Se corta el pene para que su alma no pene
Manolo Saco
Reconozcamos que un pene no es gran cosa, al menos durante la mayor parte del día, y que los varones solemos sobrevalorar su importancia, quizá por estar excesivamente extendida entre nosotros la costumbre de pensar con la polla. Muchos estaríamos dispuestos a reconocer que la tenemos pequeña, pero ¡ah!, un cerebro pequeño, de ninguna manera. Así que la noticia de que alguien se había cortado el pene y lo había tirado por el retrete me pareció una forma sofisticada de suicidio, de auto decapitación, que precisaba de una buena dosis de valor y desesperación, a partes iguales.
Ocurrió en Salamanca, y el pene pertenecía a un joven de 30 años harto “de pecar” con él, según confesión propia. El pobre no debía de saber, como nos recuerdan Woody Allen y la medicina, que el cerebro es el órgano sexual por excelencia y que por lo tanto tiene la doble función: la de pensar y la de pecar. La agencia no dice cómo pecaba el joven, si solo o en compañía de otros, pero si a los 30 años ya estaba harto de utilizar su varonil cerebrito es que ni se imaginaba el pobre la travesía del desierto que le esperaba al llegar a una edad como la mía. Se lo cambiaba sin ver.