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14 d’abril

El nostre llenguatge polític està impregnat de conceptes procedents de la Grècia clàssica. L'historiador de la filosofia antiga Mario Vegetti explica l'etimologia polisèmica i el sentit metafòric de conceptes com corrupció, que la medicina grega emprava per designar l'humor malalt i també la societat malalta. També explica que monarquia designava el sistema polític tirànic en el qual un sol element imposava el seu domini sobre la resta, en contraposició a la eutarquía o equilibri harmònic del conjunt d'elements que componen la societat. Sabem que la virtut cívica és l'essència de la política republicana que van concebre Aristòtil i Ciceró, la que va heretar Maquiavel i van desenvolupar Milton, Rousseau i Jefferson durant la Il·lustració. Des del seu origen remot, republicanisme vol dir civilitat, és a dir, construcció d'una ciutadania lliure entre iguals.

El 14 d'abril de 1931 va ser per a la societat espanyola una alliberadora revolució dels clavells. Farta dels abusos d'una monarquia inútil, còmplice amb la dictadura de Primo de Rivera, farta d'oligarques corruptes i mediocres, farta del poder absolut de l'Església i les seves corporacions sobre cossos i ànimes, la societat espanyola va triar en les urnes un pacífic canvi de règim i va proclamar la IIª República. El monarca i el seu seguici es van aplicar a fer les maletes per sortir del país. La societat espanyola iniciava així la construcció d'una república, on els vells poders havien de ser substituïts per institucions de participació igualitària en una societat civil, sense servilisme ni dominació. El 1931 la societat espanyola que va assumir els ideals republicans estava formada per artesans, obrers i camperols, per científics, artistes, professionals, intel·lectuals, dones i homes que aspiraven a l'emancipació, és a dir a posar fi a les institucions de dominació del casticisme obscurantista tradicional. Van mirar l'Europa cosmopolita i moderna del progrés, les avantguardes que es rebel·laven contra les tradicions ancestrals, i van tractar de sepultar el llast de la superstició, la incultura i el quimèric passat imperial. Van creure en el futur. Van triar la intel·ligència, la creativitat i la llibertat enfront dels fills de la mort. En aquesta aposta pel futur havia les idees de Joaquín Costa, Ferrer i Guàrdia i Giner de los Ríos, i l'activisme de Victòria Kent i Clara Campoamor, i el prestigi de Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, i Ramón y Cajal. I tants i tants altres.

Però l'arquitectura del republicanisme espanyol no era fàcil. El poder del caciquisme i de l'Església, el context internacional tan negatiu de la Gran depressió, la profunda crisi econòmica i política dels anys trenta d'abast global, la dialèctica europea entre feixisme i revolució social, van omplir el camí d'obstacles infranquejables. El cop d'estat i la rebel·lió militar de 1936 van ser el cop de gràcia. Tres anys de guerra i diverses dècades d'estat d'excepció van dissenyar una sagnia que va deixar Espanya anèmica d'idees, d'intel·ligència i de llibertat. Depuracions, consells de guerra, presons i afusellaments van expulsar persones i ideals republicans, en una estratègia d'extermini implantada al crit de "v iva la muerte, muera la inteligencia ".

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14 de abril

Nuestro lenguaje político está impregnado de conceptos procedentes de la Grecia clásica. El historiador de la filosofía antigua Mario Vegetti explicaba la etimología polisémica y el sentido metafórico de conceptos como corrupción, con el que la medicina griega expresaba el humor enfermo y también la sociedad enferma. También explicaba que monarquía designaba un sistema político tiránico, en el que un solo elemento imponía su dominio sobre el resto, en contraposición a la eutarquía o equilibrio armónico del conjunto de elementos que componen la sociedad. Sabemos que la virtud cívica es la esencia de la política republicana que concibieron Aristóteles y Cicerón, la que heredó Maquiavelo y desarrollaron Milton, Rousseau y Jefferson durante la Ilustración. Desde su origen remoto, republicanismo significa civilidad, es la construcción de una ciudadanía libre entre iguales.

