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Cultura

LOS DISCOS DE LA SEMANA

Aphex Twin, la perfecta banda sonora para el individuo biónico del siglo XXI

Además de lo nuevo de Aphex Twin, comentamos discos de Jungle, Low, Marc Ribot, Paul Simon, The Chills y el recopilatorio Unearthing the Music. Notes from the Underground (Experimental Sounds Behind the Iron Curtain)

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Aphex Twin

Collapse EP
Warp / Music As Usual
ELECTRÓNICA
8/10

Richard D. James - aka Aphex Twin- es uno de los nombres clave para entender la transición de la música contemporánea, en la bisagra que separa este siglo del pasado. Más allá de su innegable ascendencia sobre otros artistas en el terreno de la electrónica, la música de Aphex Twin representa a la perfección el mundo digital, la cibersociedad y la cada vez más palpable transformación del individuo en hombre máquina.

Lo hace respondiendo a una lógica interna que, un poco a la manera de los grandes del jazz, resulta tan reconocible como indescifrable técnicamente. El parón que durante trece años llevó a James a dejar de publicar música -que no, según sus propias palabras, a dejar de grabarla- le ha sentado realmente bien a un artista que tras reinventarse en numerosas ocasiones, empezaba a dar evidentes síntomas de agotamiento creativo.

Cuatro años después de esa resurrección discográfica que fue Syro, durante los que Aphex Twin no ha cesado de publicar referencias, ahora está de vuelta con este EP de treinta minutos que nos devuelve su faceta menos exigente.

Collapse vuelve, de alguna forma, a revisar aquel periodo representado por discos como …I Care Because You Do, Richard D. James Album o el también EP Come to Daddy.  En ellos, a partir de una peculiarísima reescritura rítmica del drum’n’bass, llegó a mostrar su cara más pop. Aquella por la que todavía muchos hoy reconocen a Aphex Twin, tanto en lo musical como desde el punto de vista de la imagenería asociada al músico galés.

No hay sin embargo en Collapse -como sí ocurría en aquellos trabajos- "canciones" a las que aferrarse. El anterior símil jazzístico es válido para estos cinco temas, todos ellos con una duración alrededor de los 5 o 6 minutos, y en los que el discurso musical fluye como esos metadatos que representa en el clip de T69 Collapse.

Los matices diferencian a la evocadora MT1t29r2 de los guiños ambient de abundance10edit[2 R8’s, FZ20m & A 909], o del sonido ácido de la titular. Son en cualquier caso, treinta minutos de música con su inconfundible sello. Una dosis necesaria para calmar el mono que provocan los periodos más o menos largos sin noticias suyas.

 

Jungle

For Ever
XL / Popstock!
SOUL FUNK
6/10

Hay algo innegable en Jungle y es que su primer álbum, publicado en 2014, funcionó realmente bien. Empujado por la entusiasta prensa musical británica -más necesitada que nunca de nuevos fenómenos con los que contrarrestar la competencia de la industria norteamericana-, el disco formó parte de las quinielas del Mercury Prize y las ventas en su país de origen le valieron un Disco de Oro.

Ayudó también la historia con la que el grupo se presentó en público: un single firmado por dos anónimos productores que respondían a las misteriosas siglas de J y T. Despejada la intriga inicial -no, no había tras las siglas ningún reconocido músico en la sombra- y con una banda de siete componentes funcionando a pleno rendimiento para afrontar el directo, lo que nos queda son las canciones.

Y aún reconociendo la producción impoluta y las horas empleadas por la pareja y sus músicos de sesión escuchando a los clásicos, los Jungle de 2018 a servidor siguen sonándole a cartón piedra, a escenario custumizado de parque de atracciones. Más Brand New Heavies que Al Green, la banda se entrega a lo largo de estas 13 nuevas canciones a una recreación soul-funk que, de aquella fiebre acid jazz que asoló las islas británicas hace ya tres décadas, toma prestado tanto o más que de los maestros del género.

Tan impecable como coyuntural, tiene todo el sentido que los fabricantes de videojuegos hayan corrido en tromba para asegurarse el uso de la música del grupo como acompañamiento de sus historias virtuales: si los videojuegos imitan la realidad sin terminar de sustituirla, a Jungle y su reinterpretación-homenaje a la música negra le sucede algo bastante parecido.

