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Apología de la palabra

Hernán A. G.

El poder de la palabra… es algo a lo que no le damos la suficiente importancia. Tiene poder, y mucho…

En la actualidad todos tenemos en teoría, el poder de la palabra, el poder de dar nuestra opinión, convenciendo e influenciando a otras personas; pero hay un problema: en este país hay gente condenada o encausada por usar la palabra de una u otra manera, por expresar sus ideas mediante esta sin llegar a utilizar en ningún momento algo más que eso, la palabra.

Por ejemplo, Pablo Hasel, rapero condenado a dos años de cárcel en 2014 por ‘’apología al terrorismo’’, las decenas de condenas a gente por twitear determinado humor negro o el último caso: el poeta Aitor Cuervo que está pendiente de juicio por lo mismo, supuesta ‘’apología del terrorismo’’. Todo esto mientras vemos cómo la Fundación Francisco Franco recibe subvenciones del gobierno o el conocido ‘’periodista’’ de la derecha más rancia, Federico Jiménez Losantos dice de forma explícita en la radio que le pegaría un tiro a los de Podemos.

El actual gobierno, creador de la totalmente antidemocrática y represiva Ley Mordaza, acusa de ‘’apología del terrorismo’’ a todo aquel que no le guste, como se ha podido ver recientemente en el caso de los titiriteros.

La palabra, que guía la opinión de todos, está presente en todos los aspectos de nuestra vida. Desde nosotros leyendo twitter, escuchando a un profesor en clase, leyendo un periódico, viendo las noticias, una película o hablando con nuestros amigos.

Claro que tiene poder la palabra. Pero según el número de personas a las que llegue nuestra palabra o mensaje, más poder tendrá.

Aquí entran los medios de comunicación, sobre todo los tradicionales. Televisión, periódicos y radio, aunque buena parte del sector digital también. Lo que ellos digan, su palabra, influye y amolda la opinión de gran parte de cada país. Y esto puede ser bueno o malo. Pero en la inmensa mayoría de los casos es malo. ¿Por qué?

Porque no tienen límite. Y cuando digo que no tienen límite me refiero a que pueden conseguir que una gran parte de la población (sus lectores, su audiencia) repita su discurso. Sea el que sea, llegando a justificar y defender a capa y espada que en pleno S. XXI se encarcele a dos personas por representar una obra de teatro. ¡Una obra de teatro! Es ficción, sátira y nunca puede ser condenada. Puede gustarte más o menos, hacerte gracia u ofenderte, pero nunca puede ser delito.

Es tan absurdo como si ahora juzgasen a todos los directores de películas de acción en las que hay asesinatos por ‘’apología de los asesinatos’’ o como si juzgasen a Dani Rovira por su interpretación en 8 apellidos vascos por ‘’apología del terrorismo’’. Suena a algo de locos pero ahí tenemos a todo el PP e incluso al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, defendiendo el encarcelamiento de los titiriteros.

Y esto sucede debido a que, todos los medios de comunicación tradicionales y la gran mayoría digitales son propiedad de las grandes oligarquías financieras del mundo. Esto significa que representan la opinión e intereses de sus dueños, que no tienen ni de lejos que ver con los de la mayoría de la población.

Ante todo esto, podemos y debemos hacer uso del poder de la palabra. Para convencer, uno a uno si hace falta, de que la mayoría de la sociedad, los de abajo, la working class, tenemos unos intereses y ellos, los de arriba, los dueños de la mayoría de los medios de comunicación, los que no saben lo que es no llegar a fin de mes o ser desahuciado, esos jefes de la patronal condenados a tan solo dos años de cárcel por robar 4 millones de euros, -la burguesía -,  tienen otros muy distintos.

Por eso, hay que crear conciencia mediante la palabra. Mediante argumentos y el sentido común hay que hacer ver a mucha gente que gracias a la palabra de otros ellos mismos están defendiendo unos intereses contrarios a los suyos.

Y poco a poco, gracias al trabajo de muchos ‘’oradores’’, la sociedad irá despertándose y algún día estará preparada para cambiar, porque la palabra bien usada también es ‘’un arma cargada de futuro’’.

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