El 14 de abril de 1931 fue para la sociedad española una liberadora revolución de los claveles. Harta de los abusos de una monarquía inútil, cómplice con la dictadura de Primo de Rivera, harta de oligarcas corruptos y mediocres, harta del poder absoluto de la Iglesia y sus corporaciones sobre cuerpos y almas, la sociedad española eligió en las urnas un pacífico cambio de régimen y proclamó de la IIª República. El monarca y su séquito se aplicaron a hacer las maletas y tuvieron que salir del país. La sociedad española iniciaba así la construcción de una república, donde los viejos poderes tenían que ser sustituidos por instituciones de participación igualitaria en una sociedad civil, sin servilismo ni dominación. En 1931 la sociedad española que asumió los ideales republicanos estaba formada por artesanos, obreros y campesinos, por comerciantes, científicos, artistas, profesionales, intelectuales, mujeres y hombres que aspiraban a la emancipación, es decir a poner fin a las instituciones de dominación del casticismo oscurantista tradicional. Miraron a la Europa cosmopolita y moderna del progreso, y a las vanguardias que se rebelaban contra las tradiciones ancestrales, trataron de sepultar el lastre de la superstición, la incultura y el quimérico pasado imperial. Creyeron en el futuro. Eligieron la inteligencia, la creatividad y la libertad frente a los hijos de la muerte. En esa apuesta por el futuro estaban las ideas de Joaquín Costa, Ferrer Guardia y Giner de los Ríos, y el activismo de Victoria Kent y Clara Campoamor, y el prestigio de Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, y Ramón y Cajal. Y tantos y tantos otros.

Pero la arquitectura del republicanismo español no era tarea fácil. El poder del caciquismo y de la Iglesia, el contexto internacional tan negativo de la Gran depresión, la profunda crisis económica y política de los años treinta de alcance global, la dialéctica europea entre fascismo y revolución social, llenaron el camino de obstáculos infranqueables. El golpe de estado y la rebelión militar de 1936 fueron la puntilla. Tres años de guerra y varias décadas de estado de excepción diseñaron una sangría que dejó a España anémica de ideas, de inteligencia y de libertad. Depuraciones, consejos de guerra, prisiones y fusilamientos expulsaron personas e ideales republicanos, en una estrategia de exterminio implantada al grito de "viva la muerte, muera la inteligencia".

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La vida a tres meses vista

Cuando uno trabaja en una cadena de producción, a menudo tiene mucho tiempo para sus pensamientos. La tarea, constante y repetitiva, da lugar a una especie de abstracción mental que aísla a cada individuo en sí mismo, por encima del ruido y la repetición.

Desconozco cómo sobrellevarán las horas aquellos más veteranos, pero en mi caso dedico mucho tiempo a repetirme porqué estoy ahí, cuál es el objetivo y que soy un "afortunado" porque estoy de paso. Sin embargo, para la mayoría de mis compañeros, pensar que están de paso únicamente ofrece el estrés propio del que no sabe cómo saldrá adelante en unos meses, la incertidumbre en la que nos ha sumido una salvaje precariedad laboral disfrazada de recuperación económica.

Entre todos esos trabajadores que, a su pesar, vienen y van cada pocos meses, hay historias que son testimonio de los excesos y pecados de unos tiempos no tan lejanos en los que las cosas parecían mejores. Tiempos en los que, cuenta un compañero, “supe lo que era la buena vida”. Y prosigue relatando, con la mirada fija en el trabajo, cómo tenía coche y móvil de empresa al poco de comenzar a trabajar. De las vistas al parque desde la cristalera de su antiguo despacho. De los muchos trabajos temporales que ha tenido desde entonces, el último de ellos procesando carne, desde que perdiese su puesto de administrativo en una constructora propiedad de un familiar de Cotino cuando, al fin, los contratos públicos dejaron de llegar.

