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Comienzan los trámites para declarar el yacimiento de Villasviejas del Tamuja, en Botija, Bien de Interés Cultural

Yacimiento Arqueológico de Villasviejas del Tamuja, en Botija / GobEx

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Una verdadero joya de la Extremadura rural. El Yacimiento Arqueológico de Villasviejas del Tamuja es uno de los castros más emblemáticos de la cuenca extremeña del Tajo, tanto por su importancia histórica como por sus características constructivas.

Está enclavado en un paisaje adehesado con presencia de ríos y arroyos que surcan la penillanura pizarrosa y forman los llamados “riberos” o encajonamientos por la erosión. Conserva restos arqueológicos correspondientes a la II Edad de Hierro (siglo IV a.C.), pero con una ocupación anterior y una continuidad en la utilización del poblado fortificado hasta el cambio de era.

El Diario Oficial de Extremadura (DOE) publica la resolución por la que se procede a abrir el expediente para declarar Bien de Interés Cultural (BIC) a este yacimiento situado en la localidad cacereña de Botija, en la categoría de Zona Arqueológica. El objetivo es reconocer y proteger este elemento relevante del patrimonio cultural extremeño.

Tras publicarse la resolución el DOE, se abre un periodo de un mes para el trámite de información pública. Este yacimiento ha sido objeto de varias excavaciones, complementadas recientemente con estudios sobre análisis de paisajes arqueológicos.

Su declaración como BIC viene justificada por la relevancia histórica, arqueológica y patrimonial, puesto que es importante para la comprensión del poblamiento del territorio extremeño en el período conocido como Segunda Edad del Hierro, especialmente en la cuenca extremeña del Tajo, que culminará con el control por parte de Roma de todos estos territorios.

Se sitúa entre los términos municipales de Botija, donde se ubica el poblado y la necrópolis de El Mercadillo, y Plasenzuela, donde se encuentran las necrópolis de El Romazal I y El Romazal II.

DOS RECINTOS

Este asentamiento tiene la particularidad de contar con dos recintos amurallados independientes, situados en dos pequeños promontorios enmarcados por los meandros encajonados del río Tamuja.

El llamado Recinto A está situado en una península estratégica y de fácil defensa al estar delimitada por el escarpe del citado río y el desnivel producido por el arroyo del Verraco. La zona llana, protegida por dos grandes fosos, permitía un acceso rápido a los recursos prioritarios, como el agua, los campos de cultivo y la dehesa.

El Recinto B se localiza en una pequeña loma al suroeste del anterior. Su forma es cuadrangular, con una pendiente considerable desde la esquina suroeste hacia el flanco norte, que está salvaguardado por el encajonamiento del Tamuja. El resto de flancos, excepto el este, en donde se encuentra también el mencionado arroyo del Verraco, están reforzados por fosos longitudinales tallados en la pizarra natural.

En el entorno del castro se sitúan las tres necrópolis de cremación, que informan de las creencias, organización social e influencias de los pobladores protohistóricos del lugar. Se considera que la del Mercadillo es la más antigua y presenta restos depositados en urnas, con algunos elementos de ajuar y protegidos a veces por encanchados circulares o cuadrangulares, lo que es un elemento inédito en las necrópolis de Extremadura y relaciona a la de Botija con las Ibéricas Andaluzas y de la Meseta Sur.

La declaración como BIC implica no solo la protección del bien, sino de su entorno inmediato, conforme a criterios contemplativos de la Zona Arqueológica. De este modo, se preserva, además, el paisaje circundante para protegerlo de acciones, como futuras edificaciones, que puedan dificultar la correcta visualización del bien.

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