Nadav Lapid, cineasta israelí: “No estoy en contra del boicot cultural, pero si solo haces eso es un gesto inútil”
“Quién iba a pensar que la valentía iba a ser decir que sí”. Es una de las reflexiones que, medio colocado, se dice a sí mismo el protagonista de Yes (Nadav Lapid, 2025), una película que sigue la vida de una pareja de artistas “bien conectados” en el Tel Aviv posterior a los atentados del 7 de octubre de 2023. Un músico de jazz y su mujer, profesora de baile, deciden decirle que sí a todo lo que les pidan los altos mandos. Vender su cuerpo, su arte, su todo, a la élite social, política y militar de Israel. Actúan en fiestas decadentes para generales multimillonarios, lamen lo que se les pida, aceptan insultos y sonríen y se ponen hasta las orejas con la música muy alta mientras de fondo (y no tan fondo) caen las bombas y asesinan a civiles. Decir que sí a todo como forma de sobrevivir. También, claro, a una misión que, les dicen, les dará mucho dinero. Él ha sido designado para componer la banda sonora de un nuevo y brutal himno nacional. Una oportunidad que, piensa él, a nadie se le ocurriría rechazar.
Esta es la premisa de Yes!, el último trabajo de Nadav Lapid (Tel Aviv, 1975), una sátira provocadora, visceral y excesiva sobre el papel del artista y el individuo en medio de la violencia contemporánea. Lapid presenta a unos protagonistas que optan por sucumbir al sistema que los rodea y así prosperar a su servicio, dejando de lado cualquier cuestionamiento moral. Un ataque a Israel hecho por un cineasta israelí, que se atreve a criticar la actuación de su país y la masacre en Gaza.
La cinta, candente como una bomba de relojería, se estrenó en Cannes en 2025 y en la 70 Semana del Cine de Valladolid (Seminci), donde se alzó con el galardón al mejor montaje, aunque no ha llegado a las salas comerciales en España. Igualmente, fue sujeto de un boicot en la pasada edición del Festival International de Cinéma de Marseille (FID), donde el propio Lapid renunció a asistir como jurado tras recibir presiones por parte de otros cineastas programados en el festival debido a su origen nacional.
Una llamada al boicot que se materializó en amenazas a los patrocinadores y en la retirada de una decena de películas del festival, de las alrededor de 120 programadas en su edición 37. En consecuencia, fue él mismo quien decidió anular su presencia, aunque el festival emitió un comunicado juzgando “totalmente injustificado” considerar a un cineasta responsable o culpable de “la política racista, colonialista y genocida llevada a cabo por el Gobierno de su país”.
“Me han amenazado muchas veces a lo largo de mi vida en mi propio país, estoy acostumbrado, y puedo entender perfectamente que haya gente que odie mi película”, cuenta Lapid en conversación con elDiario.es para añadir que él opina que torpedear películas es traicionar el rol de quien tiene que acercar a los espectadores al cine contemporáneo. “Yo no estoy en contra del boicot cultural, pero en el momento en el que solo te involucras en este tipo de cuestiones es el algo ridículo: no veré esta peli, este espectáculo o no leeré este libro. Ok, pero eso es un gesto inútil, vago, muy liberal y dentro del capitalismo consumista del espectáculo”, critica el cineasta para señalar que ese tipo de actos, a gente como Netanyahu, les parece poco más que un alivio cómico.
“En lugar de ejercer presión internacional, crear sanciones, boicots a la economía israelí, al tráfico de armas, a la industria o al deporte de alto rendimiento, por ejemplo, nos estamos esforzando en debates absurdos sobre películas como Yes, y así no se puede hacer un impacto real en la situación tan terrorífica que se está viviendo en Palestina”, argumenta el artista quien también ha criticado la no llegada a las salas de películas como la suya en nuestro país.
En lugar de ejercer presión internacional, boicots a la economía israelí o al tráfico de armas, nos estamos esforzando en debates absurdos sobre películas
“Eso es algo que no tiene nada que ver con el cine, sino con la cobardía de las distribuidoras españolas. Y digo cobardía porque, muchas veces, no se trata de una posición política. No les importa Israel, Gaza, Palestina ni nada de eso. Solo les importan ellos mismos y su negociado. Y tienen miedo”, sentencia. Yes, que no ha llegado a los cines, sí ha llegado a Filmin, y forma parte de la programación de la última edición del Atlántida Film Fest, pudiendo verse en su edición online en la plataforma desde este 24 de julio hasta el próximo 24 de agosto.
