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Florian Schmidt, el político ecologista que quiere pinchar la burbuja inmobiliaria en Berlín inspirado en la PAH

Florian Schmidt es el responsable de planificación urbana en Friedrichshain-Kreuzberg, en Berlín, el distrito que más recurre al "derecho de preferencia" para decidir el futuro de edificios en venta y luchar contra la carestía de la vivienda

Florian Schmidt, político ecologista responsable de la planificación urbana en el distrito de Friedrichshain-Kreuzberg, en Berlín.

Florian Schmidt, político ecologista responsable de la planificación urbana en el distrito de Friedrichshain-Kreuzberg, en Berlín. Aldo Mas.

El político ecologista Florian Schmidt se ha convertido en una destacada figura de la política local berlinesa. Lo ha hecho a base de ocuparse de uno de los grandes problemas de Berlín: la vivienda. Este hombre que pronto cumplirá 44 años trabaja en un austero edificio de titularidad pública de Berlín, en la sede del gobierno del distrito de Friedrichshain-Kreuzberg. Él es el responsable de obras, planificación y gestión urbana.

A diferencia de lo que ocurre con otros responsables de ese área en otros distritos de la ciudad, el nombre de Florian Schmidt suena a menudo en los medios de comunicación locales por su implicación en la lucha frente a los problemas habitacionales a los que se viene enfrentando la capital alemana. Entre 2004 y este año, el precio medio del metro cuadrado del alquiler se ha doblado en la ciudad, según la evolución que muestra el portal de estadísticas alemán Statista.

Son muchos los factores que explican una evolución así. También son muchas las iniciativas que desde Berlín se están tratando de lanzar para frenar lo que Schmidt llama "una espiral alcista de los precios del mercado inmobiliario". Por ejemplo, está la conocida como ley de 'freno del precio del alquiler' y su último endurecimiento, la ya aplicada congelación de los alquileres durante cinco años o la iniciativa ciudadana que quiere expropiar a las grandes empresas propietarias de viviendas. Berlín se está ganando a pulso la designación de "laboratorio europeo" donde probar cómo reventar burbujas inmobiliarias y del alquiler.

Las dos mesas del despacho de Florian Schmidt, llenas de dosieres, documentos y archivadores, forman parte de ese "laboratorio". Schmidt está a la vanguardia de ese trabajo que él mismo presenta como la búsqueda de maneras para pinchar la burbuja que está encareciendo el precio de la vivienda en la capital teutona. Hay "una burbuja de precios y tenemos que pincharla", dice Schmidt a eldiario.es.

En las intenciones y medidas lanzadas por el actual Gobierno alemán – la vivienda es una competencia cuya legislación en Alemania depende fundamentalmente del ejecutivo central –, Schmidt ve insuficiencias. A su entender, a la 'gran coalición' de cristianodemócratas y socialdemócratas que dirige la canciller Angela Merkel le falta "motivación" para actuar de forma decisiva en esta materia.

En Berlín, el Gobierno del Land, que está en manos de socialdemócratas, ecologistas e izquierdistas de Die Linke, ha impuesto recientemente una congelación durante un lustro del precio de los alquileres. Para Schmidt, esa medida sólo es una "pausa" en la espiral alcista de los precios. "Es algo que ayuda a que podamos trabajar, a que se pueda construir y que haya más mecanismos de protección. Es un instrumento de emergencia pero no es una solución", sostiene Schmidt.

La vivienda: “combustible para el conflicto social”

Este hombre está al frente de una idea llamada #200Häuser, algo así como "200 Bloques". Quiere Schmidt crear a través de ella una red en Berlín que impida que los edificios donde se vive de alquiler pasen a ser edificios donde sólo haya apartamentos privados. Sólo en su distrito hay miles de personas que viven de alquiler y que están amenazadas. Sus apartamentos pueden cambiar de propietario próximamente. De ser así, el nuevo dueño puede rescindir el contrato de arrendamiento argumentando "necesidad propia".

Así, hay un número creciente de personas en Berlín que pueden verse obligadas a cambiar de casa en un momento en el que encontrar una vivienda asequible nunca fue tan difícil. Para Schmidt, esta situación es "combustible para el conflicto social". Sólo en el distrito de Friedrichshain-Kreuzberg se estiman en unos 255 el número de edificios afectados por este problema.

"Ya no es fácil encontrar vivienda y las nuevas construcciones que están en marcha van a tardar mucho hasta que se satisfaga la demanda de la ciudad", explica Schmidt. Cada año se mudan a Berlín unas 40.000 personas, pero en la ciudad-estado germana el número de las viviendas que se construyen anualmente no llega a las 20.000.

Así, según Schmidt, en el sector de la vivienda de Berlín está asumido que hasta dentro de diez o quince años la oferta no va a satisfacer a la demanda. "En esta situación, no puede ser que sólo los ricos sean los que puedan buscar una casa, y que los pobres tengan que salir de las suyas porque los ricos quieran entrar a vivir en ellas. Esto es algo injusto que pone en peligro la existencia de la gente amenazada por este fenómeno", plantea Schmidt.

