manifestación de pedagogía democrática. El principio fundacional del Estado Constitucional, no taxation without representation, se hacía visible cada comienzo del año parlamentario en el último día del mes de septiembre. La voluntad del Gobierno presidido por Pedro Sánchez de volver a dicha tradición democrática, en la forma y en el fondo, debe ser valorada positivamente.

El debate parlamentario del Proyecto de Ley de Presupuestos se diferencia del debate de los demás Proyectos de Ley por distintas circunstancias, algunas de las cuales figuran incluso en la propia Constitución, pero sobre todo, por una que lo singulariza políticamente, aunque no venga exigida ni por la Constitución ni por los Reglamentos Parlamentarios.      

Me refiero a que el debate parlamentario de la Ley de Presupuestos es el único en el que confluyen las agendas políticas en su integridad de todos los partidos con representación parlamentaria. Hay Proyectos de Ley, como el de educación o el de la eutanasia, o el de la reforma laboral…, que ocupan un lugar de privilegio en la agenda política de todos los partidos, pero lo hacen siempre de manera parcial. El Proyecto de Ley de Presupuestos lo hace siempre de manera global. Es toda la agenda política de cada grupo parlamentario la que se ve comprometida en el debate parlamentario del mismo.

En ese debate queda reflejada como en ningún otro, la posición que cada partido político ocupa, o cree ocupar, en el sistema político de la democracia, así como también la relación que lo aproxima o lo distancia de los demás partidos políticos. 

O dicho de otra manera: cada partido político "se retrata". Y lo hace de manera continuada. Desde el momento inicial hasta el momento final. Dicho debate es la mejor fuente de información para los ciudadanos respecto de la forma en que está haciendo uso cada partido del depósito de confianza que recibió a través del ejercicio del derecho de sufragio en las elecciones generales. Cada ciudadano puede comprobar si el partido por el que votó está respondiendo a lo que él esperaba al depositar el voto en la urna o no. O si hay algún otro partido que lo representa mejor. 

La posibilidad de presentar enmiendas a la totalidad con texto alternativo, que tienen que ser discutidas y votadas antes de que se inicie el debate del Proyecto de Ley de Presupuestos del Gobierno, permite a cada ciudadano identificar con precisión y valorar a continuación la ejecutoria del partido al que otorgó su voto en las elecciones. No se empieza discutiendo lo que propone el Gobierno, sino lo que propone la oposición.

Quiere decirse, pues, que, en el debate de los Presupuestos Generales no se examina exclusivamente el Gobierno, el partido al que pertenece el Presidente y los partidos que contribuyeron a configurar la mayoría de investidura, sino también los partidos que están en la oposición sea por la razón que sea y ejerzan la oposición de la forma en que lo hacen.

Se trata de un debate en el que casi nunca se sale igual que se entró. Una vez rechazadas las enmiendas a la totalidad, es prácticamente seguro que el Proyecto de Ley de Presupuestos presentado por el Gobierno acabará siendo aprobado y se convertirá en Ley. Pero el resultado de la votación final no es siempre una derrota para los que la pierden ni una victoria para los que la ganan. 

La forma en que se produzca el debate importa casi tanto como el fondo. Casi siempre ha sido así. Dadas las circunstancias en que nos encontramos, cabe esperar que este año lo sea todavía más.

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Publicado el
2 de noviembre de 2021 - 22:02 h

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