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Un juez promocionado por el PP, que cobró del PP y al servicio del PP

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Enrique López, nuevo consejero de Justicia en Interior de la Comunidad de Madrid

Enrique López López es el juez que fue apartado por sus propios compañeros de los juicios de la Gürtel y de la caja B por su evidente cercanía con el Partido Popular. Es el juez promocionado al CGPJ por el PP. Es el juez ascendido al Tribunal Constitucional por el PP, a pesar de que cuando se planteó su candidatura no cumplía con los requisitos legales. Es el juez que cobró medio centenar de conferencias de la FAES, entonces la fundación del PP. Es el juez de la Audiencia Nacional que puso palos en las ruedas a la investigación de los papeles de Bárcenas, siempre al servicio del PP.

Enrique López es también el juez que tuvo que dimitir del Constitucional por conducir su moto borracho y sin casco por pleno centro de Madrid. Es el juez al que el Partido Popular, a través de las mayorías conservadoras en el Poder Judicial, promocionó a la Sala de Apelaciones de la Audiencia Nacional. Es el juez cuyo nombramiento después fue anulado por el Tribunal Supremo porque no era el candidato con más méritos para ese puesto, clave para el PP. Porque todos los grandes casos de corrupción pasan por la Audiencia Nacional. Y todas esas sentencias iban a ser después revisadas por esa Sala de apelaciones donde a López le quisieron colocar.

Enrique López López es el juez que ahora ha elegido Isabel Díaz Ayuso (o más bien Pablo Casado) como consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid. Y hay tres maneras de explicar este nuevo ascenso de López, otra vez de la mano del PP.

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La responsabilidad del fracaso de la investidura

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El domingo, con mucho detalle, expliqué a los lectores y socios de eldiario.es qué pasó en la fallida negociación entre PSOE y Unidas Podemos para la investidura de Pedro Sánchez. Era una crónica con mucha más información que análisis, un aspecto que quise dejar para más tarde. Antes de exponer mi punto de vista, preferí centrarme en explicar lo ocurrido con el máximo detalle posible. Aclarados los hechos, esta es mi opinión sobre este histórico fracaso.

1. Decía Pedro Sánchez, hace solo tres años: "La responsabilidad de que el señor Rajoy pierda la investidura es exclusiva del señor Rajoy por ser incapaz de articular una mayoría". Tenía razón entonces y hoy no la tiene cuando reprocha al resto de los partidos su derrota en la investidura. En nuestro sistema parlamentario, el máximo responsable de lograr los votos es el candidato que se presenta a la presidencia, no los demás partidos. El principal culpable de este fracaso es, por tanto, Pedro Sánchez. Él es quien más poder tenía para que el desenlace hubiera sido otro. También lo tiene ahora para corregir el rumbo a partir de este desastre. Porque el poder y la responsabilidad van siempre unidos.

2. Es evidente que el mecanismo constitucional para la elección del presidente no fue pensado para el actual sistema multipartidista; por eso desde 2015 no hemos tenido un solo Gobierno estable. Es legítimo plantear un cambio, que tendría pros y también contras. Pero mientras las leyes no se modifiquen, al presidente lo elige el Parlamento y con las reglas que hoy tenemos. Ser la lista más votada no basta, aunque tengas más escaños: cada uno de ellos vale lo mismo que los del resto.

3. La propuesta de partida que presentó Unidas Podemos en la negociación con el PSOE era excesiva. No tanto por el número de carteras –seis, un porcentaje similar al de los escaños que aportaría– sino porque reclamaba todos los frentes donde la izquierda hoy hace política. El Ministerio del Interior es muy atractivo si te llamas Santiago Abascal o Matteo Salvini. Pero, para un gobierno progresista, las joyas de la corona hoy son las competencias en feminismo, en trabajo, en tributos y en transición ecológica. Es ahí donde la izquierda puede hacer política. En los "ministerios de Estado" solo juega a la defensiva.

4. Que Podemos quisiera todas esas carteras era excesivo. Pedir alguna de ellas, como hizo después con el Ministerio de Trabajo, era completamente razonable, más aún después de la renuncia de Pablo Iglesias a entrar en el Gobierno, tras el veto de Pedro Sánchez.

5. La última propuesta que lanzó Unidas Podemos, el jueves, no era ni mucho menos abusiva. Al contrario: era un buen acuerdo para ambas partes. Aunque la forma de presentarla, desde la tribuna del Congreso, no era la idónea si lo que se pretendía era alcanzar un pacto. El momento era antes.