Inspirado en la PAH

En su idea de "200 Bloques" con inquilinos amenazados por cambio de propietario, Schmidt dice estar inspirado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). "La idea es poner en red y en comunicación a la gente de esos 200 edificios y luego todos los de Berlín. Son alrededor de 100.000 apartamentos. Estamos hablando de una increíble cantidad de gente que se podría ver beneficiada", dice este político ecologista, que ha vivido en Barcelona y que está casado con una mujer española.

"Para mí la PAH es un ejemplo. Han logrado hacer una ONG que trabaja con la gente y que se ocupa de los temas de vivienda. Es capaz de implicarse en reformas legislativas y de dar apoyo a los afectados", reconoce Schmidt. "En Berlín inspira esa idea de la PAH de que cuando haya gente que tenga que salir de su apartamento, tiene que saber primero dónde va a ir a vivir, para que así nadie se quede en la calle", añade.

Para luchar contra esa situación, su distrito, por ejemplo, ha ejecutado en 19 ocasiones el “derecho de preferencia” sobre edificios puestos en venta. El "derecho de preferencia" es un instrumento puesto a disposición de las autoridades en aquellas zonas de la ciudad con los mercados inmobiliarios más tensionados. Gracias a ese derecho, cuando sale a la venta un edificio, el distrito tiene prioridad para comprarlo o facilitar la adquisición a otros actores económicos que no sean los inversores tradicionales.

Pintada en la que se puede leer DW - Enteignen o “Expropiar a Deutsche Wohnen”, de la iniciativa sobre la expropiación a grandes propietarios en Berlín.

Pintada en la que se puede leer DW - Enteignen o “Expropiar a Deutsche Wohnen”, de la iniciativa sobre la expropiación a grandes propietarios en Berlín. Aldo Mas.

"Hay empresas que compran los edificios, están quince años en propiedad y luego vuelven a venderlos. Y así sólo el precio puede ir para arriba”, constata Schmidt. Su distrito, Friedrichshain-Kreuzberg, es donde en más casos se ha implementado el "derecho de preferencia". En toda la ciudad se ha hecho en 37 ocasiones. Lo habitual en estos casos, es que los edificios afectados pasen a manos de cooperativas de vivienda. Las hay, como Diese eG, que están especializadas en comprar cuando las autoridades públicas intervienen con su "derecho de preferencia".

Viena, el modelo a seguir

Schmidt no quiere simplemente poner viviendas en manos públicas. Su idea pasa por incentivar estas cooperativas de inquilinos, empresas en las que este político ecologista ve un gran potencial. "Se puede hacer que las casas pertenezcan a la gente que las habita pero no como propiedad individual, porque ésta favorece la especulación, sino como propiedad de una cooperativa", explica Schmidt. Este tipo de empresas juegan un papel clave en ciudades como Viena, donde las autoridades de la capital austriaca y estas cooperativas suman cerca de 340.000 viviendas. Con ellas, han demostrado ser capaces de llevar los precios del alquiler a la baja.

En los planes de Schmidt, Berlín debería, en los próximos 30 años, multiplicar por 2,5 el tamaño del parque de vivienda pública y de cooperativas beneficiadas por las autoridades. Si actualmente hay 500.000 de estas viviendas, en 2050 deberían ser 1,25 millones. Para lograrlo, Schmidt ve fundamental la participación de empresas que pueden ser de titularidad pública o no, y de bancos éticos o especialmente implicados en proyectos medioambientales como son las entidades alemanas UmweltBank, el GLS-Bank o el neerlandés Triodos Bank. "Los fondos para invertir existen", apunta Schmidt.

El plan de Florian Schmidt recoge que en los próximos 30 años se debería multiplicar por 2,5 el tamaño del parque de vivienda pública.

El plan de Florian Schmidt recoge que en los próximos 30 años se debería multiplicar por 2,5 el tamaño del parque de vivienda pública. Aldo Mas

El horizonte que Schmidt tiene dibujado en su "plan maestro" hay una fecha límite: 2050. Sus ideas, de aplicarse, necesitarían, primero, que el bloque de izquierdas que hoy gobierna la ciudad lo abrazara y, segundo, que una eventual alternancia política no diera al traste con sus planes.

"Ahora mismo tenemos un debate en la sociedad, como también ocurre con el tema del medioambiente o del transporte", explica este político ecologista. "En ese debate hay dos sectores enfrentados: unos dicen que a los actores económicos no se les puede atacar y que hay que favorecer la inversión para que se construya más. Y otros que dicen a eso que 'no', que hay que regular más", abunda. Alude a las posiciones que defienden, respectivamente, el bloque liberal-conservador y el que conforman socialdemócratas, ecologistas e izquierdistas.

Las próximas elecciones en el Land de Berlín tendrán lugar en 2021, el mismo año en que están previstos los próximos comicios generales germanos. "Esas elecciones van a ser decisivas", comenta Schmidt sobre la relevancia de esas citas con las urnas. Entre tanto, Berlín sigue acusando la falta de ritmo en la construcción de viviendas. El gobierno de la ciudad-estado que es Berlín ha reconocido que faltan, desde ya, unas 130.000 viviendas con las que estabilizar la demanda en la ciudad.

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