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La distribución demográfica en España demanda un tren más flexible y menos caro

El trabajo “Visualizando el tráfico ferroviario en España” muestra la incoherencia entre el modelo elegido para el moderno tren español y la distribución demográfica.

La sistemática reducción de frecuencias de viaje ferroviario en las ciudades poco pobladas puede llevar al colapso al sistema ferroviario español.

Mapa interactivo del tráfico ferroviario en España por Vizzuality

Mapa interactivo del tráfico ferroviario en España por Victoriano Izquierdo

El coctel geográfico-cartográfico-demográfico-informático que ha plasmado Victoriano Izquierdo en su trabajo Visualizando el tráfico ferroviario en España para Diario Turing aporta un punto de observación diferente que enriquece el debate, ya clásico e incluso tópico, en el epicentro de la pertinaz crisis económica que asola los últimos años y que fuerza a analizar cada cosa bajo el prisma de “si nos lo podemos permitir”.

Su mapa de la nueva España ferroviaria muestra al primer golpe de vista que podría ser verdad esa idea reiterada de que nuestro país tiene el diseño perfecto para estar conectado con tráficos ferroviarios de alta velocidad por encima de 300 kilómetros hora. Estos tráficos se convierten en servicios eficientes con una duración de hasta 150 minutos, siempre que las distancias máximas sean de 700 kilómetros.

Red centralista

La idea es cierta, pero solo si diseñamos la nueva red ferroviaria española, tal como se ha hecho con los 2.400 nuevos kilómetros del AVE durante las dos últimas décadas: poniendo como eje central y centralista a Madrid. Podríamos acuñar un refrán: “Todos los caminos ferroviarios llevan (o pasan) a Madrid”.

Pero, como se comprueba por los colores oscuros con mayor densidad demográfica del mapa de Victoriano Izquierdo, la población española, de manera muy mayoritaria, se concentra en la costa. De 46,8 millones de españoles contados por el INE, solo los 6,4 millones de madrileños y los 1,9 millones de sevillanos viven en ciudades del interior que se encuentra entre las diez primeras poblaciones por número de habitantes. Las ocho restantes son costeras. Los residentes de Barcelona (5,5 millones), de Valencia (2,5), Alicante (1,9), Málaga (1,6), Murcia (1,4), Cadiz (1,2), Vizcaya (1,1), y A Coruña (1,1), no solo habitan junto al mar, sino que además sus poblaciones están dispersas a lo largo de los 7.880 kilómetros de su costa, en un dibujo de complicada interconexión, máxime si siempre tiene que pasar por Madrid.

La visión de detalle de esta distribución demográfica demuestra que entre el epicentro madrileño y los destinos costeros más poblados se interponen escasos núcleos urbanos en medio de un erial de habitantes y, además, que Asturias y Extremadura aparecen como las comunidades peor conectadas.

A la vista de esta radiografía demográfica, expertos en movilidad vienen reclamando una modificación en el diseño de las nuevas redes del tren en España. Estiman que los estándares de vía y de trenes para 350 kilómetros por hora, además de ser mucho más costosos, son solo adecuados para tráficos densos y sin escalas entre megaurbes. Reclaman una explotación más flexible a 250 kilómetros hora, con trenes de explotación ‘low cost’ que puedan atender también las necesidades de los núcleos intermedios menos poblados. De hecho Renfe ya ha puesto sobre el terreno este tipo de oferta con los servicios Avant o Alvia, pero en las comunidades autónomas a las que sirven son considerados como “productos de segunda categoría”.

Densidad  

En relación con otros países en los que el tren veloz es una pieza clave de la movilidad y de la vertebración, España no solo es un país con núcleos de población dispersa, sino también con una densidad de población muy baja: 93 habitantes por kilómetro cuadrado. Japón, la cuna del tren de alta velocidad, tiene 337 habitantes por km2, Alemania, 226; Reino Unido, 264; Bélgica, Holanda y Luxemburgo oscilan entre los 300 y los 400. Francia es el más cercano a España con 117 habitantes por kilómetro cuadrado.

Poniendo en paralelo la densidad demográfica con la intensidad de los tráficos ferroviarios de cada país mencionado, detectamos la significativa desventaja en número de pasajeros de tren que presenta España. Así en 2012 el AVE español movió 22 millones pasajeros. Sumando todos los modos ferroviarios, AVE, servicios convencionales y cercanías, el tren español (con una red de 15.169 kilómetros, 2.400 de ellos de tren veloz) transporta  cada año alrededor de 500 millones de personas.

