Cocinar en casa y vender fuera, ¿qué requisitos legales se exigen?

Hombre cocinando

Las nuevas tecnologías abren nuevas fórmulas de negocio. En el ámbito alimentario, una plataforma digital facilita el contacto entre cliente y empresario, es decir, cualquier persona con ciertas habilidades culinarias puede preparar comida en casa y llegar a numerosas personas con solo colgarlo en internet. Y, si bien cocinar es un pasatiempo para muchas personas, otras han buscado convertirlo en un ingreso económico.

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Pero, como todo lo que está relacionado con la alimentación, la venta de comida casera está sometida a varias reglamentaciones que tienen que cumplirse. Montar una cocina "profesional" en casa, elaborar comida y cobrar por ello debe cumplir con todas y cada una de ellas. La idea, por ejemplo, de vender pasteles hechos en casa puede parecer una manera fácil, sencilla y hasta divertida de ganarse la vida. 

Pero, como veremos, a diferencia de cualquier otra actividad que puede hacerse desde casa, en la que solo necesitaremos un escritorio y un rincón de cualquier habitación, crear una cocina comercial en el domicilio puede suponer renovaciones costosas importantes. 

Cuatro condiciones para vender comida casera

Es clave comprender los riesgos de seguridad alimentaria que puede haber en esta práctica. La falta de controles sobre los estándares de higiene puede representar un riesgo para la salud. Los clientes, por ejemplo, pueden estar consumiendo alimentos que contienen alérgenos no declarados o carne no etiquetada. 

Y no habría manera de rastrear todo este proceso. Por tanto, a la hora de montar un negocio de tal similitud en casa deberemos prestar atención a lo que dice la ley para cualquier tipo de actividad que incluya la elaboración de comidas preparadas. Estos son:

  • Instalaciones: nuestra vivienda debería cumplir con los mismos requisitos que se exigen a las instalaciones alimentarias. Esto no siempre es viable porque las condiciones son muy estrictas: deben contemplarse aspectos como el material de las superficies donde se elabora la comida, los equipos de frío, etc.
  • Registro sanitario: la legislación alimentaria exige el registro de las actividades en las que se suministran alimentos de forma regular y organizada. Si se proporcionan alimentos de esta forma, hablamos de una empresa de alimentos según la legislación alimentaria. Los negocios de cocina casera tienen que acudir al Registro Sanitario de Establecimientos Alimentarios Menores (REM) y aportar un documento que acredite la actividad (nombre o razón social, DNI, tipo de actividad, domicilios relacionados, etc). Este Registro lo controla cada comunidad autónoma. 
  • Etiquetado: comercializar la comida preparada implica también seguir con lo que dice el Reglamento (UE) 1169/2011, según el cual se debe etiquetar de forma clara y legible los alérgenos y los valores nutricionales. La etiqueta debe incluir información como la denominación del alimento, ingredientes, sustancias que pueden provocar alergias e intolerancias, cantidad neta, fecha de consumo preferente o fecha de caducidad, condiciones especiales de conservación, datos del operador, etc. Como recuerda la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), una parte importante de los alimentos es su etiquetado con la información más clara, completa y útil.

Implantar una guía de buenas prácticas de higiene

Las exigencias en la producción de comidas preparadas para comercializar son las mismas que para cualquier industria de los alimentos. El Real Decreto 34/84/2000 es el que define en España las normas de higiene de elaboración, envasado, almacenamiento, transporte, distribución, manipulación, venta y suministro de comidas preparadas. 

Estas condiciones deben cumplirlas todo el mundo, desde la industria pública a la privada, temporal o permanente, grande o pequeña, que elabore, envase, almacene, manipule o venda directamente al consumidor, tanto si ofrece reparto a domicilio como si no. 

La implantación de sistemas como el Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos (APPCC) es uno de los más generalizados en el control de alimentos de todas las empresas, de la más grande a la más pequeña. Consiste en intentar anticiparse al peligro antes de que aparezca a través del análisis del peligro, identificar puntos críticos, fijar un sistema de vigilancia, etc. 

Aunque las empresas alimentarias no son todas iguales (se diferencian por el tamaño, el grado de riesgo sanitario y la actividad), sí tienen que ser conscientes todas de que los riesgos físicos y químicos pueden estar presentes y si se están haciendo bien actividad clave como el almacenamiento a las temperaturas correctas o la separación de alimentos crudos de los cocinados. 

No tener en cuenta lo que marca la legislación, ni disponer de las licencias y permisos correspondientes, puede comportar problemas. ¿Qué ocurre si alguien sufre una intoxicación? ¿Cómo podría seguirse el rastro de los alimentos? 

¿Puedo aprovechar la cocina de casa?

Además de la normativa nacional, cada comunidad autónoma es la encargada de controlar que este tipo de actividad se encuentra perfectamente regulada y se cumplen todos los requisitos exigidos. 

Tanto las obligaciones administrativas como las higiénico-sanitarias son muy estrictas. Una cocina comercial en casa tendría que estar separada de la cocina que tenemos para uso personal. En la mayoría de los casos deberán tomarse precauciones especiales en fontanería y, sobre todo, saneamiento.

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Publicado el
8 de diciembre de 2020 - 22:10 h

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