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Las normas de la opinión en eldiario.es

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¿Vale todo en la opinión? ¿Todos los puntos de vista merecen la misma difusión? ¿La libertad de expresión justifica la calumnia o la mentira en los medios de comunicación? En eldiario.es creemos que no: que los artículos de opinión en prensa también tienen que cumplir con unas normas deontológicas. Con un código que debe ser transparente, tanto para los lectores y socios como para los articulistas que publican en nuestras páginas. Es este decálogo que os presento hoy, que he elaborado durante este verano, consultando con gran parte del equipo de eldiario.es y con nuestros articulistas.

Son unas normas que ya estábamos aplicando de manera informal, que hasta ahora no estaban por escrito y que queremos establecer de forma más rigurosa. A lo largo de la historia de eldiario.es hemos publicado puntualmente algunos artículos de opinión que incumplían estas normas deontológicas. Pero el objetivo de este decálogo no es corregir el pasado sino mirar al futuro, y mejorar nuestra sección de Opinión con normas claras y transparentes. Son estas:

1. eldiario.es tiene como misión fundamental la vigilancia del poder y el periodismo como servicio público, como una herramienta al servicio de la sociedad. Defendemos los derechos humanos y el medio ambiente: la igualdad, la libertad, la justicia, la tolerancia y la paz. Pero todos nuestros valores editoriales están supeditados a uno: el respeto por la verdad.

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Los suicidas con suerte

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"Es difícil convencer a alguien de que use las escaleras cuando siempre que se tira por el balcón cae de pie". La frase se la atribuyen a Alfredo Pérez Rubalcaba y el destinatario de la metáfora era Zapatero, un presidente que ganó el liderazgo del PSOE a la primera, que ganó las elecciones a la primera y cuyo "optimismo antropológico" le hacía asumir riesgos que otros en su partido le aconsejaban no correr.

Zapatero era un simple aficionado, al lado de los suicidas con suerte que vinieron después. Al lado de Pedro Sánchez y esos saltos al vacío que, por ahora, siempre le han salido bien. El 'balconing' le funcionó en las primarias de 2014, a las que se presentó sin que nadie apostara por él. Le funcionó en el "no es no", del que salió derrotado para luego vencer. Le funcionó en la moción de censura y le volvió a funcionar en la convocatoria electoral del 28 de abril. 

Hoy Pedro Sánchez cree que el 10 de noviembre, si se repiten las elecciones, volverá a caer de pie.

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Las mentiras de Cristina Cifuentes sobre las "cloacas del Estado" y su "calvario judicial"

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Cristina Cifuentes: "Para mí la imputación por el tema de Púnica ha sido personalmente un mazazo. Yo no creí que esa imputación se fuera a producir, lo digo con toda sinceridad".

Falso. Cristina Cifuentes no puede estar sorprendida porque esta imputación se veía venir desde hace ya dos años: desde que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil la acusó de cohecho y prevaricación. En aquel momento, mayo de 2017, Cifuentes cargó contra la UCO, a la que descalificó por emitir "un juicio de valor sin fundamento jurídico". Después ese mismo informe ha sido avalado por la Fiscalía y por el juez Manuel García Castellón. 

Cristina Cifuentes: "Yo en esos años no tuve absolutamente nada que ver ni con la gestión económica del Partido Popular ni con la gestión de sus campañas electorales ni con nada de nada".

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Las mentiras de Díaz Ayuso sobre su piso y sus gestiones con Avalmadrid

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Isabel Díaz Ayuso: "Lamento que saquen a colación, diez años más tarde, el modo en que mi familia tuvo que afrontar problemas económicos como lo hace la inmensa mayoría de los españoles que crean puestos de trabajo".

Falso. Y hay cuatro mentiras en esta frase tan corta.

La primera, que no son diez años. El pufo que la empresa participada por los padres de Díaz Ayuso dejó a la financiera semipública Avalmadrid sigue vigente: el crédito aún no se ha cobrado y es muy dudoso que se vaya a cobrar. Avalmadrid, que depende de su propio gobierno, aún no ha ordenado el embargo, en contra del criterio de su Comité de Morosidad. Solo ese pufo hoy asciende a más de medio millón de euros con los intereses que tampoco se pagaron. Parte de esa deuda que jamás se cobrará la asumirán de facto todos los madrileños, porque una parte del capital de Avalmadrid es dinero público.

