Algo huele a podrido en The District mientras desahucian a Maricarmen y la gente despierta
Imagino que, como tanta gente, andas con el desahucio de Maricarmen revoloteando por la cabeza o saliendo a cada rato en tu pantalla de móvil (así es el algoritmo), e incluso generando algún que otro nudo en el estómago.
Por una parte, impacta la inhumanidad de la empresa, Urbagestión, de los jueces y de todas, repito todas las administraciones, tanto el Gobierno, como la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, han llegado a cotas que no imaginábamos. También de la policía. Las imágenes del policía gritando al otro lado de la puerta “va, Maricarmen, abre”, ¿Quién será? Y las imágenes de Maricarmen saliendo en camilla son ya, sin duda, el símbolo y el resumen de un fracaso en toda regla del sistema de protección social.
Si eso puede pasar, ¿de qué sirve la Constitución que en teoría garantiza los derechos básicos y prevalece sobre el resto de leyes? Ahora, le entran al Gobierno las prisas para aprobar el decreto con el escudo antidesahucios (que debería ser permanente desde hace décadas) y Sumar propone expropiar la casa a Urbagestión. ¿Dónde han estado hasta hoy, cuando se ha ido contando el desahucio paso a paso y ha generado además gran revuelo e impacto ya desde antes que sucediera? En entrevista con elDiario.es, la ministra de Vivienda me dijo que haría “todo lo posible” por frenar el desahucio, pero al mismo tiempo no se atrevía a poner fecha a la votación de un nuevo decreto, cuando el ejecutivo no aceleró para nada los cambios para adaptarlo al Congreso tras los recelos de Junts y Podemos en julio. ¿Cómo pueden Ayuso y Almeida dormir tranquilos sin haber ofrecido siquiera un pequeño piso donde vivir a Maricarmen como alternativa habitacional y sin haber ejercido el tanteo y retracto para comprar la vivienda?
Pero por otra parte, la sensación de despertar cuando el despertador lleva horas, meses, años, décadas sonando. Hay miles de desahucios al mes, todavía, y los hemos visto de todos los colores: una vez llegué a entrevistar a una mujer a quien le pusieron el desahucio el mismo día que tenía la quimioterapia de su hijo, con leucemia.
Todos sabemos qué tiene Maricarmen. Es mayor, muy mayor. Lleva mucho tiempo viviendo en el piso. Sus caseros han sido el summum de la inhumanidad por el lucro. Y tiene un carisma y un discurso inquebrantables, con una capacidad de lucha y de resistencia que seguramente la mayoría de jóvenes a priori más fuertes no habríamos sostenido. Maricarmen se hizo enorme en la resistencia y la han hecho pequeña con la represión.
Me quedo con esta respuesta de la imperdible entrevista de la compañera Lourdes Barragán a la abogada de Maricarmen: “Es increíble ver cómo ha cambiado a nivel físico Maricarmen desde que vivimos el primer intento de desalojo, en octubre de 2025, y en este último. Ella era alguien que iba andando a todas partes, y que cuando venía a verme al despacho para revisar el caso hacía varios trasbordos y no le importaba. Ahora no puede moverse sin una silla de ruedas, todo en menos de un año de estrés y agotamiento”. Eso se lo han hecho Urbagestión y los gobiernos.
Pero por mucho que Maricarmen tuviera todo lo necesario para ser un símbolo, un icono, también te hace preguntar qué le faltaba a los más de 300.000 desahucios que se han ejecutado en los últimos diez años. ¿No ha habido ninguno a una persona suficientemente mayor, suficientemente vulnerable, suficientemente carismática como para despertar antes?
