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Entrevista

Carlos Marques-Marcet presenta su película más radical: “El cine está en un momento muy conservador, como el mundo”

Carlos Marques-Marcet estrena documental en el Festival de Málaga

Javier Zurro

Málaga —

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Cuando alguien dice la palabra ‘Árbol’, una imagen aparece en el fondo del cerebro del que la escucha. Es una imagen diferente para cada uno. Y en un sentido inverso, cuando uno observa la imagen grabada o capturada de un árbol, dice el nombre que ha aprendido, esa unión de símbolos escritos que han configurado la palabra con la que se enuncia el objeto, ‘Árbol’. Se construye así una relación compleja y mutante entre las palabras y las imágenes, una relación que de alguna forma también está en la esencia del cine, en donde lo que se dice, las palabras que se escuchan, no siempre acompañan a las imágenes que se ven. 

Es en ese juego de significantes y significados, de imágenes y palabras, en el que el cineasta Carlos Marques-Marcet —responsable de películas como 10.000 km o Polvo Serán— se mueve junto al fotógrafo y creador visual Aleix Plademunt en Un arbre és un arbre (Un árbol es un árbol). Es su película más radical y el resultado de 13 años de investigación en más de 20 países, que parte de una viaje al trozo de tierra más virgen del planeta y al árbol más antiguo del mundo para crear un ensayo personal y libre que ha inaugurado la sección documental del Festival de Cine de Málaga.

¿Diría que es su película más radical?

Sí. Ha sido un proyecto muy gozoso en muchos sentidos. El ensayo siempre me ha gustado mucho, esta manera de trabajar con una imagen, con la voz… Este proyecto sale un poco a partir de trabajar con Álex. Nos conocemos hace muchos años, somos amigos. Tenemos procesos creativos y somos muy distintos, pero siempre me importan mucho los procesos con él. De hecho, Álex hizo las fotografías que aparecen en 10.000 km. Siempre estábamos con la idea de hacer algún día algo juntos y hablábamos mucho sobre qué significa hacer una imagen, cómo nos relacionamos con ellas, con el mundo. Partió de una exposición que tuvo Álex e hicimos una instalación para su exposición que hizo en el Museo del Canal.

De alguna forma el documental reflexiona sobre el propio cine, sobre la relación de una imagen con una palabra...

Sí, obviamente hay un cruce ahí. Es un poco mirar el mundo del cine mirando al mundo de la fotografía. Las poéticas del cine y de la fotografía, aunque se parecen en muchos sentidos, también son muy distintas: por razones historiográficas, porque una tiene movimiento y sonido y la otra captura el momento… pero yo creo que también por tradición. Queríamos juntar esas dos miradas y ver el mundo, no a nosotros solos, sino mirar hacia afuera, pensar en cómo miramos. Al final, la pregunta de siempre es cómo miras, cómo escuchas, y me servía para reflexionar sobre lo que hago. Me ha servido mucho para hacer reflexión, porque a veces, cuando rodamos ficción, tienes que estar rodando tan rápido, tienes que resolver muchas cosas y no nos detenemos ni tenemos tiempo para mirar las cosas y pensar cómo encuadrar. Me he dado cuenta de la cantidad de vicios que tenemos a la hora de construir una imagen. Haces un tipo de encuadre que lo tienes interiorizado, pero no te preguntas por qué estoy haciendo ese encuadre.

Imagen del documental 'Un arbre es un arbre'

También se reflexiona sobre la importancia de una palabra.

Álex cuando da clase habla sobre la imagen y sobre la imposibilidad de las palabras de decir todo lo que hay en una imagen. Pero luego te das cuenta de que una palabra tiene muchos significados, dependiendo del propio contexto. Una palabra es una cosa que siempre se mueve. La relación entre palabra e imagen es imperfecta, siempre está rota, y nos interesaba mucho pensar en que la palabra escrita, además, es otra imagen. Jugar con esa idea. Por eso hay tres versiones con la voz en catalán, castellano y en inglés, porque si lees subtítulos estás leyendo y no escuchando, y nos interesaba lo que tiene la palabra hablada, un sonido que induce una imagen mental, y pensar en qué relación hay cuando dices, por ejemplo, ‘árbol’, con la imagen que viene a tu cabeza cuando se dice. 