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Un juez promocionado por el PP, que cobró del PP y al servicio del PP

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Enrique López, nuevo consejero de Justicia en Interior de la Comunidad de Madrid

Enrique López López es el juez que fue apartado por sus propios compañeros de los juicios de la Gürtel y de la caja B por su evidente cercanía con el Partido Popular. Es el juez promocionado al CGPJ por el PP. Es el juez ascendido al Tribunal Constitucional por el PP, a pesar de que cuando se planteó su candidatura no cumplía con los requisitos legales. Es el juez que cobró medio centenar de conferencias de la FAES, entonces la fundación del PP. Es el juez de la Audiencia Nacional que puso palos en las ruedas a la investigación de los papeles de Bárcenas, siempre al servicio del PP.

Enrique López es también el juez que tuvo que dimitir del Constitucional por conducir su moto borracho y sin casco por pleno centro de Madrid. Es el juez al que el Partido Popular, a través de las mayorías conservadoras en el Poder Judicial, promocionó a la Sala de Apelaciones de la Audiencia Nacional. Es el juez cuyo nombramiento después fue anulado por el Tribunal Supremo porque no era el candidato con más méritos para ese puesto, clave para el PP. Porque todos los grandes casos de corrupción pasan por la Audiencia Nacional. Y todas esas sentencias iban a ser después revisadas por esa Sala de apelaciones donde a López le quisieron colocar.

Enrique López López es el juez que ahora ha elegido Isabel Díaz Ayuso (o más bien Pablo Casado) como consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid. Y hay tres maneras de explicar este nuevo ascenso de López, otra vez de la mano del PP.

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La responsabilidad del fracaso de la investidura

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El domingo, con mucho detalle, expliqué a los lectores y socios de eldiario.es qué pasó en la fallida negociación entre PSOE y Unidas Podemos para la investidura de Pedro Sánchez. Era una crónica con mucha más información que análisis, un aspecto que quise dejar para más tarde. Antes de exponer mi punto de vista, preferí centrarme en explicar lo ocurrido con el máximo detalle posible. Aclarados los hechos, esta es mi opinión sobre este histórico fracaso.

1. Decía Pedro Sánchez, hace solo tres años: "La responsabilidad de que el señor Rajoy pierda la investidura es exclusiva del señor Rajoy por ser incapaz de articular una mayoría". Tenía razón entonces y hoy no la tiene cuando reprocha al resto de los partidos su derrota en la investidura. En nuestro sistema parlamentario, el máximo responsable de lograr los votos es el candidato que se presenta a la presidencia, no los demás partidos. El principal culpable de este fracaso es, por tanto, Pedro Sánchez. Él es quien más poder tenía para que el desenlace hubiera sido otro. También lo tiene ahora para corregir el rumbo a partir de este desastre. Porque el poder y la responsabilidad van siempre unidos.

2. Es evidente que el mecanismo constitucional para la elección del presidente no fue pensado para el actual sistema multipartidista; por eso desde 2015 no hemos tenido un solo Gobierno estable. Es legítimo plantear un cambio, que tendría pros y también contras. Pero mientras las leyes no se modifiquen, al presidente lo elige el Parlamento y con las reglas que hoy tenemos. Ser la lista más votada no basta, aunque tengas más escaños: cada uno de ellos vale lo mismo que los del resto.

3. La propuesta de partida que presentó Unidas Podemos en la negociación con el PSOE era excesiva. No tanto por el número de carteras –seis, un porcentaje similar al de los escaños que aportaría– sino porque reclamaba todos los frentes donde la izquierda hoy hace política. El Ministerio del Interior es muy atractivo si te llamas Santiago Abascal o Matteo Salvini. Pero, para un gobierno progresista, las joyas de la corona hoy son las competencias en feminismo, en trabajo, en tributos y en transición ecológica. Es ahí donde la izquierda puede hacer política. En los "ministerios de Estado" solo juega a la defensiva.