 

Low

Double Negative
Sub Pop / Popstock!
ROCK EXPERIMENTAL
8/10

A lo largo de los últimos 25 años (que se dice pronto), Alan Sparhawk y Mimi Parker nos han acostumbrado a que no haya disco malo de Low. Parece fácil porque así es como lo hace esta pareja artística y sentimental de músicos a los que siempre hemos vinculado con sus creencias mormonas y cuyos golpes de timón tienen mucho que ver con el carácter voluble y atormentado de él.

Pero cualquiera que se dedique a esto es consciente de la enorme dificultad y el reto que supone haber firmado más de una decena de discos, y que todos ellos se sitúen entre lo notable y lo sublime. Para colmo,  Double Negative está más cerca de lo segundo que de lo primero.

Hace tiempo que Low buscan nuevas formas de expresarse que traigan un soplo de aire fresco, sin traicionar la esencia de la banda. A saber, los intercambios vocales entre Mimi y Alan, la solemnidad y la búsqueda de lo trascendente. Todo eso sigue presente en Double Negative, un disco con un sabor diferente, más experimental, y que por momentos encaja de lleno en el terreno de la ambient music menos acomodada.

El productor BJ Burton, que ya había acompañado al trío en su anterior aventura, Ones and Sixes, se mueve también de su área de confort -el indie folk de The Tallest Man On Earth o Megafaun- para lanzarse de cabeza a un sonido espectral, árido por momentos, con mayoría de pasajes instrumentales y que incluso puede hacer que nos preguntemos si nuestro equipo de sonido empieza a fallar (en el tema de apertura, Quorum, sin ir más lejos). En cualquier caso, los pacientes tendrán premio: los momentos de desarmante belleza siguen dominando el discurso de un grupo al que nunca le agradeceremos lo suficiente su mera existencia.

 

Marc Ribot

Songs of Resistance 1942-2018
Anti / [PIAS]
CANCIÓN
7/10

En EEUU soplan tiempos de lucha y, con la que está cayendo, de resistencia. Aunque, visto lo visto, el toque a rebato debería hacerse extensible a bastantes más territorios más allá de la auto proclamada nación más grande del mundo.

Marc Ribot así lo ha entendido: "Cada movimiento social que terminó saliendo vencedor tuvo sus canciones". Y el momento actual necesita mucha música para afrontar con el mejor ánimo los desafíos que tenemos ante nosotros. "Reconocemos a Trump", dice Ribot en las notas interiores, "y no es un misterio donde vamos a acabar si no hacemos algo por remediarlo".

Hay un detalle que define mejor que los aspectos meramente musicales, el tono de estas "canciones de resistencia". Y es el deliberado anonimato de la voz que interpreta Rata de dos patas: "Como consecuencia del miedo a las represalias y a que el régimen de Trump retire su visa, la cantante de este tema ha solicitado mantener su identidad en el más absoluto anonimato".

La elección de este clásico del folklore mexicano, una canción que habitualmente se vincula a una discusión sentimental y que aquí obviamente se dirige al propio Presidente Trump, es un uno de los momentos (aunque sólo sea por su valor humorístico) de este disco.

Un disco dominado por temas tradicionales –un Bella ciao interpretado por Tom Waits, la reescritura de Fischia il vento, We Are Soldiers in the Army, We’ll Never Turn Back- pero que también cuenta con un puñado de nuevas canciones firmadas por el propio Ribot e interpretadas con ayuda de Steve Earle, Meshell Ndegeocello, o Sam Amidon, entre otros.

Su presencia define tanto este trabajo como la intención final del mismo, que incluye la donación de parte de sus ingresos a The Indivisible Project, organización creada para dar una respuesta política a Donald Trump

 

Paul Simon

In the Blue Light
Sony
CANCIÓN JAZZ
7/10

El próximo sábado 22 de septiembre Paul Simon pone punto y final a su actividad en directo con un concierto en Queens (Nueva York), en su casa. Es otro paso en una despedida que, con 76 años a sus espaldas, empieza a intuirse y que Simon quiere dar cuando todavía se encuentra más o menos en plenitud de facultades artísticas.

No puede ser casual, que un par de semanas antes de ese show haya visto la luz In the Blue light, trabajo que en realidad vendría a ser algo así como una retrospectiva con coartada contemporánea. Con trece discos en solitario a sus espaldas - In the Blue light sería el decimocuarto- Simon se ha visto en la necesidad de recuperar parte de su repertorio. Más concretamente aquellas canciones que en el pasado fueron ignoradas o pasaron inadvertidas, pero a las que aún hoy mantiene un especial cariño.

