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Laurent Garnier: “No me parece que comparta profesión con Martin Garrix”

Laurent Garnier: "No me parece que comparta profesión con Martin Garrix"

EFE

Calvià —

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Pionero de la música electrónica desde finales de los años 80, cuando asistió a la explosión del “acid house” en Mánchester, el DJ francés Laurent Garnier es una autoridad con 30 años de experiencia tras los platos que habla claro sobre el pasado, presente y futuro del género, de Martin Garrix a Rosalía.

“No me siento vinculado a la escena EDM. Lo que yo busco con mi música es tocar a la gente y ser tan honesto como pueda con lo que pincho. Es una cuestión de compromiso. Por eso no me parece que comparta profesión con Martin Garrix, por dar un ejemplo”, destaca en una entrevista con Efe antes de su actuación estelar en el Mallorca Live Festival, junto a Jamiroquai, Two Door Cinema Club y Amaia.

Garnier (Boulogne-Billancourt, 1966) no cree que el importante estatus adquirido en los últimos años por “algunos” de sus colegas sea extensible a todos los DJ.

“Ningún DJ es más popular que Beyoncé. Es cierto que algunos se han convertido en estrellas del pop y funcionan como estas, pero yo no me veo así”, insiste, antes de volver sobre las diferencias entre un artista de su perfil y Garrix, a propósito del documental “What we started” de Netflix, que el joven holandés comparte con el veterano Carl Cox.

En él, rememora, hay un momento en que este le cuenta al primero que el set más largo que ha dado nunca fue de diez horas. “¿Pero pinchas las mismas canciones durante todo ese tiempo?”, replica con inocencia el que fuera considerado DJ número 1 del mundo en 2016, cuando solo tenía 20 años.

“Ahí se ve la diferencia con un tío como Cox, que puede pinchar cualquier género, porque es un DJ completo. Cuando Martin pincha sus canciones, es más como un show de música pop, aunque tenga que repetir los temas una y otra vez. Más que un DJ, es un artista para el entretenimiento”, opina Garnier, identificado con la generación de los que pinchaban “en clubs sin parar hasta el amanecer”, proclama.

En su caso, la sesión más larga de música que ofreció nunca fue una de 12 horas en el Yellow Club en Tokio. Se fue a acostar un sábado por la mañana y el lunes por la tarde volvió a la cabina.

El de Laurent Garnier fue un nombre que comenzó fraguarse a finales de los años 80, cuando desembarcó en Inglaterra, especialmente en The Haçienda, el célebre club de Manchester que se considera “una de las mechas” de la eclosión del “acid-house”.

“Fue realmente increíble durante dos años. Traían DJ invitados de América y todo se desencadenó. Sin embargo, terminó convirtiéndose en una pesadilla por la cantidad de dinero que generó, afloraron muchas bandas alrededor y eso vino acompañado de drogas y cosas así”, recuerda.

Para él, no obstante, “no porque algo se haga más grande, pierde lo que le hace especial”. “Cinco años más tarde había 200.000 personas bailando en las calles de Berlín y eso era increíble”, subraya este músico, para quien es fundamental la globalidad.

“Yo no me considero un DJ francés, más bien un europeo total. Francesa sería en todo caso mi parte 'disco', porque esa música tuvo un gran impacto en mi juventud, cuando acompañaba a mi hermano a clubs gays. Pero sin música alemana como Kraftwerk o sin la inglesa de New Order, incluso sin la africana, no sería lo que soy”, explica.

Sí señala sin embargo su país como uno de los lugares destacados ahora mismo en la escena electrónica mundial, junto a Alemania -“especialmente por su manera de entender la cultura de club”, alega-, Bélgica, Holanda y algunos puntos de España... pero no Ibiza.

“Dejé de ir hace 6 años. Ya no me sentía cómodo, porque se convirtió demasiado en un negocio. Las dos últimas veces que pinché allí no puedo decir que lo pasara muy bien y, como no realizo muchas actuaciones al año, prefiero concentrarme en los puntos donde veo que algo se mueve entre el público. En Ibiza me sentía como en un Disneyland de clubs”, argumenta Garnier, ante su retorno a las Islas Baleares esta semana.

Hablando de España, resulta inevitable preguntarle por el último fenómeno de la electrónica global, Rosalía.

“Mi trabajo es escuchar música, tanta como puedo. Hay mucha gente haciendo cosas interesantes ahora mismo en el mundo. Lo de Rosalía tiene calidad y es fresco, pero no creo que esa mezcla de flamenco y electrónica vaya a ser una revolución o el futuro de la música”, cree, confiado aún así en un pronto relevo a 30 años de “techno” y “house”.

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