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Aquellos años más o menos felices

Decía Caballero Bonald que vivir de verdad sólo se vive en los veranos. También hay quien dice que el mejor sitio para quedarse tumbado a la bartola es la infancia. No sé si las dos versiones son ciertas. Pero tienen algo en común. La apacibilidad de un tiempo sólo incordiado por los mosquitos -con la eficaz complicidad de esas putas moscas que sólo asumen un cierto grado de nobleza en los versos de Machado- y esa inocencia que, conforme vas poniendo cruces en el calendario de la edad, te das cuenta de que era más falsa que el master que le regalaron por el morro a Cristina Cifuentes.

Bastante de las dos versiones tuve la suerte de haberlas vivido en Llíria. Alguna vez ya lo conté en estas páginas. Un tiempo de infancia y adolescencia en que poco a poco vas conociendo lo que luego habrá de convertirse en ley de vida: nada es para siempre, pero hay veces en que lo mejor de lo que has vivido renace, como en el poema cinematográfico de William Wordsworth, en ese esplendor que brilla en la hierba del recuerdo. No es por ponerme cursi, pero a ratos es una manera de no dejarte comer por la mordedura infame de esa gentuza que miente más que habla, que desdice toda moral con su rocosa palabrería que insulta la decencia, que se burla -sin que se le mueva una pestaña- de la dignidad que habría de significar lo más grande y noble de lo humano. Prefiero la poesía del recuerdo antes que la retórica canalla de esos inventores de una realidad que sólo existe en las cuentas corrientes de ellos mismos y sus amigos millonarios.

Desde que éramos jóvenes andamos juntos los amigos de siempre. Y mira que es raro eso de conservar intacta una amistad que, como pasa con tantas cosas, tiene todos los números para acabar siendo uno más de los juguetes que se te han ido rompiendo a lo largo de tu vida. Llegué a Llíria como un crío encogido en el frío del invierno y allí sigo, lejanos ya aquel frío y un encogimiento que igual era más miedo a lo desconocido que otra cosa. Nunca dejé de pertenecer a aquella tribu de adolescentes que no se enteró de que, a los pocos días de llegar yo al pueblo, un grupo de militantes de izquierdas -sobre todo comunistas- eran detenidos junto a otros de algunos pueblos del Camp de Túria. Cuenta esa historia Vicent Ros -hijo de uno de los detenidos- en su magnífico libro La lluvia en el muro. Y aún sabíamos menos que ya en un lejanísimo 1943 -como escribe la historiadora Vicenta Verdugo- un numeroso grupo de mujeres obreras abandonaron su puesto de trabajo en la fábrica de Ríos en solidaridad con una trabajadora sancionada. Entonces nadie contaba nada y los días de Pascua eran como un pedazo de paraíso que en nada se parecía al desolador paisaje que pintaba John Milton en el suyo. La nostalgia es un desastre, pero a veces las imágenes de las cuadrillas camino del Parc de Sant Vicent cuando éramos críos no se borran fácilmente de la memoria. Lo que pasaba realmente no formaba parte de nuestro relato. Sencillamente porque el auténtico relato nos lo escamoteaba una dictadura que sólo contaba fantasías que poco o nada tenían que ver con lo real. Pero sobrevivimos a pesar de toda esa caterva de mentiras. Y en las fotografías de aquellos días no veo un tiempo inmejorable sino precisamente lo contrario: un tiempo que hemos ido mejorando con el paso inclemente de los años. Quienes salimos en esas fotografías no somos los de entonces sino los que ahora somos, no sé si mejores o peores, pero con el cuerpo nada dispuesto a tragarnos las bolas con que -como en los cuentos de León Felipe- nos dormían en aquellas largas, inacabables noches pobladas de fantasmas.

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Corrupció en l’esquerra: tu quoque?

Enric Morera, Ximo Puig i Mónica Oltra en les Corts Valencianes.

La vuitena legislatura de les Corts Valencianes, o més ben dit, el període que va del 2009 al 2015 entre el final de la setena legislatura i tota la vuitena, transcorregut en un ambient de forta agitació i durs debats, va marcar una ruptura en els usos i costums de la política valenciana i, per la seua repercussió, també de l’espanyola.

