Ni ‘carcas’, ni ‘abuelitos’, ni 'jubiletas’: por qué el lenguaje puede ser edadista y cómo evitarlo
Aunque parezca mentira, la edad puede ser un estigma social en muchos aspectos. Una discriminación, tan extendida como poco visible, con un nombre propio: edadismo. Y son las personas mayores quienes más lo padecen: una de cada tres en Europa. El problema es serio. Investigaciones recientes sugieren que este tipo de marginación, hoy en día, puede ser incluso más generalizada que el sexismo y el racismo. Sus consecuencias son dañinas tanto para los individuos que las sufren —afectan a su salud física y mental, y a su bienestar social—, como para el conjunto de la sociedad.
Por error, se da por hecho que este colectivo apenas tiene algo que aportar, por lo que se le invisibiliza y se le excluye del mercado laboral. Esto provoca secuelas nocivas en el resto de la ciudadanía, ya que es incapaz de aprovechar lo mucho —y bueno— que pueden aportar estas personas más veteranas.
El edadismo se puede manifestar de múltiples formas. Algunas son muy evidentes. Otras, en cambio, son más sutiles. Consciente de esta realidad, la Fundación “la Caixa” ha puesto en marcha diferentes acciones diseñadas para combatir esta discriminación tan extendida. Una de estas iniciativas es el nuevo Taller sobre edadismo: cómo detectarlo y prevenirlo, que se imparte en los 634 centros propios y conveniados con las administraciones públicas de toda España. El objetivo es que las personas mayores dispongan de herramientas para afrontar situaciones de edadismo y se conviertan en agentes activos para sensibilizar sobre este tema en su entorno más cercano. Se convierten así en voluntarios, cuya misión es concienciar frente a esta forma de discriminación. Entre las actividades comunitarias que se impulsan en estos talleres, destacan sobre todo las de carácter intergeneracional, en las que intervienen personas mayores y jóvenes.
Las charlas se desarrollan en dos sesiones participativas que invitan a los asistentes a compartir sus vivencias en un espacio seguro y de confianza. Las actividades están diseñadas para fomentar la conversación y el análisis colectivo. Así es posible conocer más sobre el edadismo y actuar ante estas situaciones. El taller, además, pone el foco en la necesidad de identificar y cuestionar actitudes edadistas, tanto propias como ajenas, para generar un cambio real. A lo largo de los encuentros se abordan temas clave como el poder del lenguaje y su impacto en la percepción de la vejez, los derechos de las personas mayores y el papel fundamental de la educación y las actividades intergeneracionales en la construcción de una sociedad más inclusiva.
En esta misma línea, la institución ha publicado el Glosario sobre edadismo, una recopilación de 45 palabras y expresiones facilitadas por centenares de participantes del Programa de Personas Mayores de la entidad en distintas ciudades de España. Cada vocablo permite desarrollar una reflexión conceptual sobre el edadismo. De esa manera, se busca concienciar a la sociedad sobre el daño que provoca este lenguaje —a menudo, inconsciente—y evitar así su uso. Al fin y al cabo, las palabras que elegimos no solo comunican ideas. También revelan estereotipos, actitudes negativas y prejuicios hacia las personas por su edad que, a veces, ni siquiera advertimos. Mediante expresiones, frases hechas y la elección de determinados términos, es fácil caer en actitudes que infantilizan, despersonalizan o deshumanizan a las personas mayores, lo que refuerza aún más su exclusión. Hay muchos ejemplos de esta realidad.
Ocurre cuando se recurre a diminutivos como viejito o abuelito de forma generalizada, y se emplean posesivos como nuestros mayores o nuestros abuelos. También cuando se trata a todas estas personas como si fueran un colectivo homogéneo, sin tener en cuenta la singularidad de cada individuo, y se las mete a todas en el mismo saco de los jubilados, los pensionistas, los viejos, los abuelos… O cuando se pierde la empatía en el trato, y se emplean expresiones deshumanizadoras como carca, dinosaurio o momia al referirnos a estos ciudadanos de mayor edad.
Concienciación frente al edadismo
Otra iniciativa impulsada por Fundación “la Caixa” para concienciar sobre este tema es la campaña Señalando el edadismo. A partir de la pregunta “¿Hasta qué punto juzgamos por la edad?”, este experimento social en el que se juntan ocho desconocidos de diferentes generaciones trata de desmitificar la percepción preestablecida de una persona mayor. Lo que en principio parece un juego sencillo se convierte en una demostración clara de cómo los estereotipos nos afectan. Por ejemplo, se puede ser youtuber con 87 años, estudiar la carrera de Humanidades con 74 años o nadar 2.000 metros cada día con 77.
Además, la entidad ha retransmitido por streaming el debate Edadismo y personas mayores. Hacia una sociedad más intergeneracional y diversa, celebrado en el Espacio Fundación “la Caixa” Murcia y en el que ha participado Montse Cerdán, psicogerontóloga y profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, además de autora del Glosario sobre edadismo.
“Alrededor del 50 % de la población española percibe que hay discriminación por edad hacia las personas de 55 años o más”, admite la doctora Vania de la Fuente-Núñez, experta en envejecimiento saludable y edadismo. “Nuestra voluntad es escuchar a las personas mayores y propiciar la participación activa y comunitaria para facilitar herramientas que permitan reducir los estigmas y la discriminación”, coincide David Velasco, director del Programa de Personas Mayores de la Fundación “la Caixa”, cuyo objetivo es responder a los retos actuales asociados a la etapa de la vejez. Este programa ya es centenario y en la actualidad, está enfocado en acompañar al colectivo para que viva esta etapa con conciencia y responsabilidad, y disfrute del presente de forma activa.