Estas cifras se quedan pálidas en comparación con las del ferrocarril alemán (41.896 kilómetros de red y 1.980 millones de viajeros al año), o del francés (29.901 kilómetros y 893 millones de pasajeros).

Aplicando la medida de número de pasajeros por kilómetro y año, que es la que aporta una visión exacta del nivel de uso de los ferrocarriles, y refiriéndonos a tráficos del tren veloz, la línea Tokio-Osaka en Japón transporta 235.000 viajeros; París-Lyon en Francia 59.000; y Colonia-Frankfurt en Alemania 51.000. En España el AVE con mayor ocupación es el Madrid-Sevilla con 14.000 pasajeros anuales por kilómetro.

Las deficiencias en el diseño y en la forma de explotación del AVE, quedan de manifiesto en la línea estrella de la alta velocidad española: el Madrid-Barcelona. Pese a que las aéreas metropolitanas de ambas ciudades son las que, respectivamente, tienen la tercera y quinta poblaciones más grandes en Europa (Londres, París y Ranstad comparten con ellas los cinco primeros puestos), este AVE solo transporta 11.000 pasajeros anuales por kilómetro.

Turismo

La baja densidad y la dispersión de la población residente en España, a los efectos de su movilidad ferroviaria, podría haberse paliado en parte por la importante población flotante, muy estacional, que aporta el negocio del turismo y que en 2012 se cifró en 57,7 millones de visitantes extranjeros. Una vez más, una mala decisión en el diseño de la moderna red del tren español ha dejado a los turistas al margen del AVE, y en general del ferrocarril por la sencilla razón de que el 77% de los visitantes extranjeros llegan a nuestro país en avión y, a día de hoy ningún aeropuerto (excepto el quebrado de Ciudad Real) tiene conexión directa con la red del AVE.

Otro elemento que no favorece la movilidad ferroviaria es la existencia de un doble ancho de vía (en realidad un triple) en la explotación ferroviaria. En el mapa realizado por Victoriano Izquierdo se marca con trazo amarillo grueso la red del AVE y en amarillo fino la red convencional. Esta diferencia representa una clara frontera tecnológica entre infraestructuras que se ha paliado, pero solo en parte, con los sistemas de cambios de ancho de Talgo y CAF incorporados a los trenes, y el despliegue del llamado “tercer hilo” o tercer carril que se instala en la vía.

Frecuencias insuficientes

El componente demográfico que tanta relevancia adquiere en el trabajo de Victoriano Izquierdo adquiere un significado especial, cuando el autor lo cruza con los servicios ferroviarios reales a día de hoy. Este experimento permite visualizar uno de los grandes problemas que aquejan al proyecto del moderno ferrocarril en España y que puede determinar incluso su colapso. Sumando el número frecuencias diarias de cada servicio (aparecen cuando se pincha en cada una de las estaciones de la red representada en el mapa de Izquierdo), comprobamos que prácticamente la mitad de los servicios que ofrece Renfe en su red tiene una o dos frecuencias de viaje en cada jornada.

En una explotación ferroviaria moderna, de la que ya sen excluido los viajes nocturnos, que una determinada ruta tenga solo una o dos frecuencias implica que el posible viajero tendrá posibilidad de elección nula e horarios para ir y volver en el día.

Este hecho ha provocado que en los últimos años las grandes estaciones de la red española (con amplia oferta de frecuencias) tengan una evolución positiva en número de pasajeros, mientras que las más pequeñas (incluidas las de nueva planta, con un nula oferta de frecuencias) mengüen en pasajeros hasta el absurdo.

Según los datos correspondientes a 2011, las cinco estaciones más usadas en servicios de AVE y de media y larga distancia concentraron más del 57% de los pasajeros: 26 millones sobre un total de 45,2 millones de usuarios. Son las de Madrid-Atocha y Chamartín, Barcelona-Sants, Valencia-Joaquín Sorolla y Sevilla-Santa Justa, todas ellas de la red del AVE.

Las 25 estaciones con mayor tráfico suman el 88% de los viajeros; 12 son de la red del AVE y otras 13 de la red convencional.

El ferrocarril español, sin embargo, cuenta con unas 1.600 estaciones, por lo que los más de 1500 apeaderos de menor tráfico se repartieron en 2011 los 5,4 millones de pasajeros restantes, que además resultaron ser 3’3 millones menos que en 2004. Estas cifras corroboran el deterioro galopante de los servicios de tren más allá de las grandes capitales.

Tal vez nos hayamos equivocado en el diseño del modelo ferroviario.    

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