La importància històrica d’aqueixa ruptura, que va donar lloc a la caiguda del PP del poder enmig d’una enorme polseguera de casos de corrupció que encara no s’ha dissipat, l’avaluarà el pas del temps. Però els seus efectes tangibles no rauen tant en el canvi polític que va propiciar (un fet que no s’ha arribat a produir en el Govern  d’Espanya, encara en mans del partit que en les eleccions del 2015 continuava fent trampes des d’institucions com l’Ajuntament i la Diputació de València), sinó en la transformació de l’estàndard d’honestedat en la política i l’establiment de noves exigències de control i transparència.

La investigació judicial, com a conseqüència d’una denúncia del PP, del finançament del PSPV-PSOE i del Bloc (partit integrat en Compromís) en la campanya electoral del 2007, que hauria reproduït comportaments semblants als de la trama Gürtel (empreses que paguen despeses dels partits a través, en aquest cas, d’una agència de comunicació amb seu a Gandia, i fins i tot adjudicacions de contractes des del Govern, que llavors presidia Zapatero, a l’empresa intermediària) al·ludeix a una època anterior a aqueixa ruptura. Però això no evita que es tracte d’una notícia molt lletja per als demòcrates.

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Corrupción en la izquierda: ¿tu quoque?

Enric Morera, Ximo Puig y Mónica Oltra en las Corts Valencianes.

La octava legislatura de las Corts Valencianes, o mejor dicho, el periodo que va de 2009 a 2015 entre el final de la séptima y toda la octava legislaturas, transcurrido en un ambiente de fuerte agitación y duros debates, marcó una ruptura en los usos y costumbres de la política valenciana y, por su repercusión, también de la española.

La importancia histórica de esa ruptura, que dio lugar a la caída del PP del poder en medio de una enorme polvareda de casos de corrupción que todavía no se ha disipado, la aquilatará el paso del tiempo. Pero sus efectos tangibles no radican tanto en el cambio político que propició (un hecho que no se ha llegado a producir en el Gobierno  de España, todavía en manos del partido que en las elecciones de 2015 seguía haciendo trampas desde instituciones como el Ayuntamiento y la Diputación de Valencia), sino en la transformación del estándar de honestidad en la política y el establecimiento de nuevas exigencias de control y transparencia.

La investigación judicial, como consecuencia de una denuncia del PP, de la financiación del PSPV-PSOE y del Bloc (partido integrado en Compromís) en la campaña electoral de 2007, que habría reproducido comportamientos similares a los de la trama Gürtel (empresas que pagan gastos de los partidos a través, en este caso, de una agencia de comunicación con sede en Gandia, e incluso adjudicaciones de contratos desde el Gobierno,  que entonces presidía Zapatero, a la empresa intermediaria) alude a una época anterior a esa ruptura. Pero eso no evita que se trate de una noticia muy fea para los demócratas.

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Voltors

Ja fa 5 mesos (el 8 d’ Octubre de 2017) que un servidor escrivia en aquest mateix mitjà un article titulat, no per casualitat, “Pobresa d’esperit” arran de la fugida de capitals de Catalunya pel conflicte polític i la mal disimulada alegría “local” de veure que això ens podria beneficiar. Deia llavors: “les sàvies declaracions d’una dotzena de pròcers locals de diferents sensibilitats ideològiques m’han produït vergonya aliena i enrojolament pujat i el meu cap ha tret del bagul l’obra de Victor Hugo Els Miserables. El denominador comú d’aquestes declaracions era el també poc dissimulat plaer per l’èxode que ens ha premiat als valencians gràcies al fet que hem sabut bastir un clima de sentit comú i civilitat”.

M’haguera agradat no tornar sobre l’argument però sembla que no podrà ser perquè  alguns continuen entestats a mostrar sense vergonya les seues misèries morals. I no ho dic per l’objectivitat a què ens té ja acostumats la " Voz de su Amo" ( El País) que  no es talla ni un pèl en carregar les tintes cada vegada més en una operació que té com a principi allò de “ vencido y derrotado (o desarmado) el ejercito enemigo…”, expressió a la qual Franco tenia una indiscutible i inefable estima. La deriva conservadora i belicosa d' El País és tan evident que no sobta trobar-se amb expressions com: “ Barcelona traicionada. La inestabilidad política y la falta de Presupuesto causan la pérdida de la Barcelona World Race. La capital catalana pierde un evento deportivo relevante, la cuarta edición de la Barcelona World Race (BWR), prevista para 2019. Este fiasco suma y sigue a la (aún más grave) pérdida del concurso para la sede de la Agencia Europea del Medicamento".

