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Globos de Oro

Steven Spielberg y Martin McDonagh triunfan en unos Globos de Oro que limpian su mala conciencia

Steven Spielberg posa con sus dos Globos de Oro por 'Los Fabelman'

Javier Zurro


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Los Globos de Oro han estado un año en el rincón de pensar. Hollywood les castigó por su falta de diversidad, por las acusaciones de soborno y hasta de acoso. La cadena que los emitía, la NBC, canceló su emisión y actores como Tom Cruise devolvieron sus premios. En 2022 no hubo ceremonia. No hubo la mil veces llamada ‘antesala de los Oscar’. Los premios se dieron en Twitter desde la cuenta oficial, pero ningún actor que lo ganó el año pasado puso ni un tuit de agradecimiento. Ganar hace un año en Globo de Oro era motivo de vergüenza, pero Hollywood demostró que lo que mejor se le da es ser hipócrita. 

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Un año después todo volvió a la normalidad. Dio igual que solo hayan entrado seis miembros negros en la Asociación de Prensa Extranjera, o que en sus nominaciones se olvidaran de las dos películas que abordan de forma frontal el Me Too o la cultura de la violación (Al descubierto y Women Talking). No importó que volvieran a olvidarse de las mujeres (ni rastro de Sarah Polley). Hollywood aceptó las disculpas de los Globos de Oro y todo volvió a ser como antes. Eso sí, no se atrevieron a premiar a Brendan Fraser, el actor que acusó al expresidente de la asociación de acoso y que se negó a ir a la gala. Su increíble interpretación en La ballena era una de las favoritas, pero para evitar el ridículo prefirieron dárselo a Austin Butler, la estrella de Elvis.

Los Globos de Oro de esta edición mostraron que no podían seguir como hasta ahora y entre sus galardonados se vio, por primera vez, una diversidad que todavía no se había sentido. Se notó pronto, cuando los dos primeros premios que se dieron, actor y actriz de reparto, fueron para Ke Huy Quan, por Todo a la vez en todas partes y Angela Basset, por Black Panther: Wakanda Forever. Ambos son los favoritos para el Oscar, y la Asociación de la Prensa Extranjera lo tenía fácil, seguir la tendencia de los galardones entregados hasta ahora y a la vez mostrar al mundo que no son los mismos que premiaban a actores blancos y americanos.

Eso sí, a la hora de elegir a la Mejor película de comedia prefirieron premiar Almas en pena de Inisherin que a Todo a la vez en todas partes, uno de los fenómenos del año que se conformó con dos premios de interpretación. Por su parte, el filme de Martin McDonagh se llevó el de Mejor película, mejor guion y Mejor actor de comedia para Colin Farrell. El cómico Jerrod Carmichael fue el que tuvo la complicada papeleta de presentar esta edición. Cumplió con unas cuantas bromas acertadas, aunque su primer monólogo fue errático y se basó en justificar por qué había decidido presentar la ceremonia subrayando que es el primer presentador negro de la historia de los Globos de Oro, a los que acusó de no haber hecho casi nada hasta ahora. 

“Estoy aquí por negro, esta asociación no tenía ni un miembro negro hasta que murió George Floyd. De pronto te invitan a ser la cara negra de una organización blanca, el primero en 79 ediciones”, comenzó diciendo. “Sea cual sea el pasado de los Globos de Oro, estamos aquí para celebrar una industria que merece tardes como esta”, dijo y zanjó en una frase la polémica. Para el recuerdo algún chiste como cuando sacó tres Globos de Oro y dijo que eran los que había devuelto Tom Cruise el año anterior para luego atacarle por su pertenencia a la cienciología.

Ke Huy Quan protagonizó pronto uno de los momentos más emocionantes de la noche al recoger su premio por Todo a la vez en todas partes. El mítico Tapón de Indiana Jones y el templo maldito comentó que llevaba 30 años sin hacer nada hasta que los Daniels le llamaron para uno de los fenómenos del año. “Mis padres me enseñaron a ser agradecido y aquí está la persona que me dio la primera oportunidad. Gracias Steven Spielberg”, dijo el actor asiático, que levantaba el primer Globo de Oro para el filme. Después haría lo mismo su compañera Michelle Yeoh, que ganó el de Mejor actriz de comedia y reivindicó a las actrices que cumplen años y mandó callar a la música que le indicaba que apretara el ritmo con su discurso.

Spielberg no solo fue nombrado por el actor de Indiana Jones, sino que fue el otro gran ganador de la noche. Su película autobiográfica, Los Fabelman, logró el premio al Mejor drama y al mejor director. Spielberg se mostró emocionado y reconoció que hasta ahora no había tenido el coraje de contar su historia, aunque la había diseminado en todos sus filmes. Fue la pandemia, el miedo a no poder contar más historias lo que hizo que se decidiera por hacer este filme que le pone de nuevo en la estela de los Oscar. Los Globos resultaron ser un oximoron, unos premios que fueron diversos en las categorías interpretativas, pero que al final premiaron las películas de dos directores blancos y angloparlantes.

La gran favorita en la categoría de Mejor actriz dramática no falló. Lo de Cate Blanchett en Tar es tan apabullante que no podía perder. Una interpretación tan compleja y llena de matices es imposible de ignorar y el Globo fue para ella. Blanchett no acudió a la gala. Quien sí apareció, como en todas las ceremonias de EEUU del último año, fue Zelenski, esta vez presentado por Sean Penn. El presidente ucraniano que realizó un speech en el que mostró optimismo ante el curso de la guerra y aseguró que Ucrania impedirá una tercera Guerra Mundial.

Una de las sorpresas más agradables de la noche fue la victoria de Argentina, 1985 en la categoría de mejor película de habla no inglesa. La favorita era RRR, el fenómeno indio que no puede optar al Oscar y que tiene una legión ingente de fans. Por suerte, los Globos de Oro pusieron algo de lógica y le dieron el premio a la excelente película de Santiago Mitre sobre los juicios a la dictadura argentina. Un filme que emociona y que en España, donde el franquismo nunca fue juzgado, da hasta envidia. Santiago Mitre recordó que hay que seguir luchando y defendiendo las democracias mientras que Ricardo Darín se acordó del mundial ganado por Argentina. RRR no se fue de vacío, su Naatu Naatu ganó el Globo a la Mejor canción original. Guillermo del Toro, por su parte, ganó el premio a la Mejor película de animación por su versión en stop motion de Pinocho.

El premio honorífico fue para Eddie Murphy, que recogió el Cecil B DeMille para dejar casi como colofón final el mejor chiste de la noche al recordar los consejos que le dieron para triunfar en Hollywood: “Pagar tus impuestos, tener la cabeza bien puesta y sacar el nombre de la esposa de Will Smith de tu jodida boca”, dijo citando la frase exacta que Smith dijo hace un año tras darle un bofetón a Chris Rock.

El único premio para la excesiva y fantástica Babylon fue para su espectacular banda sonora, creada por Justin Hurwitz, el mismo que creó una composición inolvidable en La La Land que aquí vuelve a sorprender y que ya lleva cuatro Globos de Oro. Su discurso fue, sin duda, uno de los mejores de la noche reivindicando la escuela pública y la enseñanza de las artes y la música en ellas. Poco premio para una de las obras más arriesgadas de Hollywood este año como poco premio tuvo TAR, que se tuvo que conformar con el de Blanchett a pesar de ser la mejor de todas las nominadas. Pero así son los Globos de Oro, unos premios que este año debían demostrar que habían cambiado y que quieren sobrevivir en una industria donde los premios cada vez importan menos, pero que a la hora de dar los premios importantes volvieron a sus andadas.

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