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Opinión - El oasis habita hoy en Euskadi. Por Esther Palomera

Una declaración de amor al cine a través de las películas cutres

Una imagen del 'Star Wars' turco

Alberto Monreal

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Se levanta el telón para la undécima CutreCon, organizada en Madrid desde la pasión al cine más casposo, delirante y ridículo. En esta edición, el festival se ha consolidado con una identidad que se ha fortalecido en los últimos años. Para esta ocasión se ha incorporado una sección oficial a concurso, se han programado sentidos homenajes al cine de monstruos destroza-maquetas, tales como dinosaurios y kaijus, y se ha previsto el estreno, en primicia, de la película recuperada New York Ninja, rescatada desde un trabajo de arqueología trash que reconstruye su kung-fu de serie B a partir de los negativos originales sin editar. Además, se ha lanzado una mirada cariñosa al cine de Wakaliwood, realizado en el barrio de Wakaliga, Uganda, donde todos los vecinos trabajan para grabar quizá no el mejor cine de acción de la actualidad pero sí el que le echa más ganas.

CutreCon procura rodear las películas con algo más que cine, programando vitamínicos combos de película más documental aderezadas con numerosas charlas con los protagonistas de sus historias. Más allá de la cinematografía, caracteriza a este festival su público, una audiencia que convierte en un diamante toda la 'basura' que se le vomita. El público se defiende gritando a la pantalla, haciendo chistes, realizando juegos, cualquier cosa que haga la película soportable.

El director del festival, Carlos Palencia, lo tiene claro: “El público es un elemento imprescindible. Esto es de perogrullo, pero en un festival como el nuestro, el público es el que acaba haciendo divertidas las películas. Muchas ya son divertidas per se, pero si a eso le añades 500 personas jaleando, animando, participando con chascarrillos, insultando a la pantalla o aplaudiendo las canciones, se crea una catarsis, una sensación de comunidad y un ambiente festivo en la sala”.

Palencia recuerda que cuando visitó el festival Greg Sestero, protagonista de la película de culto dentro del cine de serie B dirigida por Tommy Wiseau The Room, dijo que ver una película allí era como “ver un partido de fútbol”. “Dijo: 'Madre mía el público español', no había visto nada igual, y eso que en las proyecciones de The Room también se lía, pero a los españoles para gritar y para liarla no nos gana nadie”.

El boom del cine cutre

28 películas, cuatro sedes, numerosos invitados, la CutreCon parece crecer exponencialmente al mismo tiempo que el culto al cine cutre se va expandiendo a través de internet. En una de las primeras proyecciones de esta edición, que ha comenzado el pasado 23 de febrero en diferentes sedes de Madrid, nada más aparecer el logo de la CutreCon XI alguien gritó “¡Cutreconchi!”, y así se ha quedado el nombre de la muestra para todas las películas programadas.

El nombre de moda en el festival es “Ramón”, al que se alude continuamente, sobre todo por lo asombroso que resulta que este nombre tan castizo sea precisamente también el nombre de la productora del cine de Wakaliwood: Ramon Productions. Es habitual ver a la gente levantarse de las butacas a bailar, dar palmas o alzar las manos implorando a la pantalla gritando “why, Lisa?” (una referencia a la mencionada The Room), al atormentando y pobre John Liu, funesto actor de la extraordinariamente mala New York Ninja.

“El cine tiene ya más de cien años de historia, estamos en 2022, en las nuevas generaciones, más estudiantes han visto The Room que Ciudadano Kane, no sé hasta que punto es esto bueno o malo, yo creo que las nuevas generaciones son nativos digitales y este tipo de películas se han viralizado por internet. Ciudadano Kane sigue siendo un clásico de la historia del cine, a mí me parece un peliculón indiscutible, pero The Room o Birdemic, son películas que han sido viralizadas y les han acompañado en redes sociales”.