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Señor Rajoy y el muñeco de porcelana

Rectificar es de sabios, dice el refranero español, pero dudo mucho que el señor Rajoy se digne o sepa o quiera hacerlo. Ya ha demostrado en demasiadas ocasiones que él cree estar por encima del bien y del mal y, ante tal panorama, nadie dentro de su partido es capaz de recriminarle su posicionamiento de inacción, pasotismo y desaciertos políticos continuados. Nadie se atreve a mostrarle que su política ha llevado al Partido Popular a ser un partido obsoleto y a la deriva, desconectado de la sociedad e incapaz de escuchar sus gritos. Así que definitivamente no creo que ya a estas alturas le interese lo más mínimo el significado del verbo “rectificar”. Ni lo que ello implica.

Con la crisis, la situación devino insostenible para numerosas familias que, después de perder sus trabajos, vieron como una tarea casi imposible llegar a fin de mes. El paso del tiempo fue agravando la situación y aquellos que tenían deudas contraídas con bancos tuvieron que elegir en muchos casos entre hacer frente a sus obligaciones o dar de comer a sus familias. Centenares de miles de ilusiones, planes o proyectos personales y familiares se rompieron entonces en mil pedazos. Muchas de esas personas perdieron sus viviendas y la sociedad salió a la calle a exigir respuestas y soluciones. Pedían simplemente que se garantizara el derecho a una vivienda digna, esa locura política que está reconocida nada más y nada menos que en la Declaración de Derechos Humanos, en el PIDESC y en nuestra Constitución. ¡Qué osadía –debió pensar Rajoy y el PP- atreverse alguien a reclamar en las calles una vivienda digna!

Por ello, algunas autonomías como la valenciana, ante la parálisis o desidia del gobierno del Partido Popular, decidieron escuchar y legislaron en consecuencia, aprobando leyes que garantizaran el derecho a una vivienda digna y que defienden, al mismo tiempo, la protección de otros derechos básicos vinculados. Los socialistas y el gobierno que preside Ximo Puig tuvimos claro desde el primer día que llegamos a la Generalitat que no podemos avanzar como sociedad si no existe cohesión social y que no puede crearse riqueza sin el bienestar de todas y todos nuestros ciudadanos. ¡Qué osadía -debió pensar el señor que está por encima del bien y del mal- atreverse alguien a legislar para que todos los ciudadanos puedan tener garantizado un techo bajo el que vivir en condiciones dignas!

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País de puteros

“¿Alguien es capaz de imaginar que una mañana, de pronto, una mujer se levanta y decide ser puta?” Quien hace la pregunta es El Músico, que después de traficar con más de 1.700 mujeres, incluidas menores, lo tiene claro: “No hay prostitución que se ejerza libremente”. Los datos le dan la razón. Según la ONU, nueve de cada diez prostitutas en España ejerce en contra de su voluntad. El otro 10 por ciento, probablemente, lo hará por la pobreza o la precariedad. Aun así, miramos hacia otro lado y casi el 80 por ciento, según el CIS, cree que la compraventa de servicios sexuales es inevitable.

Vivimos en una cultura de la prostitución. Quizás algo haya tenido que ver la operación orquestada por los proxenetas para lavarle la cara al “negocio”. El Músico confiesa en el libro de Mabel Lozano, El proxeneta, que fue un abogado valenciano quien propuso crear la Asociación Nacional de Empresarios de los Locales de Alterne (Anela) con el objetivo de convencer a la ciudadanía de que las mujeres llegaban por voluntad propia, que eran libres para dejarlo y que, además, ganaban mucho dinero. El portavoz de la asociación, “que se paseaba de plató en plató defendiendo lo indefendible”, en palabras de El Músico, era José Luis Roberto, líder de España 2000.

