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Andrés Ibáñez reúne en "Un maestro de las sensaciones" 22 relatos delirantes

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Andrés Ibáñez reúne en "Un maestro de las sensaciones" 22 relatos delirantes

Andrés Ibáñez reúne en "Un maestro de las sensaciones" 22 relatos delirantes

Andrés Ibáñez es uno de los narradores más singulares en lengua castellana, con una voz y un estilismo propio. Su mundo narrativo es complejo y lleno de puertas que se abren hacia mundos desconocidos, como sucede en su último libro "El maestro de las sensaciones".

Un conjunto de 22 relatos, algunos largos y otros muy breves, en los que Ibáñez (Madrid, 1961) habla de la identidad, del origen del mundo, de los imprevisible, el poder de lo extraordinario o la falta de atención y toma de conciencia de todo los que tenemos cerca y no vemos, y en el que también hace un guiño a Julio Cortázar, en el cuento "El Oucro", un ser que se alimenta del dolor humano y de todas las cosas que nos atormentan.

"Son cuentos escritos en diferentes etapas de mi vida, y aunque es difícil explicar es como si de la novela gigante que llena mi cabeza, que es una novela mundo se fuera descomponiendo en cuentos y novelas que van saliendo, y algunos tienen elemento en común, claro", explica a Efe Ibáñez, autor, entre otros, de títulos como "Brilla mar del Edén", Premio Nacional de la Crítica.

Publicado por Galaxia Gutenberg, "El maestro de las sensaciones" lleva en su cubierta uno de los dibujos del autor con algunos de los protagonistas de sus relatos, como la niña desnuda tirada en el suelo en medio del bosque, del cuento que abre el libro, "El arte de la novela". Una imagen muy famosa basada en una exposición de fotos en los años 50 que luego fue recogida en el libro "La familia del hombre" que miraba desde niño el autor.

Y un relato que gira en torno a la identidad de una escritora, que también recuerda a Coetzee y su "Elizabeth Costello".

"La identidad es una obsesión de todos los novelistas y de todas las personas: ¿quién eres tú, además de esa persona que está aquí y ahora? ¿eres tú ese cuerpo y ese sexo?", se pregunta Ibáñez en relación a este que también alimenta el cuento de la "La gran Conspiración china", donde un joven aspirante a ser periodista termina siendo una mujer "atractiva y elegante".

"Camila" es otro de los relatos destacados e inquietantes del libro, en el que una mujer, que no sabe quién es, dibujada como una especie de Catwoman, se mueve por la ciudad, por el madrileño Azca; por hoteles de lujo, taxis, a veces desnuda y cubierta solo con un abrigo de pieles, sin saber de dónde viene y adónde va.

También el cuento que da nombre al libro "Un maestro de las sensaciones" resume bien algunas de las obsesiones del autor de "El perfume del cardamomo", "La lluvia de los inocentes" o "La sombra del pájaro lira".

Y en él, Ibáñez, a través de un maestro que interpreta las sensaciones, por muy banales que sean, habla de los que nos perdemos por falta de conciencia como, por ejemplo, algo tan simple como el hecho de comer una cereza en verano o sentir los sabores invisibles.

"Las sensaciones que tenemos son inexplicables -dice el autor- y lo que hace el maestro en este relato es explicarnos lo que está detrás de las sensaciones, que es siempre algo inesperado. Vivimos en un mundo de sensaciones físicas que se convierten en sensaciones de la imaginación. Vivimos en la imaginación, eso es evidente".

"Lo que pasa es que lo que vivimos en la imaginación no lo podemos explicar -continúa- y se queda en sordina, en segundo plano, y lo que saca el maestro es eso que está en sordina para que lo vivamos. Pasamos experiencias de las que no somos conscientes y algunos duras que nos hacen sufrir, pero como no le damos palabra, no nos damos cuenta de ellas".

Un libro que reúne cuentos inclasificables, delirantes, divertidas, inquietantes, llena de mundos que aparece "en una época de miedo a todo lo que no sea real y utilitario", añade Ibáñez.

"Está bien que haya mucho de todo, porque todos somos diferentes y somos millones, pero el problema es cuando una tendencia o estilo tiene que ser el dominante y único, cada lector es único y no se puede estigmatizar.

Carmen Sigüenza

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