Colas de hasta dos horas para apurar la última oportunidad de cambiar pesetas: “Ha habido tiempo, somos un desastre”

Colas en el edificio del Banco de España, en Madrid.

Diego Larrouy


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Los escasos turistas que salieron este martes a pasear por el centro de Madrid aprovechando las pocas horas en las que las temperaturas dan un respiro en el verano de la capital se sorprendían por una larga cola a la que no dudaban en hacer fotos. La fila, con varios centenares de personas, salía de la entrada del Banco de España y serpenteaba por las calles traseras, guardando las distancias de seguridad y respetando el uso de la mascarilla, aunque ya no sea obligatoria en espacios abiertos. Los que esperaban su turno para entrar en el emblemático edificio guardaban bolsas de grandes superficies, bolsos bien amarrados o incluso bolsas de congelado donde conservaban paquetes. “¿Estáis todos para lo de las pesetas?”, preguntaba un recién llegado al final de la larga cola.

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En efecto, todos los allí presentes habían acudido a la llamada del organismo público. Este miércoles, 19 años y medio de la entrada en vigor del euro, las pesetas vivían su último hito, antes de convertirse en objetos sin valor más allá del sentimental o, quien sabe, numismático. Este 30 de junio es el último día en el que los ciudadanos pueden cambiar las pesetas que todavía guardan por euros. Esta fecha límite es la definitiva, después de varios retrasos debido, entre otros asuntos, a la propia pandemia del coronavirus. El Gobierno decidió en noviembre que se prolongaba la fecha límite acordada, que era el pasado 31 de diciembre, hasta el 30 de junio.

Según las estimaciones del Banco de España de la pasada primavera, todavía hay en los hogares españoles 1.584 millones de euros en pesetas, 799 millones de euros correspondían a billetes en pesetas y 785 millones a monedas. Aunque la cifra es elevada, es significativamente pequeña en comparación con los más de dos billones de euros de euros que los bancos guardan de sus clientes en depósitos, según las estadísticas del propio organismo. “La mayoría de lo que traemos todos es chatarra”, reconoce una mujer que sostiene, además de la bolsa con las monedas, un libro prestado de una biblioteca, que lee mientras hace tiempo en la cola. Ha llegado a las 8 y media de la mañana al Banco de España y, como explica un hombre que está justo detrás de ella en la fila, llevan “una hora y diez minutos”. Son afortunados, les queda apenas medio centenar de personas por delante para poder entrar al edificio.

La espera este martes en Madrid alcanzaba las dos horas. “A ver si nos da tiempo”, se decían entre algunos de los que se encontraban al final de la fila, con dudas de que llegaran a la puerta antes del cierre. Uno de ellos ya había ido el día anterior pero al ver larga cola, menor a la de este martes, decidió dejarlo para la jornada siguiente. Ahora, resignado, señala que no queda otra cosa que esperar. Algunos de los allí presentes hasta dudan de si quedarse a esperar cuando se dan cuenta de lo que les queda por delante. “Quizá no merece la pena”, apunta.

Ninguno se atreve a reconocer qué cantidad de pesetas llevan encima. “Algo llevo”, concede un jubilado recién llegado a la fila, haciendo ver que es buena cantidad. Algunos sí apuntan que es poco dinero el que tienen que cambiar, son los que más dudan si mantener la cola. Una fila que es muy heterogénea. Si bien son las personas mayores las que protagonizan buena parte de la hilera de ciudadanos que esperan a cambiar sus monedas, hay gente más joven. Alguno de ellos hasta reconoce que había intentado vender sus billetes por internet como objeto de colección, antes de asumir que su única salida era la de acudir al Banco de España.

Pero, ¿por qué tras casi dos décadas desde que se instauró el euro algunos han apurado hasta los últimos días para cambiar pesetas? Las razones que expresan los que han demorado al máximo la operación son múltiples. Los hay que no sabían que todavía se podía hacer y ya habían dado por perdida la oportunidad y guardaban las pesetas como una reliquia. “Me enteré el domingo, cuando hablando con un familiar me dijo que todavía podía cambiar las monedas que tenía en casa”, señala una mujer de fuera de Madrid que ha aprovechado unas gestiones en la capital para ir al Banco de España.

“La verdad es que somos un desastre, ha habido tiempo y lo hemos dejado para última hora”, señala una mujer a punto de entrar por fin a la ventanilla para el intercambio. “Lo cierto es que he venido por curiosidad para ver cómo es el proceso, casi como un experimento sociológico”, enfatiza. Aunque no todo el mundo se ha tomado la gestión con la misma filosofía. “Tenían que haber dado más tiempo, en lugar de hacerlo ahora deprisa”, defendía una jubilada, disconforme con tener que esperar la larga cola que tenía por delante. Hay quien, incluso, señala al COVID-19 como el motivo para haber retrasado hasta el último día el trámite.

Lo cierto es que han sido muchos años durante los cuales el Banco de España ha permitido el canje de las monedas y han sido varias las fechas que había puesto como límite para el intercambio de las monedas y billetes que todavía están en los hogares españoles. Pese a ello, son muchos los que en estos últimos días se encontraban molestos con tener que esperar durante más de hora y media para cambiar sus monedas. La información sobre qué se puede y qué no se puede cambiar también era otra de las críticas que tienen los ciudadanos enfadados con el trámite. Los funcionarios del organismo pasan la mañana en la convergencia de varias calles por las que se prolonga la fila para responder las dudas de los ciudadanos.

Las colas no han sido la tónica general durante las últimas semanas, puesto que era necesario pedir cita previa para acudir a las distintas oficinas que tiene el Banco de España por todo el país, debido a las limitaciones por la COVID-19. Sin embargo, en los últimos días se permitió que se acudiera sin necesidad de esa cita previa. El organismo está aceptando los billetes de peseta desde 1939, incluso algunos del periodo de la Guerra Civil. Sin embargo, la norma para las monedas afecta únicamente a aquellas que estuvieran en vigor en 2002, incluyendo las conmemorativas y las de 2.000 pesetas.

Este miércoles, a las 14 horas, las oficinas del Banco de España darán por finalizado el periodo de gracia concedido para el intercambio de la antigua moneda española, que ya quedará únicamente como una reliquia del pasado y sin valor monetario.

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