Hace una década que en Holanda se legalizó la prostitución y que en Suecia se implantó un modelo abolicionista. Las conclusiones de comparar ambas opciones son interesantes: en el país nórdico, donde se criminaliza al cliente, los compradores de sexo han bajado del 14 al 8 por ciento, mientras que en Holanda, las mafias han aumentado. ¿Y en España? Podemos afirmar sin miedo que vivimos en un país de puteros. Lideramos la clasificación europea de demanda. El 39 por ciento de los españoles se ha ido de putas, frente a la media que es del 19 por ciento, según estudios de Naciones Unidas. Tenemos, incluso, el puticlub más grande de la Unión Europea. Y como la prostitución es alegal, poco se puede hacer, más allá de sancionar la prostitución callejera a través de las ordenanzas municipales y de la ley de Seguridad Ciudadana. En Valencia, la Policía Local solo multó a 17 clientes en 2017.  

Los expertos coinciden en que no se puede desvincular el tráfico de mujeres y niñas de la prostitución. La trata nace para responder a la gran solicitud de servicios sexuales. De ahí, que la solución no pase por la prohibición, sino por la erradicación de la demanda. Hay que enfocar a los verdaderos protagonistas, que pasan desapercibidos y son casi invisibles: los clientes. Ir de putas es una práctica integrada. Los hombres, cada vez más jóvenes, acuden a estos clubs, aunque sea a tomar una copa. ¿Por qué? ¿Es entretenimiento? ¿Es necesidad biológica? No nos equivoquemos, solo es un ejercicio de poder. Los hombres buscan tener a una mujer a su entera disposición, convirtiéndola en un mero objeto de consumo. Llamemos a las cosas por su nombre, no es libertad sexual, es esclavitud y no sois clientes, sois cómplices.

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Ayuntamientos, memoria y retos

Este día 3 de abril se cumplen treinta y nueve años de la celebración de las primeras elecciones municipales de las que nacieron los ayuntamientos democráticos una vez restablecidas las libertades en nuestro país y tras ser aprobada la Constitución en 1978. Comenzaba la construcción del pilar más sólido del sistema democrático; el más próximo a las ciudadanas y ciudadanos, el pilar que hizo posible el cambio en todas las instituciones del Estado y que alumbrando una nueva organización territorial tomó cuerpo pocos años después en la realidad autonómica de una España plural y diversa que recuperaba las señas de identidad y las instituciones de autogobierno.

La memoria es hija de la historia y hermana del corazón; y desde esa perspectiva es justo que hagamos memoria de agradecimiento y reconocimiento a todos los concejales y concejalas que, con mucha precariedad, pero desde el compromiso con la sociedad que les otorgó su confianza, una enorme imaginación por construir esa nueva realidad que abría de par en par las puestas al municipalismo democrático y la ilusión por cumplir el pacto tácito establecido entre el movimiento ciudadano y los partidos políticos que establecía nuevas formas de abordar la gestión de los servicios básicos, nuevos derechos ciudadanos en la participación en las decisiones municipales y nuevas políticas sociales y sectoriales que dieran satisfacción eficaz a las necesidades reales a las justas demandas de la sociedad local y, en el ámbito valenciano, contribuir desde los acuerdos municipales a la aprobación de nuestro Estatuto de Autonomía y la recuperación de la Generalitat Valenciana.

De aquella gestión de las primeras corporaciones locales democráticas ha quedado una huella imborrable que, sin duda, han orientado la evolución de los ayuntamientos hasta su actual configuración que, en otro contexto político, económico y social aborda nuevos retos que han de ahondar en nuevas prácticas e instrumentos de participación efectiva, un nuevo marco competencial, una profundización de la autonomía y de la capacidad de autoorganización de los entes locales y una financiación justa y suficiente para que todo ello sea posible y se garantice, además, la prestación de los servicios necesarios que demanda una sociedad compleja que ya habita una ciudad distinta; más cosmopolita y abierta, pero en la que también se manifiesta con toda su crudeza la precariedad económica, la desigualdad social y la discriminación social.

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