4. Que Podemos quisiera todas esas carteras era excesivo. Pedir alguna de ellas, como hizo después con el Ministerio de Trabajo, era completamente razonable, más aún después de la renuncia de Pablo Iglesias a entrar en el Gobierno, tras el veto de Pedro Sánchez.

5. La última propuesta que lanzó Unidas Podemos, el jueves, no era ni mucho menos abusiva. Al contrario: era un buen acuerdo para ambas partes. Aunque la forma de presentarla, desde la tribuna del Congreso, no era la idónea si lo que se pretendía era alcanzar un pacto. El momento era antes.

6. La negociación la rompe Pedro Sánchez, no Pablo Iglesias. Y lo hace cuando aún quedaba tiempo para seguir hablando. La hora y la forma en que el PSOE se levanta de la mesa –volando todos los puentes, al mandar a los medios un documento de Podemos con el nombre del archivo manipulado– demuestran que Sánchez entró en ella a regañadientes y que se salió cuando vio que Iglesias no aceptaba un acuerdo desigual. Más que una negociación sincera, más bien parece un intento de culpar a Podemos de la ruptura.

7. Pablo Iglesias leyó mal la situación de las últimas 24 horas previas a la investidura fallida. Tal y como le aconsejaron Alberto Garzón y Jaume Asens, debería haber aceptado la última oferta del PSOE, aun sin ser la más justa. Iglesias pensó que Sánchez no tenía más remedio que ceder y que bastaba con mantener el órdago hasta el último minuto para lograr un acuerdo mejor. Ignoró las enseñanzas de la historia reciente: la forma de romper del PSOE con Unidas Podemos es la misma que aplicó hace unos meses con ERC, cuando fallaron las negociaciones para los presupuestos. También en esa ocasión, el PSOE presentó una última oferta, avisó de que no habría más y no se movió de allí. También entonces se levantó de la mesa cuando aún quedaba tiempo para seguir hablando.

8. La última propuesta del PSOE antes de romper no era la más generosa ni la más justa, pero tampoco se la puede tachar de "humillante". Es verdad que Sanidad tiene la mayor parte de las competencias transferidas, pero se puede hacer mucha política desde ahí con un problema en el que Unidas Podemos podía lucirse: el gasto farmacéutico, que en España es muchísimo mayor que en el resto de los países europeos. Es cierto que Vivienda es una dirección general venida a más, pero también tiene valor simbólico y margen para impulsar muchas cosas, como una ley contra los alquileres abusivos. Y el Ministerio de Igualdad y la Vicepresidencia de Asuntos Sociales hoy no son carteras "decorativas", ni mucho menos.

9. Pedir una coalición y que tu líder esté en el Gobierno a cambio de 42 escaños no es "pedir la Luna". Es el pago habitual que exigen y ofrecen todos los demás partidos, también el PSOE, en parecidas circunstancias. Es la moneda común de la política, no un capricho excéntrico de Pablo Iglesias.

10. Unidas Podemos tiene razón en su legítima petición de entrar en un Gobierno de coalición, pero se equivoca con los argumentos que utiliza para defender su postura. Decir que "el PSOE no es de fiar" y que por eso hay que vigilarlo desde el Consejo de Ministros es un pésimo punto de partida para lograr la confianza necesaria para un acuerdo. Además, es un argumento falaz: el mejor lugar para fiscalizar a un Gobierno sin mayoría es el Parlamento, no el Consejo de Ministros, que es un órgano colegiado donde el presidente tiene la última palabra. También es falaz reclamar la entrada en el Gobierno "para subir el salario mínimo" o "derogar la reforma laboral". Eso se hace con un acuerdo programático, no planteando un gobierno dentro del gobierno. Ningún ministro tiene ese margen de autonomía. Ni siquiera la tiene el propio Gobierno, que tiene que validar decisiones así en el Parlamento.

11. Entrar en el Gobierno como socio minoritario no es, per se, una buena noticia para Unidas Podemos ni para sus votantes. Es más importante para la vida de la gente el programa que se acuerde o las leyes que en consecuencia se aprueben que las carteras que unos u otros consigan. Colocar antes el carro que los bueyes, las carteras, en vez de las políticas, no es coherente con lo defendido históricamente por Podemos. Solo se entiende que se haga así si el principal objetivo es entrar en el Consejo de Ministros, más que las políticas.