Segunda oportunidad para las viejas películas ochenteras del videoclub

¿Que sería de estas películas si festivales y fans no las rescatarán? ¿Cuál sería el destino de esas explotation italianas que inundaban las vitrinas de los videoclubs ochenteros? El festival CutreCon rescata del olvido y reformula las películas que expone. El significante es el mismo, pero el entorno ha cambiado, por lo que el sentido de estas películas se trastoca para regocijo de todos, incluido el director: “Pongo el ejemplo de Steven E. de Souza, guionista de La jungla de cristal, que tuvimos la osadía y valor de invitarle a la CutreCon porque sabíamos que era alguien que sabía mucho de cine y no tenía reparo en reírse de sus tropiezos. Cuando le llamamos, creía que lo hacíamos para hablar de Jungla de Cristal, pero no, lo hacemos para hablar del mayor fracaso de tu carrera, Street Fighter, e inmediatamente nos dijo que sí, que estaba harto de hablar de La jungla de cristal, y que le parecía maravilloso que alguien le llamara para hablar de Street Fighter y poder desahogarse, ¡fue increíble! Nos dio una hora de coloquio hablando de las miserias del rodaje”, se emociona Palencia.

Las anécdotas detrás de los rodajes, más alucinantes que las películas

La CutreCon XI ofrece además un amplio abanico de actividades alrededor de las películas. Este año hay numerosas charlas con algunos de sus protagonistas, entre ellos el estimable Alan Hofmanis, un neoyorkino al que le dejó su pareja el día que le ofreció casarse con él. Perdido, sin rumbo, tomó una decisión que cambiaría la historia del cine en Uganda, lo dejó todo y se fue a conocer ese director del barrio de Wakaliga que hacía esas películas tan refrescantes. Ese no era otro que Isaac Nabwana, director sin complejos que alumbraba películas de alto voltaje para la casa de la cultura de su barrio. Juntos pusieron a Wakaliwood en el mapa de las locuras cinematográficas más excepcionales que se recuerdan. “Estas películas logran algo que siempre es muy difícil, que es tener ese punto autoconsciente. Las mejores películas cutres como Birdemic, son aquellas que salieron mal sin querer. Wakaliwood quiere rodar acción de verdad, hay actores que saben artes marciales que te quedas sorprendido, pero como están rodadas sin presupuesto resaltan las carencias a propósito. Ayuda muchísimo la voz en off que hay en estas películas, siempre hay una pista de audio, con una persona haciendo chascarrillos sobre la película, mofándose, que es uno de los habitantes del mismo Wakaliga, y destaca los errores. Hay una doble lectura mientras lo ves, es en la actualidad el cine cutre más divertido que se rueda actualmente”.

El premio Jess Franco, que el festival otorga a alguien que haya hecho “una gran labor difundiendo el cine cutre” es este año para Isaac Nabwana, “quien en poco más de diez años ha creado una pequeña industria de la nada, y cuando decimos de la nada decimos de la nada, son películas de 200 dolares, simplemente se compró una cámara y las monta en un ordenador con piezas que se encontró en los vertederos, las grúas que utilizan, las hacen todas con piezas de coches usados, o sea que hacen de la nada toda una industria de cine de acción que además económicamente les está haciendo salir adelante a todo este pueblo de Wakaliga, y se venden el blu-ray en EEUU y se habla de ellos en todo el mundo. A nadie mejor que a él le podemos entregar este premio”, valora Carlos Palencia.

Cine malo para todos los gustos, incluido el bueno

La oferta de la CutreCon abarca todas las modalidades posibles. El cine autoconsciente e iconoclasta que sabe que es malo, pero que trata de divertir y hacer pasar un buen rato, como por ejemplo la película estadounidense en concurso oficial, Crabs. Las hay también sin reparos, que tienen tal desvergüenza que no atienden ni a derechos de autor ni a ninguna mínima regla fílmica, como por ejemplo la llamada Star Wars turca, protagonista de una de las noches más esperadas del festival, la Turksploitation. “El Star Wars turco, si no la has visto, te va a cambiar la vida. ¿Esto se ha estrenado en los cines en Turquía en los años 80 y la gente iba a ver esto? Que no es una película que han grabado cuatro colegas en un descampado, es una película comercial de verdad, yo no sabía que el cine cutre podía llegar tan lejos”, advierte Palencia.

