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Los rescatadores de mascotas de Ucrania: “No perdemos la esperanza hasta que vemos al animal muerto”

Un gato sentado sobre los escombros de una casa destrozada en el barrio de Borovitsa, en Chernígov.

Nada más abandonar su casa de Hostómel a toda prisa para resguardarse con sus amigos en un garaje en otra localidad próxima, Andriy y su pareja pensaban en su gato. La ansiedad y el bloqueo de ver varios helicópteros aterrizando en un aeropuerto próximo a su vivienda les habían empujado a salir sin llegar a plantearse que todo esto iba para largo. Su mascota se había quedado atrás. 

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Al día siguiente querían volver a por él, pero el acceso ya no estaba permitido. Contactaron con una amiga que aún seguía en la ciudad. “Le preguntamos si podía sacar, como fuese, al gato. Hizo un agujero en la puerta, salió y se lo llevó a su casa”. Unas horas después, empezaron los bombardeos sobre los edificios. La casa de la amiga había sido afectada, cuenta, y ella escapó. Durante las semanas de la ocupación pensaron que estaba muerto. Hasta que, tras la liberación, alguien les dijo que le habían visto merodear por la calle, entre los cascotes y escombros de la devastación dejada tras el paso de las tropas rusas.

Pusieron la foto de su mascota en Instagram y pronto recibieron una respuesta. “Estaba vivo”, recordaba Andriy recién llegado a Hostómel tras la ocupación. Un equipo de voluntarios lo había rescatado. Ya están todos juntos.

Desde el inicio de la guerra, los animales domésticos han formado parte del éxodo empujado por la contienda. Las imágenes de miles de refugiadas y refugiados acompañados de sus mascotas han sido habituales en el relato de la guerra.

Pero no todos, como Andriy, pudieron o quisieron llevarlos consigo. Y ahí entran los rescatadores de animales. 

Además de las organizaciones animalistas con experiencia, en Ucrania se han organizado decenas de grupos de voluntarios que buscan salvar a aquellas mascotas que se han quedado en casas vacías, atravesadas por la contienda. Kristina Keider coordina uno de los equipos que, a principios de marzo, empezó a operar en la región de Kiev. Desde entonces, el grupo calcula haber salvado más de 800 mascotas.

“Ninguno de los voluntarios de nuestro equipo era rescatador antes de la guerra, pero no podíamos pasar de largo al ver todo el sufrimiento de los animales y sus dueños. Así que tuvimos que aprender todo rápidamente”, cuenta Keider desde Suecia, el país donde vive desde hace años. No tuvieron tiempo ni para poner nombre al grupo, que ahora ha tomado el del refugio temporal creado posteriormente para resguardar a los animales salvados, 'Hatul Madan'.

La ucraniana, nacida en Kiev, quería ayudar de algún modo: llamó a algunas de las grandes organizaciones animalistas y empezó a apoyarlas desde la distancia con las gestiones administrativas. “En los primeros días de la guerra, las personas que habían dejado a sus mascotas en Irpin, Bucha y otras ciudades de la zona de Kiev dirigieron sus peticiones a los 'grandes' grupos de rescate de animales existentes en Kiev. Pero varios coches con voluntarios fueron tiroteados de camino a Irpin, por lo que decidieron no trabajar en la región. Muchas de las peticiones de estos pueblos con mascotas encerradas y abandonadas a una muerte lenta e inevitable se trasladaron una carpeta llamada ”acceso imposible“, cuenta la mujer, de 35 años. ”Las cogí y decidí que encontraría gente que se atreviera a arriesgarse y entrar en el pueblo ocupado. Y así lo hice“. 

Las misiones

En distintos canales de Telegram, decenas de familias publican peticiones desesperadas dedicadas a sus animales. Comparten sus fotos, su dirección o el último lugar donde alguien les dijo que les vio por última vez. Grupos como el coordinado por Keider también se nutren de estas redes para recopilar información, contactar con los dueños y empezar a trabajar en las misiones de rescate. “Después de rescatar a algunos animales, la gente empezó a encontrarnos directamente: el rumor se extiende rápidamente, y nuestro equipo ha demostrado que es lo suficientemente temerario como para operar en un lugar peligroso, lleno de minas terrestres, francotiradores y tropas enemigas”. 

Los dueños de Bonya, una gatita que quedó encerrada en su casa sin agua ni comida, estaban desesperados. “Fuera de la casa quedó un perro gigante y feroz que no dejaba entrar a nadie. Otros tres equipos de voluntarios intentaron rescatar a Bonya, pero fracasaron y cancelaron la petición. La gata estuvo allí durante casi un mes, cuando encontré la solicitud cancelada en los archivos de otro equipo”, recuerda. “Nunca perdemos la esperanza hasta que vemos al animal muerto, así que nos apresuramos a rescatarlo. Los voluntarios sacaron al perro del patio y se llevaron al pequeño gato agotado de la casa. Al día siguiente, la dueña, una mujer joven y su hijo pequeño, cruzaron el país para reunirse con su pequeña princesa. Creemos que nunca más la dejarán atrás”.

