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Feria del libro de Madrid 2014: bien para editores, regular para libreros

La Feria del Libro de Madrid ha aumentado en un 5 por ciento sus ventas

Con un calor moderado. Así se despidió ayer la 73 edición de la Feria del Libro de Madrid. Y con unas ventas a las que podría aplicarse el mismo adjetivo: un 5% más que el año pasado, lo que supone un importe de 7.450.000 euros. No es el bajón de 2012 cuando cayeron un 19,3% -en relación a 2011-, pero tampoco invita al optimismo desaforado. Como señaló Teodoro Sacristán, director de este encuentro, “recuperar la importancia de la lectura es una necesidad urgente, que requiere del esfuerzo y la imaginación de todos los agentes de la cadena de valor del libro y de los responsables de Educación y Cultura de las distintas administraciones”. Contención, resistencia y un toque a la instituciones culturales.

No obstante, las cifras de la feria siempre hay que observarlas desde diferentes puntos de vista. Porque no todos disfrutan igual de la fiesta. Hay muchos factores que colocar en la balanza, como la ubicación de la caseta –que te toque al principio o al final siempre es malo, o el lector pasa de largo o llega agotado y con la tarjeta tiritando- o si esta es una librería o una editorial.

El último día, con un sol que arreciaba, pero con cierto disimulo, los rostros de editores y libreros se mostraban cansados. Sin embargo, mientras que los primeros mantenían la sonrisa, los segundos parecían con ganas de echar el cierre después de tres semanas. “Nosotros habremos aumentado un 10%. No ha llovido, no ha hecho calor y aunque la crisis no ha desaparecido y el paro no ha bajado, la gente ha empezado a destensarse. Es algo psicológico”, admitía Miguel Ángel Arcas, editor de Cuadernos del Vigía, un sello especializado en poesía y ensayo.

En el mismo sentido se explicaba Emilio Sánchez Mediavilla, de Libros del KO, editorial especializada en libros de reportajes y crónicas periodísticas: “Nos ha ido muy bien, hasta un 20% mejor que en 2013, quizá porque estamos en mejor zona y porque tenemos un catálogo más amplio”. Sus grandes éxitos de la feria han sido Crónicas de la mafia, de Íñigo Domínguez y La edad de oro del boxeo, de Manuel Alcántara, Teodoro León Gross y Agustín Rivera.

A esta fiesta también se sumaban los editores Donatella Lanuzzi, de Gallo Nero, y Julio Casanovas, de Sajalín. “Hemos aumentado un 20%. Nos han visitado las mismas personas, pero este año han comprado”, sostenía Casanovas, que ha visto cómo arrasaban los libros de Edward Bunker. Lanuzzi, por su parte, contaba entre risas cómo incluso este año la Infanta Elena se había parado en su caseta y le había comprado De Ríotinto a La Roja, la crónica sobre la selección española “para Felipe”, en referencia a su hijo, más conocido como Froilán. “Yo le regalé el de Boris Vian, Manual de Saint-Germain-des-Pres, aunque luego vino un señor y lo pagó, eh”, confesaba esta editora a la vez que indicaba que le había sorprendido que este año “se ha vendido más entre semana que el pasado”.

“Mal, peor que el año pasado”

Y si bien el ambiente era bueno entre editores, los libreros mantenían una compostura más lúgubre. “Nos ha ido mal, mucho peor que el año pasado”, resumía María, de EcoBooks, una librería especializada en libros de economía. “Regular tirando a mal. Además, nos ha tocado al lado del pabellón de los niños. ¿Por qué no ponen aquí a las librerías infantiles?”, se quejaba Emilio, de El Buscón. “Ha sido una feria movida, pero no por tener grandes ventas. Ha venido mucha gente a preguntar, pero todavía miden lo que gastan. Hemos vendido un poquito menos que el año pasado”, señalaba Alberto, de El Tranvía, donde lo que más se ha vendido ha sido La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joel Dicker, Deshielo y ascensión, de Álvaro Cortina y Persiguiendo a Silvia, de Elisabet Benavent.

¿Se ha convertido la feria del libro en una feria de editoriales? A pesar de estar organizada por el Gremio de Libreros –sus principales impulsores- este año ha habido muchos más sellos que otros años – de 272 en 2012 se ha pasado a 352-. Como señalaba Alex, de Antonio Machado, “lo que se está habiendo es el auge de las editoriales indies, que ya no tienen lectores sino suscriptores”. El mismo análisis hacía Alberto, de El Tranvía: “La gente ahora viene a tiro hecho y si buscan un libro determinado van directamente a la editorial. La librería es para quedarse y buscar y ahora no lo hacen”.

Desde ciertas librerías no se ve con buenos ojos este abrumador desembarco de los sellos. “Es un problema porque se supone que esto es una feria de libreros. Las editoriales se han ido inmiscuyendo y esto es una anomalía. También están empezando a llegar las distribuidoras. Y si, por ejemplo, tienes que competir al lado con Planeta, que tiene cinco o seis casetas, es injusto. O, ¿cómo voy yo a vender un libro de Almudena Grandes si tengo a Tusquets al lado?”, manifestaba José Carlos, de la librería Iberoamericana.

No obstante, pese a esta guerra y la moderación en las ventas generales, hay también datos positivos, como es la mayor afluencia de jóvenes. “Sí, este año hemos visto más y nos han comprado más, además, con un muy buen criterio. Saben lo que querían. Muchos adolescentes han comprado Zíngara buscando a Jim Morrison, de Salva Rubio, y muchas veinteañeras, poesía, y sobre todo, El sexo de la risa, de Irene X”, zanjaba Álex, de Antonio Machado. Los organizadores ya pueden apuntarse este dato para el futuro.

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Publicado el
15 de junio de 2014 - 23:49 h

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