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Nóminas de mis padres y aval bancario: lo que me exigieron para alquilar un piso en Madrid teniendo contrato de trabajo

María es una trabajadora joven gallega que busca piso en Madrid: "Pensé que tener trabajo me permitiría alquilar un piso en Madrid sin recurrir a mi familia para que respondieran con su dinero por mí. Me equivocaba"

Los caseros le exigieron su contrato laboral, las tres últimas nóminas, las tres nóminas de su madre y las tres de su padre, además de un aval que garantizase que ellos responderían por ella en caso de impago 

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Imagen de la ciudad de Madrid. EFE

Cuando empecé a buscar piso a finales de mayo, sabía que lo estaba haciendo en plena burbuja del alquiler y lo que eso suponía: que los precios están disparados en toda España, pero sobre todo en Madrid, donde las rentas se han encarecido en los últimos cuatro años un 27%. En ese momento desconocía la carrera de obstáculos que supondría encontrar un piso para mí sola en el centro, dentro de la M30, con un presupuesto máximo de 650 euros y las exigencias que iban a imponer los propietarios.

En los portales Idealista, Fotocasa y enalquiler −que de un día para otro pasaron a copar mi listado de favoritos del navegador−, la mayoría de los anuncios especifican que hay que adelantar tres meses de golpe (agencia, fianza y primer mes) y otros que llegan a exigir un cuarto mes también como depósito de garantía. Determinados propietarios y agencias que alquilan los estudios más pequeños y baratos indican a quienes no tienen contrato de trabajo fijo que se abstengan de responder a sus ofertas.

Tras dos semanas de búsqueda, encontré algo que se aproximaba a mis requisitos: un piso de 650 euros, justo mi tope de presupuesto, en un barrio del centro de Madrid bien comunicado. La parte difícil estaba hecha, me dije: tenía el piso y tenía el dinero para pagar el alquiler.

Pensé que tener un contrato de trabajo me permitiría alquilar un piso en Madrid sin recurrir a mi familia para que respondieran con su dinero por mí. Error. Me equivoqué.

Los caseros me soltaron una lista de exigencias y peticiones de sopetón al acabar la visita: mi contrato laboral, mis tres últimas nóminas, las tres de mi madre y las tres mi padre, además de un aval que garantizase que ellos responderían por mí en caso de impago. Mi contrato no es indefinido y tampoco lo suficientemente alto para asegurar el pago en caso de que ocurra algo, se justificaron con amabilidad.

Al otro lado del teléfono al día siguiente, a mi padre le costaba creer lo que estaba oyendo. Recuerdo esa llamada con el bochorno de tener que movilizar a mi familia para escanear papeles, pedir sus nóminas e ir al banco, y todo pese a tener yo mi propio trabajo y un sueldo.

Acabamos aceptando todo lo que se nos pedía y entregamos la documentación esta semana, empujados por la falta de alternativas y el convencimiento de que el siguiente piso tendría unas condiciones similares... O peores.

María B. 

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