6. La negociación la rompe Pedro Sánchez, no Pablo Iglesias. Y lo hace cuando aún quedaba tiempo para seguir hablando. La hora y la forma en que el PSOE se levanta de la mesa –volando todos los puentes, al mandar a los medios un documento de Podemos con el nombre del archivo manipulado– demuestran que Sánchez entró en ella a regañadientes y que se salió cuando vio que Iglesias no aceptaba un acuerdo desigual. Más que una negociación sincera, más bien parece un intento de culpar a Podemos de la ruptura.

7. Pablo Iglesias leyó mal la situación de las últimas 24 horas previas a la investidura fallida. Tal y como le aconsejaron Alberto Garzón y Jaume Asens, debería haber aceptado la última oferta del PSOE, aun sin ser la más justa. Iglesias pensó que Sánchez no tenía más remedio que ceder y que bastaba con mantener el órdago hasta el último minuto para lograr un acuerdo mejor. Ignoró las enseñanzas de la historia reciente: la forma de romper del PSOE con Unidas Podemos es la misma que aplicó hace unos meses con ERC, cuando fallaron las negociaciones para los presupuestos. También en esa ocasión, el PSOE presentó una última oferta, avisó de que no habría más y no se movió de allí. También entonces se levantó de la mesa cuando aún quedaba tiempo para seguir hablando.

8. La última propuesta del PSOE antes de romper no era la más generosa ni la más justa, pero tampoco se la puede tachar de "humillante". Es verdad que Sanidad tiene la mayor parte de las competencias transferidas, pero se puede hacer mucha política desde ahí con un problema en el que Unidas Podemos podía lucirse: el gasto farmacéutico, que en España es muchísimo mayor que en el resto de los países europeos. Es cierto que Vivienda es una dirección general venida a más, pero también tiene valor simbólico y margen para impulsar muchas cosas, como una ley contra los alquileres abusivos. Y el Ministerio de Igualdad y la Vicepresidencia de Asuntos Sociales hoy no son carteras "decorativas", ni mucho menos.

9. Pedir una coalición y que tu líder esté en el Gobierno a cambio de 42 escaños no es "pedir la Luna". Es el pago habitual que exigen y ofrecen todos los demás partidos, también el PSOE, en parecidas circunstancias. Es la moneda común de la política, no un capricho excéntrico de Pablo Iglesias.

10. Unidas Podemos tiene razón en su legítima petición de entrar en un Gobierno de coalición, pero se equivoca con los argumentos que utiliza para defender su postura. Decir que "el PSOE no es de fiar" y que por eso hay que vigilarlo desde el Consejo de Ministros es un pésimo punto de partida para lograr la confianza necesaria para un acuerdo. Además, es un argumento falaz: el mejor lugar para fiscalizar a un Gobierno sin mayoría es el Parlamento, no el Consejo de Ministros, que es un órgano colegiado donde el presidente tiene la última palabra. También es falaz reclamar la entrada en el Gobierno "para subir el salario mínimo" o "derogar la reforma laboral". Eso se hace con un acuerdo programático, no planteando un gobierno dentro del gobierno. Ningún ministro tiene ese margen de autonomía. Ni siquiera la tiene el propio Gobierno, que tiene que validar decisiones así en el Parlamento.

11. Entrar en el Gobierno como socio minoritario no es, per se, una buena noticia para Unidas Podemos ni para sus votantes. Es más importante para la vida de la gente el programa que se acuerde o las leyes que en consecuencia se aprueben que las carteras que unos u otros consigan. Colocar antes el carro que los bueyes, las carteras, en vez de las políticas, no es coherente con lo defendido históricamente por Podemos. Solo se entiende que se haga así si el principal objetivo es entrar en el Consejo de Ministros, más que las políticas.

12. El líder del "no es no" a Mariano Rajoy carece de argumentos coherentes para pedir hoy al PP y a Ciudadanos que se aparten de su camino, que no "bloqueen" su investidura, que le regalen sus votos. O Pedro Sánchez se equivocaba en 2016 o se equivoca ahora. Pero los principios no pueden cambiar en función del interés o del momento.

