A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Armenia

Alani

Adrián Roque

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Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Armenia juega en otra liga. Su historia culinaria, marcada por siglos de intercambio en el Cáucaso y una fuerte tradición doméstica, explica por qué los dulces armenios combinan frutos secos, miel, sésamo y masas trabajadas con paciencia. Aquí el postre está profundamente ligado a la mesa familiar y a las celebraciones religiosas.

En este recorrido por la repostería armenia asoman nombres que cualquier viajero ha visto —o probado—: el gata, el pakhlava o el sudjukh dulce, dulces que no se entienden fuera de su contexto cultural. Armenia puede dividirse por regiones montañosas o tradiciones locales, pero hay algo que la mantiene unida: su manera hospitalaria de ofrecer siempre algo dulce junto al café.

1. Gata

Uno de los postres más emblemáticos del país. Es un pan dulce relleno de una mezcla de harina, mantequilla y azúcar, con múltiples variantes regionales. Se consume en celebraciones y reuniones familiares.

2. Pakhlava

Versión armenia del baklava, con capas de masa fina rellenas de nueces y bañadas en almíbar. Es un clásico de festividades y ocasiones especiales.

3. Nazook

Rollos de masa crujiente rellenos de una mezcla dulce de harina, mantequilla y azúcar. Son habituales en meriendas y celebraciones, y muy presentes en la repostería doméstica.

4. Sudjukh dulce

Dulce tradicional elaborado ensartando nueces en hilo y recubriéndolas con mosto de uva espesado. Se seca al aire y se corta en rodajas. Es muy representativo de la tradición rural armenia.

5. Alani

Duraznos secos rellenos de frutos secos y azúcar, típicos de ciertas regiones del país. Son un ejemplo claro del uso tradicional de la fruta deshidratada en la cocina armenia.

Armenia demuestra que el postre es memoria y hospitalidad. Sus dulces hablan de montaña, de tradición y de una cocina donde lo dulce no es exceso, sino gesto. A veces, entender un país empieza por aceptar el pequeño bocado que acompaña el café fuerte y la conversación larga.

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