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La culpa de las personas refugiadas: “Estoy a salvo, pero dejé atrás a parte de mi familia”

Sara Rosati / Realización: David Roman | Diseño: Diana Matarranz

Por primera vez en la historia hay 100 millones de personas en el planeta que se han visto forzadas a huir de sus casas por conflictos o violencia. Esto equivale al doble de los habitantes de España o al 1% de la población mundial. “Son cifras alarmantes”, afirma la portavoz de ACNUR Olga Sarrado desde Varsovia, la capital de Polonia. 

Precisamente ha viajado hasta allí para dar apoyo a los cientos de refugiados que han llegado al país desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania. Polonia es el país que más refugiados ha acogido hasta el momento: más de 1.600.000, según los datos de la ONG. 

Y a medida que pasan las semanas, las personas que llegan al país lo hacen con menos recursos económicos y con altos niveles de ansiedad, ya que muchos de ellos han pasado semanas escondidos en un búnker, en zonas con un conflicto activo. “El sentimiento de culpa es algo que nos repiten a menudo las personas refugiadas: ‘Estoy a salvo, pero dejé atrás a parte de mi familia”, cuenta Sarrado. 

Y no importa si los desplazados son de Ucrania, Etiopía, Burkina Faso, Myanmar o Nigeria:  “Tienen algo en común y eso es que no han tomado la decisión de forma voluntaria de dejar atrás sus hogares”, explica la humanitaria que aboga por una solidaridad igualitaria hacia todos los refugiados, sea cual sea su origen y el conflicto del que huyen.

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