12. El líder del "no es no" a Mariano Rajoy carece de argumentos coherentes para pedir hoy al PP y a Ciudadanos que se aparten de su camino, que no "bloqueen" su investidura, que le regalen sus votos. O Pedro Sánchez se equivocaba en 2016 o se equivoca ahora. Pero los principios no pueden cambiar en función del interés o del momento.

13. La intención del PSOE de buscar la abstención de la derecha para lograr una investidura barata, sin pagar un peaje a Podemos, es incoherente con todo lo prometido en campaña. Además, es errónea y a la larga al PSOE le saldría cara; porque es dudoso que ocurra y porque, incluso si se logra, no permitiría después aprobar esas leyes sociales que Sánchez desgranó en su discurso de investidura. Es entendible la táctica del Gobierno en funciones si el objetivo es martillear en ese clavo, que tanto desgasta a Ciudadanos entre sus votantes, sus cuadros y las élites económicas que impulsaron a este partido. No lo es si en el PSOE creen realmente que es la mejor vía para un "gobierno de izquierdas" que, además de la investidura, necesita sacar adelante una legislatura de cuatro años.

14. Las opciones realistas siguen siendo dos y nada más que dos. Las mismas que hace dos meses: un gobierno a la portuguesa con un ambicioso acuerdo programático o un gobierno de coalición, que ya estaba casi cerrado. Y en cualquiera de los dos, el PSOE necesita a Unidas Podemos. Y viceversa.

15. Los españoles, especialmente los votantes de la izquierda, no se merecían este desenlace. Toca abandonar el tacticismo, aparcar el orgullo y priorizar el interés general a los intereses personales o partidistas. Forzar una repetición de las elecciones cuando el acuerdo estuvo tan cerca sería una enorme decepción, un fracaso histórico, una estafa democrática.

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¿Por qué Sánchez pide la abstención a la derecha?

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La regla de oro de todos los debates: no se trata de convencer a tu rival. Sería genial que tal cosa ocurriera alguna vez, un hecho histórico. Que de repente haya un político que acepte, como ocurre en otros ámbitos, que se ha equivocado, que los argumentos del otro le han convencido, que el intercambio de opiniones ha servido para algo, que ha recapacitado y ha cambiado su voto tras escuchar las razones y explicaciones del contrario.

Tal vez ocurrió una vez, hace muchos años, cuando las democracias eran jóvenes e ingenuas, cuando los parlamentos no eran un plató de televisión, un teatro donde se representan las posiciones fijadas o pactadas antes, fuera de los focos. Ya no es el caso. Allí, en los debates, no se trata de convencer a la otra parte sino a los espectadores. A los que miran y escuchan, y no al rival o al posible aliado. Porque el destino de los argumentos de cada parte no es el interlocutor con el que hablan. Tampoco al resto de los parlamentarios. Son los cientos de miles de personas anónimas que observan desde sus casas.

Conviene tener presente este principio fundamental de los debates para entender lo que ha pasado este lunes en el Congreso de los Diputados. Porque es evidente que Pedro Sánchez no aspira a convencer a Pablo Casado o, menos aún, a Albert Rivera de que se abstengan este jueves y le regalen la investidura por "sentido de Estado". Tal cosa no va a ocurrir, en ningún caso. 

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La intrahistoria de la decisión de Iglesias

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Las negociaciones aún se pueden torcer, pero ya es más improbable. La generosa decisión de Pablo Iglesias –renunciar a un puesto en el Gobierno para facilitar la coalición– despeja el mayor punto de disputa para un acuerdo al que ya no le quedan más excusas. 

En las últimas horas, dentro de Unidas Podemos, han ocurrido movimientos importantes que han influido en este desenlace. La estrategia de negociación de Pablo Iglesias nunca fue compartida por Izquierda Unida y por los 'comuns', cuyos líderes han sido leales en su mensaje público, para no debilitar la posición negociadora de Unidas Podemos, pero muy críticos de puertas adentro. 

