La verdadera Atlántida sí existe, pero no es como en los mitos: 3 ciudades sumergidas del planeta Tierra

El 'landscape' de Atlantis

Adrián Roque

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Durante siglos, la palabra Atlántida ha funcionado como sinónimo de misterio. Una civilización brillante, poderosa, castigada por su ambición y tragada por el océano. Así la contó Platón en su Timeo, y así la hemos imaginado desde entonces: cúpulas doradas bajo el mar, columnas de mármol entre corales y un continente perdido esperando ser encontrado.

La mala noticia para los románticos es que esa Atlántida, como tal, no ha aparecido. La buena es que el mar sí ha borrado ciudades reales. Y la arqueología subacuática lleva décadas devolviéndolas a la luz, o mejor dicho, a la superficie.

No hablamos de fantasía. Hablamos de puertos, calles, templos y almacenes que un día estuvieron llenos de vida y que hoy descansan bajo metros de agua.

1. Thonis-Heraclión, la ciudad portuaria de Egipto que desapareció

En la desembocadura del Nilo, frente a la costa de Egipto, se encontraba una de las grandes puertas comerciales del mundo antiguo. Durante siglos se pensó que Thonis-Heraclión era poco más que una mención en textos clásicos. Hasta que en 1999, tras años de búsqueda, un equipo de arqueólogos dio con ella bajo el Mediterráneo.

Lo que encontraron fue una ciudad entera: templos, estatuas colosales, casas y muelles extendidos a lo largo de kilómetros. El puerto había sido un enclave estratégico hasta que, en el siglo VIII d.C., terremotos y la inestabilidad del terreno provocaron su colapso y hundimiento.

Hoy, las piezas recuperadas —columnas, esculturas, restos arquitectónicos— cuentan la historia de un centro urbano vibrante que el mar convirtió en silencio.

Aquí no hay mito moralizante. Hay geología. Y mucha paciencia arqueológica.

2. Pavlopetri, la ciudad sumergida más antigua del mundo

En el Peloponeso griego, a apenas cuatro metros de profundidad, yace Pavlopetri. Tiene más de 5.000 años y está considerada la ciudad sumergida más antigua documentada hasta ahora.

Durante décadas fue poco más que una curiosidad local. Pero en 2009, gracias a robots subacuáticos y miles de fotografías digitales, se pudo reconstruir su trazado urbano con precisión. Calles organizadas, edificios, patios y tumbas revelaron que no era un asentamiento improvisado, sino una ciudad estructurada.

Los estudios apuntan a que una combinación de terremotos y cambios en el nivel del mar terminó por hundirla. Nada épico. Nada sobrenatural. Simplemente la fuerza implacable de la naturaleza en una zona sísmicamente activa.

Y, sin embargo, pasear virtualmente por sus calles sumergidas tiene algo hipnótico. Es lo más parecido a caminar por un fantasma urbano.

3. Port Royal, la ciudad pirata que se fue al fondo en minutos

Si alguien buscara una Atlántida caribeña, esa sería Port Royal. En el siglo XVII fue uno de los puertos más importantes del Caribe, famoso por el comercio… y por los piratas.

En 1692, un potente terremoto sacudió Jamaica. En cuestión de minutos, gran parte de la ciudad se deslizó al mar. Calles enteras desaparecieron, edificios colapsaron y miles de personas murieron.

A diferencia de otras ciudades antiguas, aquí no hablamos de un proceso lento, sino de una catástrofe casi instantánea. Los restos permanecen bajo el agua como una cápsula del tiempo del siglo XVII, con estructuras urbanas sorprendentemente bien conservadas.

No es un continente mítico. Es una ciudad real, documentada, que sufrió uno de los desastres naturales más devastadores de la época moderna.

¿Y la Atlántida de Platón?

Desde el Renacimiento hasta hoy, exploradores han intentado localizarla en las costas de España, en el Caribe, en Groenlandia e incluso bajo el Sáhara. Pero ninguna excavación, ningún sonar, ningún robot submarino ha dado con ese continente perfecto y ambicioso descrito por Platón.

Todo apunta a que fue una fábula con intención moral. Una advertencia política disfrazada de relato épico.

Paradójicamente, ese mito impulsó a generaciones de investigadores a buscar bajo el agua. Y gracias a esa obsesión, hoy sabemos que el mar sí ha engullido ciudades enteras. No imperios fantásticos, sino comunidades reales que comerciaban, rezaban, discutían y vivían.

La verdadera Atlántida no tiene templos de oro ni poderes mágicos. Tiene grietas sísmicas, placas tectónicas y niveles del mar cambiantes.

Y eso, aunque menos legendario, resulta infinitamente más fascinante.

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