Y así, acompañado por músicos de primera fila mayormente curtidos en el mundo del jazz como Wynton Marsalis, Bill Frissell o el bajista John Patitucci (Chick Corea, Way Shorter,…) canciones como Darling Lorreine, Some Folks’ Lives Roll Easy o Re's and Georgette Magritte with their Dog after the War adquieren aquí una dimensión diferente, novedosa.

El viraje no siempre es radical. En líneas generales no hay rastros en este disco de las percusiones de inspiración africana que marcaron buena parte de su carrera (tampoco temas de Graceland). La mayor parte del álbum apuesta por un sonido jazzístico con un componente crepuscular, muy acorde con el momento vital y artístico de Simon.

En canciones como The Teacher o Questions for the Angels, que tampoco suponen un vuelco con respecto a las originales, Simon alcanza versiones especialmente sentidas, que se acercan a ese objetivo inicial de brindarles una segunda vida, posiblemente definitiva.

 

The Chills

Snow Bound
Fire / Popstock!
POP
7/10

Tras interrumpir con Silver Bullets (2015) un silencio discográfico de casi veinte años, los míticos The Chills dan continuidad a esta nueva etapa de la banda con diez nuevas canciones. Representantes del sonido Dunedin y uno de los emblemas del pop neozelandés que implosionó en la primera mitad de los ochenta, The Chills -o lo que es lo mismo, el vehículo expresivo de su único miembro inmutable: Martin Phillipps- son prácticamente todo un género en sí mismos.

A priori su propuesta encajaría de lleno en esa amplísima etiqueta que es pop de guitarras. Sin embargo hay un algo especial en esa dicción de Phillipps, y también en su forma de asimilar las enseñanzas de la nueva ola, que ha hecho inconfundibles las canciones de The Chills. Además de convertirles en una referencia esencial y reconocida para bandas tan ilustres como Yo La Tengo o Luna.

Ese legado está presente y en buena forma en Snow Bound, un disco que Phillipps describe como una reflexión sobre "la consolidación, el reagrupamiento, la aceptación y la mortalidad". Conceptos todos ellos que The Chills han experimentado muy de cerca en sus casi cuarenta años de existencia. La banda ha dejado varios cadáveres en el camino, metafóricamente y en el estricto sentido del término, y ahora es el momento de echar la vista atrás.

Es por eso que  Snow Bound es un álbum inevitablemente emocional, con canciones como Deep Belief y esas modestas cuerdas que la elevan hacia el cielo. Phillipps ha considerado que este es un momento magnífico para hacer las paces con sus fantasmas, grabando "un Tapestry de Carole King para punks entrados en años". Aún sin contar con un Pink Frost que sitúe este sexto álbum a la altura de aquella etapa, su aspiración y lo que ha resultado de ella no es poca cosa.

 

 VV.AA.

Unearthing the Music. Notes from the Underground (Experimental Sounds Behind the Iron Curtain)
Iron Curtain Radio
EXPERIMENTAL
7/10

Aún hoy, cuando queda poco para que se cumplan treinta años de la caída del Muro de Berlín, nuestro desconocimiento de cómo era la vida en el bloque comunista entre el final de la II Guerra Mundial y aquel histórico momento es casi absoluto. Y está dominado por prejuicios, mitos populares cocinados en las oficinas de Hollywood y alguna que otra leyenda urbana.

En el apartado cultural y más concretamente en el terreno de la música, poco a poco van viendo la luz algunas muestras de la producción, esencialmente avantgarde, que se facturaba por aquellas tierras, mientras Occidente disfrutaba de las canciones de Beatles, Pink Floyd o los Sex Pistols.

Fijando los límites temporales en la década de los 70 y los tempranos 80, este recopilatorio ofrece un amplio muestrario de nombres cuya actividad estuvo al otro lado del telón de acero. En la URSS, por supuesto, pero también en las Repúblicas Populares de Hungría o Polonia, en las Repúblicas Socialistas de Checoslovaquia y Yugoslavia o en la República Democrática Alemana.

En algún caso el grupo o artista en cuestión gozó de cierta popularidad en su país en aquel momento, aunque en la mayor parte de los casos los nombres que aparecen en este recopilatorio, fruto de una exposición del mismo nombre, eran militantes autoconscientes de su posición radicalmente undergound.

Son 21 temas que cubren un descomunal campo estilístico: desde la vitalista y alocada nueva ola de los soviéticos New Composers (de no ser por los recitados en ruso cualquiera diría que One Minute to Start es un clásico olvidado de nuestra Movida), al punk chatarrero de la música industrial, el free jazz y abrasivas tomas en directo de algo que en Nueva York habría sido adscrito a la No-Wave. Curioso cuanto menos.

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