Animales heridos

Kate es una de las voluntarias que ha recorrido Irpín en busca de mascotas. Ella se movilizó cuando la ciudad ya no estaba ocupada, pero aún existía el riesgo ligado a las posibles minas antipersona abandonadas en la zona, según su relato. “La ciudad estaba minada. Los voluntarios entraron en las casas en busca de animales incluso antes que los zapadores”. 

El operativo, generalmente, consiste en acudir a direcciones concretas enviadas por los dueños que buscan a sus mascotas, pero si encuentran por el camino a algún animal abandonado también lo recogen. “A veces es sencillo: se viene, se entra y se recoge. A veces ya no hay casa en la dirección, sólo hay un incendio o escombros. A veces los gatos asustados se esconden en el apartamento para que no les podamos encontrar. A menudo encontramos animales muertos...”. 

Se acuerda de un gato llamado London, recogido de las calles centrales de Borodianka, una de las ciudades periféricas de Kiev más destruidas por las tropas rusas. “Tenía la cola rota por tres sitios (hubo que amputarla), una pata aplastada - los veterinarios tuvieron que ponerle una construcción metálica para salvarla”. 

Aunque su labor comenzó en la región de Kiev, sus equipos ya se han movilizado a otras zonas del país, incluidas algunas de las más peligrosas. Un grupo de voluntarios acaba de regresar de Lisichansk, en el Donbás, después de que otros compañeros locales les pidiesen ayuda para evacuarlos. Según sus datos, consiguieron rescatar a unas 150 mascotas, incluidos cachorros, ratas y cobayas. Regresaron con tres coches llenos. “Fue muy difícil trabajar en la ciudad debido a los bombardeos y a las carreteras destruidas. Algunos animales ya estaban muertos cuando llegamos: el hambre, las infecciones, la falta de ayuda veterinaria y de medicamentos los mataron”, cuenta Kristina a través del testimonio de sus compañeros.

Muchos de los animales rescatados se encuentran heridos y agotados. “Los que estaban encerrados en los apartamentos a menudo tienen signos de agotamiento debido a la sed y el hambre prolongados, algunas mascotas tienen fallos orgánicos”, detalla. “También tuvimos varios casos en los que los gatos comían cualquier cosa para sobrevivir a la inanición, y algunos elementos se atascaron en sus intestinos y tuvieron que ser extraídos quirúrgicamente”. Recuerda a un gato que pasó 45 días solo encerrado en un apartamento “comiendo basura orgánica, servilletas húmedas, pan, cereales secos y plantas de la casa para poder sobrevivir”.

Otros presentan “graves quemaduras, huesos rotos por la onda expansiva o la caída de ladrillos”. También encuentran muchos animales que estaban en el exterior heridos con fragmentos de proyectiles. 

Tradición animalista

La tradición animalista de Ucrania es evidente en sus calles, en sus bares y sus comercios. Nunca antes se ha presenciado un flujo de refugiados acompañados de tantas mascotas como un miembro más de la familia. Los sistemas de acogida europeos, como el español, se han visto empujados a adaptarse -con ciertas dificultades- a la recepción, no solo de decenas de miles de ucranianos, también de sus animales. 

Los testimonios de personas entrevistadas por elDiario.es en Ucrania desde el inicio de la contienda evidencian la importancia de las mascotas en el país. El primer día de guerra, Igor retrasó su huida de Kiev porque no sabía qué hacer con sus gatos. Olga, que aún permanece en suelo ucraniano pero piensa abandonar su hogar si la situación en Dnipro se complica, tiene ahora preparados dos transportines y comida de gato junto a su mochila de emergencia. La primera frase que dijo Svetlana cuando su nuera le propuso migrar a Moldavia fue: “¿Y quién cuida a mis mascotas?”.

“Casi todas las familias en Ucrania tienen uno o varios animales”, comenta la coordinadora del equipo de rescate. “Tal vez esté relacionado con la antigua tradición animalista de los pueblos eslavos: tenemos muchos cuentos de hadas antiguos en los que los animales actúan como amigos y compañeros de los humanos, o incluso asumen los papeles de los humanos”, reflexiona. “Sin embargo, esta misma cultura de tener mascotas causó un desastre: cuando toda esta gente abandonó sus hogares y dejó a sus animales en las calles, acabamos con miles de mascotas abandonadas en cada ciudad”.

Para describir la importancia de su labor, Kate menciona a Sergei, un labrador abandonado por sus dueños en Irpin. “Un perro viejo y enfermo que no caminaba bien. Sobrevivió a la ocupación, a los disparos, al frío y al hambre. No puede caminar, pero se arrastró hasta uno de los patios, empujando sus patas y su estómago con sangre. Ahora vive en un pequeño refugio para animales enfermos de la columna vertebral. Los dueños lo saben y no les importa. Lo único que podemos hacer por él es dejarle vivir sus días en paz: tiene un enorme tumor en el estómago y muchas enfermedades. Pero está calentito, tiene comida y se le quiere”. 

“Probablemente Sergei describa de alguna manera todo nuestro trabajo voluntario. No podemos salvar el mundo. Pero podemos hacer algo. Esto es lo que hacemos”. 

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