También hay películas fallidas de buenos directores, películas que manchan el curriculum de tal manera que todo se ve negro. Es el caso de las dos obras del director italiano Sergio Martino. “Martino es buen director. Él estaba encantado de que un festival de cine que le invite para hablar de esas explotations que hizo en los 80. Recordamos que Martino rodó giallos de muy buena calidad como Torso, es un director bastante competente”, señala. De él se van a proyectar 2019 después de la caída de Nueva York y Destroyer, dos películas “muy fallidas, muy ridículas pero tienen un ritmo, un sentido del entretenimiento, un montaje que no para, se nota que hay un director ahí atrás que en todo momento se está dedicando a divertir al público”.

La tremenda historia del director gallego Toñito Blanco también tiene su espacio, con la proyección de la icónica La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos y del documental dedicado a su figura y obra Toñito Blanco só, perdido e vicioso. El público celebra cada derramamiento de sangre gratuito que hay en escena, algunos estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, donde se realizan las primeras proyecciones del festival, se acercan con curiosidad al evento, otros huyen en mitad de la oscuridad. La platea, dolida, les grita a todos con un sonoro “¡cobardes!”. Silvia Superstar y el codirector Ricardo Llovo cuentan anécdotas celebradas con regocijo por el público. Resulta tremendamente divertido descubrir que la película más bestia de aquel momento fuese rodada en un pueblo en plenos festejos de Semana Santa. Se cayó de la mesa en ese momento un dinosaurio de juguete de la mesa de los ponentes, una broma macabra después de la proyección de una película de muy mala calidad, machista, misógina y racista titulada The Last Dinosaur, una aberración fílmica que hizo a los asistentes cantar y jalear las terribles melodías de la banda sonora de la película, más que nada porque ya no se soportaba el filme.

También hay espacio para el apodado “John Wick asturiano”: Eduardo Castejón y su JL detective, muy fan de la serie Narcos, Corrupción en Miami o Fast and Furious. “Se dijo 'voy a rodar una serie de acción, rodamos un pilotito y a ver si alguna cadena lo compra'. Lo pasaron tan bien que empezaron a rodar sin saber si lo iban a vender a alguna cadena, sin medios, pero con mucha pasión” y al final realizaron dos temporadas de diez capítulos de una hora cada una, que no han podido vender. “Pero tiene un sentido de la diversión, que nosotros cuando lo vimos dijimos, 'habrá salido mal, pero lo bien que se lo han pasado' y eso es digno de admiración. Creo que van a tener más éxito a través de la CutreCon que si hubieran llegado a alguna plataforma de streaming o alguna televisión”, opina el director de la muestra.

Nos reímos con la película, no de la película

Basta un solo acercamiento al ambiente del festival para darse cuenta que más allá del ambiente jocoso generalizado que se destila una admiración sin límites hacia la creación sin complejos, al impulso creativo y a la magia del cine. Todos, artistas, público y programadores, parecen alcanzar un acuerdo tácito en el que las miserias de la vida no lo son tanto mientras haya un divertido dinosaurio de cartón en la pantalla. Putin acaba de invadir Ucrania, pero en la CutreCon todo es una burbuja de transformación en el que tomarse las cosas en serio no es posible. “A quien nos acusa de reírnos de los autores de las películas les decimos que no es cierto. Muchas veces a mí me generan admiración, gente que sin dinero, sin saber hacer cine, ha dicho: '¡pues a mí me gusta el cine!', me voy a lanzar a hacer una película, y ande yo caliente ríase la gente, y que sea lo que Dios quiera. Eso es super admirable”, concluye.

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