Mi humilde teoría es que hubo un momento, después de la crisis de 2008, en que llegamos a normalizar los desahucios porque no hemos nunca llegado a aceptar del todo que sean posibles en una democracia. Con la recuperación económica y la caída del número de ejecuciones hipotecarias (han sido sustituidas por desahucios por impago de alquiler), preferimos pensar: “ah, bueno, ha mejorado la cosa, el problema ahora son los precios, no los desahucios”. Pero no, los desahucios por impago de alquiler siguen siendo la cara más cruda y más visible de la cantidad de gente a la que echan de sus casas, no solo por impago, sino también por fin de contrato del alquiler. Y tal vez, la más valiente, porque la mayoría preferirán marcharse antes de ver a la policía en la puerta de casa. Pero creo que la época de los desahucios posburbuja ya empiezan a quedar lejos y que muchos jóvenes ni siquiera los vivieron. Tal vez muchos hayan descubierto por el desahucio de Maricarmen que esta realidad sigue siendo cotidiana. Y tal vez el despertar del movimiento de la vivienda sea ahora un rugido más global y persistente.
En el reparto de tareas, no me tocó ir al desahucio de Maricarmen, que lo cubrió sobre el terreno y con todo detalle el compañero Guillermo Hormigos, entre los periodistas a los que la policía quiso alejar de contar lo que estaba pasando allí. Pero lo hizo y muy bien.
Me tocó ir a The District, la mayor feria inmobiliaria de España, que ha sido expulsada por la hostilidad de Barcelona y donde se esperaban protestas. Tuvieron lugar algunas a las puertas del recinto de Ifema. Pero hubo otra dentro del recinto, en la que tres personas lanzaron octavillas y, por lo que pareció después, varias bombas fétidas. Olía fatal. Olía fatal en The District, la feria de los inversores que si hablamos de vivienda no es difícil que sea sinónimo de especulador.
Pero por muy mal que oliera, seguramente muchos escogerían sentir ese olor toda su vida en vez de dejar de enriquecerse. Por muy mal que oliera, ese malestar momentáneo no se compara con la pérdida del hogar, que es también la pérdida de identidad como decía la abogada de Maricarmen. Y tampoco creo que ese olor fétido les hiciera reflexionar sobre lo que están haciendo y la culpa que deberían sentir.
Pasaban las horas, pasaban las trabajadoras de la limpieza y todo tipo de productos y el olor no se iba. Maricarmen seguía en su casa, pero le quedaban horas. Y algo olía muy mal allí dentro. Un cartel ofrecía rentabilidades de hasta el 101% por invertir en nueva vivienda en un complejo de viviendas de Hortaleza, en Madrid. O sea, que si pones, supongamos, 1.000 euros en esa promoción, recuperas 2.000. ¿Quién pagará la diferencia? Seguramente el comprador y, si lo llega a haber, el inquilino. Algo olía muy mal. Sodacrowd se llamaba la empresa.
Atorado por la actualidad, no pude hacer lo que me hubiera gustado: preguntar a los inversores por Maricarmen. He visto en un vídeo en redes de Woke Up News que lo intentaban y en general miraban hacia otro lado y se iban. Porque saben que son cómplices. El otro día, Juan Velayos, presidente de The District, me dijo una frase que nunca olvidaré cuando le pregunté por la tensión de la vivienda y la responsabilidad de los fondos: “el capital es sensible”. Eso en una feria donde la gente va a hacer dinero y, si puede, a hacerse rico, gracias a los elevadísimos precios por los que se puede vender o alquilar una vivienda.
Los administradores de Urbagestión, Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes, son dos personas ahora mismo sin huella digital y con la suerte de tener nombres tan comunes que fácilmente puedes encontrar a otros que se llamen igual. Pero en la búsqueda de trabajadores de Urbagestión he encontrado a otro tal Alonso que al parecer trabajó en la misma empresa y que, en otra empresa en la cual trabaja ahora, se define como “experto en compra de vivienda con inquilino”.
¿Por qué compra alguien una vivienda con inquilino? Para obtener una renta fija y, si esta no te satisface, echarlo y cobrar más o echarlo y venderla más cara. Una oportunidad de mercado, una vez “liberado el activo”, que así se dice en idioma inversor especulador.