¿Cómo este proyecto y estas reflexiones le han servido como director?

En muchos sentidos. Llevamos desde 2020 con él, y creo que en Polvo serán ya hay un salto de calidad a la hora de crear imágenes. Creo que no hubiera podido hacer Polvo serán sin estar haciendo a la vez esta película en los tiempos de espera. Hay una manera de mirar, de encuadrar, de pensar qué es lo que estás filmando hasta cosas muy sencillas, pensar qué dejas fuera o dentro de un encuadre… creo que el poder estar trabajando mano a mano con Alex, que se pasa tanto rato pensando en cosas que parecen simples, pero que no lo son para nada y tienen sus complejidades, a mí me ha ayudado mucho.

Te hace replantearte qué estás diciendo. Porque el problema a veces es que nos metemos en el sistema de producción que requiere un guion. Un guion que al final es para financiar una película. Te pasas tanto tiempo con las palabras escritas, y cuando te pones a hacer imágenes, muchas veces lo que haces es buscar imágenes de otras cosas, referencias. Quería, de alguna manera, intentar mantener ese espíritu crítico del ojo, de lo que ves y de lo que oyes también. Y aunque estés rodando una cara de un actor, era también reflexionar sobre lo que hacemos.

Te pasas tanto tiempo con las palabras escritas que, cuando ruedas, lo que haces es buscar imágenes de otras cosas, referencias. Quería intentar mantener ese espíritu crítico del ojo

Carlos Marques-Marcet Cineasta

Ha mencionado los sistemas de producción, ¿cómo encaja una película como esta en la industria del cine y el audiovisual actual?

Está un poco fuera de todos los ámbitos. Es una pena, porque tú lo piensas y ves que hay muchos escritores que admiro, que a la vez están escribiendo ensayos sobre temas muy variados. Incluso un escritor como Julian Barnes, que es un escritor que me encanta, que hace ficciones increíbles, luego se toma su tiempo para hacer muchos ensayos, para pensar ciertas cosas. Es algo muy entendido y aceptado, pero en el cine parece que está últimamente todo muy cerrado. Incluso en festivales concretos que antes eran espacios donde había espacio para películas como esta. Veo que está todo muy conservador, y no hay propuestas que no se enmarquen dentro de ciertos parámetros de la ficción, que a mí me gusta y me encanta. Pero que no haya un espacio para enseñar en salas ese otro cine es una cosa que me da un poco de pena. Yo creo que con nuestra película al final sí que conseguiremos algunos cines y que tendremos una distribución.

El cine se ha nutrido mucho de experiencias muy distintas y creo que justamente ahora está en un momento muy conservador, como el mundo entero. Pero yo creo que se va a intentar seguir haciendo estas películas, intentar abrir vías que no esperamos. Por eso para nosotros era importante ir a enseñar esta película en Málaga. Era decir, 'vamos a enseñarla en estos espacios donde quizás no siempre está', y ellos han tenido ganas de apostar por la película y me parecía muy importante intentar abrir espacios.

¿Que no existan películas así acaba perjudicando a todos, estrecha el campo?

Ojo, no digo que no existan, digo que es muy difícil que tengan lugares de exhibición. Quizás hace unos años sí que hubo un cierto movimiento, pero mucha de la gente que empezó haciendo cierto tipo de películas luego ha acabado haciendo otro tipo. También es muy difícil, porque obviamente son películas difíciles de sostener en muchos sentidos y que haces por las ganas de hacerlas y por amor al arte, no por un rendimiento económico. Es que a mí el cine de Michael Snow o de Stan Brakhage me ha marcado mucho, ha sido muy importante para mí, y creo que el cine, si no hay espacios para maestros como ellos… si no podemos encontrar esos espacios es muy difícil. Y obviamente yo lo digo porque tengo la suerte de poder también trabajar en otro tipo de cine y poder hacer cosas también para plataformas que me permiten subsistir. Porque estar con una dedicación total para este otro tipo de cine es muy complicado.

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