Una crítica a Israel con dinero israelí
Nadav Lapid es un director conocido por sus críticas feroces al país que lo vio nacer. Es autor de obras como Policía en Israel (2011), que ganó el Premio del Jurado en Locarno; La profesora de parvulario (2014), estrenada en la Semana de la Crítica de Cannes; y Sinónimos (2019), sobre un hombre que huye de Israel a París convencido de haber nacido en Oriente Medio por error, ganadora del Oso de Oro en la Berlinale. Su penúltimo trabajo, Ahed's Knee (2021), es una película sobre la rabia y sobre un cineasta que se enfrenta a la censura cultural del gobierno israelí, con la que obtuvo el Premio del Jurado en Cannes.
Es de extrañar que Yes, una feroz crítica a la alta sociedad israelí, cuente con fondos de su propio país. “Para mí, era una película que tenía que rodar con urgencia desde que pasó lo del 7 de octubre. Se convirtió en algo necesario, quizá en lo más esencial que he hecho en toda mi vida”, explica Lapid. Y rodar en, y sobre, un país en guerra no es nada fácil.
“Lo más difícil, quizá, fue la financiación. La falta de coraje de las instituciones europeas, públicas y privadas, que tenían miedo de que la película fuera muy crítica con Israel. Instituciones que se hacen llamar a sí mismas pro palestinas”, explica el director, achacando esa falta de coraje al no haber recibido ningún apoyo económico por parte de Europa. El apoyo a la cinta era como “jugar con fuego”. “Y lo era, creo que es una película que arde. Pero para eso está el cine, para mostrarte el fuego. Sobre todo cuando hay fuego”, continúa.
El dinero, entonces, le vino del Israel Film Fund, una institución pública dirigida por Noa Regev. “Ella fue muy valiente apoyándonos, nos consiguió en torno al 10% de nuestro presupuesto y, gracias a que muy poca gente leyó el guion, pudimos filmar la peli con discreción”, explica el israelí. “Queríamos ocultar la cinta a los mayores representantes institucionales porque teníamos miedo de que nos echaran para atrás el proyecto”, explica. No hablaron con ningún periódico y no permitieron a nadie hacer fotos durante el rodaje. “Hicimos todo bajo cuerda, con muchísima discreción”, sentencia.
Cuando la película, por fin, salió a la luz, la recepción en su país fue la esperada. El ministro de Cultura israelí, cuenta Lapid, les criticó duramente. Pero la peli ya estaba hecha. Yes ha sido comparada por la crítica profesional con La Zona de Interés (2023, Jonathan Glazer) por tener la misma temática (un genocidio) y por poner el punto de vista no en las víctimas, sino en quien pretendían hacer vida normal justo al lado. En la sociedad que lo premia y permite. Pero Lapid señala una diferencia esencial con la película de Glazer; el está retratando el genocidio en Gaza a tiempo real, mientras ocurre. “Imagina qué hubiera pasado si Jonathan Glazer hubiera rodado La zona de interés en el 44 o 45”, apunta Lapid.
Las bombas, las escenas de la franja de Gaza iluminada a ratos por los destellos del impacto no son atrezzo, son reales. Lapid mete en su ficción los trozos de realidad de una guerra que estaba ocurriendo justo al lado. Y también mete música y ritmos pop del ayer y del hoy. Porque uno se puede asomar a la muerte mientras baila el Aserejé, la nueva pieza de electrónica de moda o le pregunta cosas de tu día a día a ChatGpt. “Es como montar una fiesta enorme en la boca de un volcán activo o una orgía sobre una pila de muertos”, ejemplifica el artista para señalar que la vida, nuestra vida actual dominada por las pantallas mezcla los fogonazos del horror con el día a día de la cultura pop. “La realidad es extrema, por eso mi película también lo es; un minuto estamos viendo bombardeos en Gaza y, al siguiente, en nuestra pantalla está lo nuevo de Shakira”, zanja.
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