13. La intención del PSOE de buscar la abstención de la derecha para lograr una investidura barata, sin pagar un peaje a Podemos, es incoherente con todo lo prometido en campaña. Además, es errónea y a la larga al PSOE le saldría cara; porque es dudoso que ocurra y porque, incluso si se logra, no permitiría después aprobar esas leyes sociales que Sánchez desgranó en su discurso de investidura. Es entendible la táctica del Gobierno en funciones si el objetivo es martillear en ese clavo, que tanto desgasta a Ciudadanos entre sus votantes, sus cuadros y las élites económicas que impulsaron a este partido. No lo es si en el PSOE creen realmente que es la mejor vía para un "gobierno de izquierdas" que, además de la investidura, necesita sacar adelante una legislatura de cuatro años.

14. Las opciones realistas siguen siendo dos y nada más que dos. Las mismas que hace dos meses: un gobierno a la portuguesa con un ambicioso acuerdo programático o un gobierno de coalición, que ya estaba casi cerrado. Y en cualquiera de los dos, el PSOE necesita a Unidas Podemos. Y viceversa.

15. Los españoles, especialmente los votantes de la izquierda, no se merecían este desenlace. Toca abandonar el tacticismo, aparcar el orgullo y priorizar el interés general a los intereses personales o partidistas. Forzar una repetición de las elecciones cuando el acuerdo estuvo tan cerca sería una enorme decepción, un fracaso histórico, una estafa democrática.

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¿Por qué Sánchez pide la abstención a la derecha?

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La regla de oro de todos los debates: no se trata de convencer a tu rival. Sería genial que tal cosa ocurriera alguna vez, un hecho histórico. Que de repente haya un político que acepte, como ocurre en otros ámbitos, que se ha equivocado, que los argumentos del otro le han convencido, que el intercambio de opiniones ha servido para algo, que ha recapacitado y ha cambiado su voto tras escuchar las razones y explicaciones del contrario.

Tal vez ocurrió una vez, hace muchos años, cuando las democracias eran jóvenes e ingenuas, cuando los parlamentos no eran un plató de televisión, un teatro donde se representan las posiciones fijadas o pactadas antes, fuera de los focos. Ya no es el caso. Allí, en los debates, no se trata de convencer a la otra parte sino a los espectadores. A los que miran y escuchan, y no al rival o al posible aliado. Porque el destino de los argumentos de cada parte no es el interlocutor con el que hablan. Tampoco al resto de los parlamentarios. Son los cientos de miles de personas anónimas que observan desde sus casas.

Conviene tener presente este principio fundamental de los debates para entender lo que ha pasado este lunes en el Congreso de los Diputados. Porque es evidente que Pedro Sánchez no aspira a convencer a Pablo Casado o, menos aún, a Albert Rivera de que se abstengan este jueves y le regalen la investidura por "sentido de Estado". Tal cosa no va a ocurrir, en ningún caso. 

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La intrahistoria de la decisión de Iglesias

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Las negociaciones aún se pueden torcer, pero ya es más improbable. La generosa decisión de Pablo Iglesias –renunciar a un puesto en el Gobierno para facilitar la coalición– despeja el mayor punto de disputa para un acuerdo al que ya no le quedan más excusas. 

En las últimas horas, dentro de Unidas Podemos, han ocurrido movimientos importantes que han influido en este desenlace. La estrategia de negociación de Pablo Iglesias nunca fue compartida por Izquierda Unida y por los 'comuns', cuyos líderes han sido leales en su mensaje público, para no debilitar la posición negociadora de Unidas Podemos, pero muy críticos de puertas adentro. 

Desde la dirección de ambos partidos, según ha podido confirmar eldiario.es, hace semanas que transmiten internamente sus discrepancias al secretario general de Podemos por su posición de anteponer su presencia en el Consejo de Ministros al programa, por discutir primero del "quiénes" y no el "qué". Ambos eran más reacios a entrar en el Gobierno y consideran prioritario hablar primero de las políticas y no de los puestos en el Gobierno. Ambos se mostraban mucho más preocupados que Iglesias ante las consecuencia de una repetición electoral para Unidas Podemos.

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El disparate de La Rioja

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La Rioja no es Madrid. Pablo Iglesias no es Raquel Romero. Y un escaño no es lo mismo que 42. Pero el lamentable espectáculo vivido en la investidura fallida de esta comunidad autónoma, donde gobierna desde hace décadas la derecha, ha colocado a Podemos en una posición muy difícil de explicar, no solo entre sus votantes riojanos. 