Aunque considero detestable la práctica de los fondos que especulan con vivienda y van inflando los precios de los pisos hasta la asfixia de los ciudadanos, les reconozco dos cosas. A la hora de construir o de rehabilitar vivienda, e incluso vivienda protegida, el Estado va a necesitar su dinero y ahora mismo su pasta puede tener una parte de la solución.
Y les reconozco otra cosa: los caseros particulares, aunque hay excepciones, replican muchísimas veces el egoísmo de esos fondos y buscan también el máximo lucro. Y son muchos más. Aunque pueda entender que los fondos e inmobiliarias marcan tendencias en el mercado y exprimen al ciudadano a gran escala, eso no exime de responsabilidad a la ingente cantidad de propietarios particulares que hacen exactamente lo mismo. Por eso, a veces rehúyo del discurso de los grandes fondos, tan cómodo para quien tiene un par de pisitos, nada, alquilados en la costa.
Maricamen nunca tuvo que ser denunciada, su vida nunca tuvo que depender de lo que quiera una empresa. Y en este caso, ni siquiera ha jugado el papel sorpresa o una viralidad sobrevenida porque llevábamos meses avisando. Meses en los que se podrían haber tomado muchas decisiones para cambiar el rumbo de las cosas y no se han tomado.
Pero para que Maricarmen haya sido desahuciada, y para que millones de personas vivan hoy en día con un nudo en el estómago por si van a poder pagar el alquiler, por si van a poder pagar la hipoteca, atrapados a una vida que no quieren por poder pagarse un techo, sin margen para tomar decisiones, para darse un respiro, para cambiar de trabajo, para arriesgar, para que todo eso exista, digo, tiene que existir una actividad económica que se lucre de ello. Y una actividad económica que consiste en que tu cliente tenga mala vida, tenga miedo al desahucio, no duerma bien por las noches, se parece mucho a una actividad delictiva, algo que no debe sorprendernos tantos cuando el artículo 47, ese mismo que desde el Gobierno utilizan para poner nombre a su empresa pública pero no para hacerlo cumplir, ya recoge que los poderes públicos han de garantizar el derecho a la vivienda y hace mención específica a “impedir la especulación”. Las administraciones incumplen la constitución.
Y cuanto mayor vaya siendo la bola, cuanto más impactantes sean las imágenes de Maricármenes que nos impactan y representan (y habrá más, habrá muchas más), más drásticas tendrán que ser las soluciones. Porque ya no empieza a sonar del todo descabellado expropiaciones masivas, contratos de alquiler indefinidos, prohibición de comprar segundas o terceras residencias o prohibición de comprar ya no a los fondos sino a las empresas, prohibir la inversión en vivienda, penalizar fiscalmente a las que estén vacías. Empieza a sonar más bien urgente.
Poder privado
El día después de que desahuciaran a Maricarmen, el presidente de The District, Juan Velayos, dijo que se había montado un “circo mediático” con Maricarmen. Y además, sacó pecho de que España fuera el primer destino europeo de inversión inmobiliaria extranjera, con 12.000 millones captados en el primer semestre, de los cuales 4.580 millones se fueron a vivienda o 'living', como le llaman ellos para que no le cojas cariño al hogar. Para que haya tanta inversión en vivienda, tiene que haber muchos retornos, comisiones, beneficios que se van más allá de lo esencial y que acaba pagando el comprador o inquilino. Living la vida loca, están los inversores.
El lector denuncia (o consulta)
¿Conoces casos de personas que están en riesgo de desahucio o eres uno de ellos? ¿Está abusando tu casero de tu alquiler? Cuéntamelo en vivienda@eldiario.es
Esperemos, aunque lo dudamos mucho, que esta dura semana haya servido para que los poderes empiecen a tomarse en serio lo de garantizar una vivienda a la población y no el enriquecimiento de los especuladores.
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Sobre este blog
La pregunta “¿dónde vives?”, que antes servía para llenar silencios o ubicar a una persona, es hoy un interrogante afilado sobre tu situación económica y tu salud mental. Germán Aranda repasa cada jueves las principales noticias y debates sobre la crisis de la vivienda.
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