Desde la dirección de ambos partidos, según ha podido confirmar eldiario.es, hace semanas que transmiten internamente sus discrepancias al secretario general de Podemos por su posición de anteponer su presencia en el Consejo de Ministros al programa, por discutir primero del "quiénes" y no el "qué". Ambos eran más reacios a entrar en el Gobierno y consideran prioritario hablar primero de las políticas y no de los puestos en el Gobierno. Ambos se mostraban mucho más preocupados que Iglesias ante las consecuencia de una repetición electoral para Unidas Podemos.

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El disparate de La Rioja

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La Rioja no es Madrid. Pablo Iglesias no es Raquel Romero. Y un escaño no es lo mismo que 42. Pero el lamentable espectáculo vivido en la investidura fallida de esta comunidad autónoma, donde gobierna desde hace décadas la derecha, ha colocado a Podemos en una posición muy difícil de explicar, no solo entre sus votantes riojanos. 

Tranquiliza saber que en la dirección de Podemos también son conscientes del disparate de la posición que defiende su hoy famosa Raquel Romero. Tal y como publica eldiario.es en exclusiva, Pablo Echenique –comisionado para las negociaciones postelectorales– presionó a su única diputada en La Rioja para pedirle que permitiera la investidura. Asusta todo lo demás: que ni Echenique ni tampoco Iglesias –que públicamente se manifestó a favor de facilitar la investidura, aunque matizase que no era "una decisión suya"– lograsen imponer la cordura. Que el partido sea incapaz de controlar a una diputada díscola, cuya posición no entienden ni los círculos de Podemos en La Rioja, que han llegado a "pedir perdón" a sus votantes en un comunicado.

Muchos inscritos de Podemos en La Rioja también han solicitado una consulta para votar la postura en esta investidura, algo que debería ser obligatorio según los estatutos del partido. Tampoco han sido escuchados.

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Las verdaderas razones por las que no hay un acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

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Las conversaciones entre PSOE y Unidas Podemos están rotas y no parece que vayan a arreglarse. Y antes de que formalmente fracasaran –el presidente en funciones las dio por terminadas este lunes– conviene recordar cuáles eran las posiciones de cada uno: para entender qué está pasando, para saber dónde podrían retomarse y si es posible tal cosa.

Pedro Sánchez está dispuesto a aceptar ministros de Unidas Podemos en su Gobierno pero quiere una coalición de perfil bajo: sin Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros y negociando cada nombramiento para que sean perfiles "cualificados". Y Pablo Iglesias, y el probable resultado de la consulta que ha planteado a sus bases, asegura que no admitirá otra opción que un Gobierno de coalición proporcional a los votos de cada partido y sin vetos previos. Ambos líderes están netamente convencidos de sus posiciones, no se muestran dispuestos a modificarlas, cada uno se ha atado con sus palabras al palo mayor de su barco –como Ulises para evitar la tentación de las sirenas–. Y salvo que uno de los dos mienta o cambie de posición a medida que el abismo esté más cerca, vamos a una primera investidura fallida y a una probable repetición electoral el 10 de noviembre: a una decepción histórica para los votantes de izquierda y a una nueva oportunidad para que Pablo Casado alcance La Moncloa, con Albert Rivera y Santiago Abascal como seguros socios de Gobierno.

Los argumentos públicos de ambos partidos para justificar su posición son de sobra conocidos. El PSOE no quiere "un segundo gobierno dentro del Gobierno", teme las turbulencias que traerá la sentencia del procés en Catalunya si tienen un vicepresidente que defiende que "los líderes independentistas son presos políticos" y prefiere una repetición electoral a tener un Consejo de Ministros inestable, que pueda volar por los aires a los pocos meses. Unidas Podemos defiende que sus escaños "no van a ser gratis", considera "insultante" que se vete a su líder y argumenta que una coalición es parte de la "normalidad democrática europea", también la moneda de cambio habitual en otros gobiernos municipales y autonómicos y la garantía de que el PSOE "no pactará medidas con la derecha". Argumentan, y esto es indudable, que Podemos no reclama algo distinto a lo que pide el PSOE para apoyar gobiernos donde son socios minoritarios.

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