Tranquiliza saber que en la dirección de Podemos también son conscientes del disparate de la posición que defiende su hoy famosa Raquel Romero. Tal y como publica eldiario.es en exclusiva, Pablo Echenique –comisionado para las negociaciones postelectorales– presionó a su única diputada en La Rioja para pedirle que permitiera la investidura. Asusta todo lo demás: que ni Echenique ni tampoco Iglesias –que públicamente se manifestó a favor de facilitar la investidura, aunque matizase que no era "una decisión suya"– lograsen imponer la cordura. Que el partido sea incapaz de controlar a una diputada díscola, cuya posición no entienden ni los círculos de Podemos en La Rioja, que han llegado a "pedir perdón" a sus votantes en un comunicado.

Muchos inscritos de Podemos en La Rioja también han solicitado una consulta para votar la postura en esta investidura, algo que debería ser obligatorio según los estatutos del partido. Tampoco han sido escuchados.

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Las verdaderas razones por las que no hay un acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

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Las conversaciones entre PSOE y Unidas Podemos están rotas y no parece que vayan a arreglarse. Y antes de que formalmente fracasaran –el presidente en funciones las dio por terminadas este lunes– conviene recordar cuáles eran las posiciones de cada uno: para entender qué está pasando, para saber dónde podrían retomarse y si es posible tal cosa.

Pedro Sánchez está dispuesto a aceptar ministros de Unidas Podemos en su Gobierno pero quiere una coalición de perfil bajo: sin Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros y negociando cada nombramiento para que sean perfiles "cualificados". Y Pablo Iglesias, y el probable resultado de la consulta que ha planteado a sus bases, asegura que no admitirá otra opción que un Gobierno de coalición proporcional a los votos de cada partido y sin vetos previos. Ambos líderes están netamente convencidos de sus posiciones, no se muestran dispuestos a modificarlas, cada uno se ha atado con sus palabras al palo mayor de su barco –como Ulises para evitar la tentación de las sirenas–. Y salvo que uno de los dos mienta o cambie de posición a medida que el abismo esté más cerca, vamos a una primera investidura fallida y a una probable repetición electoral el 10 de noviembre: a una decepción histórica para los votantes de izquierda y a una nueva oportunidad para que Pablo Casado alcance La Moncloa, con Albert Rivera y Santiago Abascal como seguros socios de Gobierno.

Los argumentos públicos de ambos partidos para justificar su posición son de sobra conocidos. El PSOE no quiere "un segundo gobierno dentro del Gobierno", teme las turbulencias que traerá la sentencia del procés en Catalunya si tienen un vicepresidente que defiende que "los líderes independentistas son presos políticos" y prefiere una repetición electoral a tener un Consejo de Ministros inestable, que pueda volar por los aires a los pocos meses. Unidas Podemos defiende que sus escaños "no van a ser gratis", considera "insultante" que se vete a su líder y argumenta que una coalición es parte de la "normalidad democrática europea", también la moneda de cambio habitual en otros gobiernos municipales y autonómicos y la garantía de que el PSOE "no pactará medidas con la derecha". Argumentan, y esto es indudable, que Podemos no reclama algo distinto a lo que pide el PSOE para apoyar gobiernos donde son socios minoritarios.

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Tanto que aprender del vecino ignorado

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Revista 24

Portada de la revista número 24 de eldiario.es

Hay un país en Europa que ha revertido los recortes, que ha mejorado las pensiones, que ha logrado que los libros de texto sean gratuitos, que ha bajado las tasas universitarias y los precios del transporte público. Es un lugar donde el paro se ha reducido del 14% al 6,5%, y eso ha ocurrido al mismo tiempo que se subía el salario mínimo. Es un Estado que ha logrado cuadrar las cuentas públicas y rebajar el déficit, pero lo ha hecho aumentando los impuestos a los más ricos, en vez de pasar la factura a los de siempre. Es una nación donde las cosas se han hecho de otra manera, y esa manera ha funcionado.

Ese país no queda nada lejos. Se llama Portugal y, para muchos españoles, es un gran desconocido: el más próximo cultural y geográficamente, el más lejano en el debate público. Allí, en la casa de ese vecino al que ignoramos, cuando no lo miramos por encima del hombro, un Gobierno de izquierdas ha demostrado a toda Europa que otra política es posible, que las recetas neoliberales no son la única forma de cumplir con el rigor presupuestario, que también se puede crear riqueza desde la justicia social, que nunca fue imposible, por mucho que repitieran lo contrario. Allí, en Portugal, la socialdemocracia, la nueva izquierda y el comunismo han logrado pactar un Gobierno y superar sus desencuentros históricos: los mismos odios que en España también se dan entre las distintas familias progresistas, cuya lista de rencores y agravios contrasta con la probada capacidad que siempre tienen las derechas para ponerse de acuerdo entre ellas. En los últimos meses, ese acuerdo de la izquierda portuguesa se ha agrietado y ha entrado en una crisis. También en esto su experiencia nos puede servir como enseñanza.

Sabemos casi todo de Emmanuel Macron y casi nada de António Costa. Por eso, y porque ellos tienen tanto que contarnos, hemos querido dedicar a Portugal un número monográfico de la revista de eldiario.es. Es una revista algo especial, porque la mayoría de los autores son portugueses. Los hemos escogido con la generosa ayuda de la presidenta de la Fundación José Saramago, Pilar del Río –gracias, Pilar, por ejercer de directora invitada de este número de nuestra revista–. 

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El BATNA de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

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Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

BATNA. En inglés, las siglas de Best alternative to a negotiated agreement. En español: Mejor alternativa a una salida negociada. En román paladino: el mejor plan B, qué hacer en caso de que una negociación se rompa sin acuerdo. El concepto fue desarrollado por Roger Fisher y William Ury sobre el trabajo previo del matemático John Forbes Nash y su famosa teoría de juegos. Ya saben: el dilema del prisionero, el juego del gallina, Rebelde sin causa, los coches acelerando hacia el acantilado y todos estos ejemplos metafóricos que tanto habrán escuchado citar estos días para ilustrar el bloqueo de las negociaciones entre PSOE y Unidas Podemos para la investidura de Pedro Sánchez.

¿Y para qué sirve el BATNA? En las escuelas de negocios se enseña como una de las claves en cualquier negociación. Si conoces cuál es la mejor alternativa que tiene el otro, es más fácil deducir cuánto estaría dispuesto a ceder. En teoría, y siempre desde la racionalidad, nadie acepta un acuerdo si tiene una opción mejor, así que el valor del BATNA equivale también al de la oferta más baja que esa parte estaría dispuesta a aceptar. Toda oferta por encima del BATNA podría prosperar. Toda oferta por debajo siempre será rechazada.

En una negociación a dos, cada parte debe intentar averiguar cuál es el BATNA del otro. También evaluar el suyo propio y decidir qué hacer con él: ocultar su alternativa o, si es muy buena, ponerla sobre la mesa como elemento de presión. Hay una tercera opción: mentir sobre esa alternativa para intentar negociar desde una posición más fuerte. Es en lo que estamos hoy.

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Trece datos inquietantes sobre el piso de Díaz Ayuso y el préstamo público que su padre no pagó

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Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

1. A principios de 2011, en plena crisis económica, la empresa de Lorenzo Díaz, el padre de Isabel Díaz Ayuso, pidió un préstamo de 400.000 euros a la financiera semipública Avalmadrid. 

2. Como garantía hipotecaria para el préstamo, el padre de Díaz Ayuso presentó una finca con un nave industrial en un polígono de un pueblo de Ávila. El valor escriturado de la finca era de solo 26.000 euros: 15 veces menos que el crédito en cuestión. La nave estaba tasada en 213.596 euros, pero tenía un pequeño problema: era una construcción ilegal.

3. Los técnicos de Avalmadrid alertaron de que el préstamo pintaba mal. El 2 de febrero de 2011, un analista de esta entidad financiera advirtió por escrito de que el préstamo tenía un alto riesgo de impago porque la empresa pasaba por dificultades. 

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La crisis de Ciudadanos y cómo influye en la investidura

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Toni Roldán: "Todas las estrategias políticas tienen costes, pero en mi opinión los costes para España de la estrategia elegida por Ciudadanos son demasiado altos".

La estrategia de Ciudadanos, la que ha sumido al partido de Albert Rivera en esta crisis, se decidió el 18 de febrero de 2019. Ese día, la Ejecutiva del partido discutió qué hacer ante las próximas elecciones generales: cómo afrontar el surgimiento de Vox y la rivalidad que eso les suponía en la derecha.

En esa reunión, primero hablaron los políticos, los miembros de la Ejecutiva. Juan Carlos Girauta y José Manuel Villegas defendieron el veto a Sánchez y el giro a la derecha, mientras que Luis Garicano y Toni Roldán argumentaron que había que mantenerse en el centro, no vetar acuerdos con el PSOE y marcar distancia con Vox. Tras un buen rato de discusión, Albert Rivera planteó que una decisión así necesitaba de argumentos técnicos. ¡Que entren los técnicos!, e hicieron llamar a los politólogos del partido, los que manejan las encuestas.

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