De la COVID-19 y el confinamiento a la unidad de clase
Se ha hablado largo y tendido estas últimas semanas de cómo la declaración del estado de alarma a raíz de la COVID ha acelerado, más que provocado, la última de las crisis inherentes al modo de producción capitalista. Eragin quiere señalar el sufrimiento y la incertidumbre de esa clase trabajadora que parece, otra vez, destinada a llevarse la peor parte, y cuyas condiciones de precarización venimos denunciando en Bilbo desde hace varios años. Principalmente, diferenciamos estas tres realidades:
Uberización. En primer lugar, queremos denunciar la situación de las víctimas de esas nuevas manifestaciones de la vieja precariedad laboral. Estamos viendo cómo irrumpen en nuestra ciudad esas empresas de la llamada economía colaborativa, donde se dan nuevas relaciones laborales que vienen a ahondar en la destrucción del sujeto “trabajador/a” en contraposición a un empresario a través del eufemismo del falso autónomo. Hace tiempo que se ha normalizado en Bilbo la situación de riders obligados a la autoexplotación para sobrevivir, cómo tienen que asumir personalmente el coste de sus bajas o vacaciones, cómo sufren condiciones de nula prevención de riesgos laborales y cómo ahora ven disminuidas las tarifas base de sus pedidos. Vemos, en definitiva, cómo nuevas empresas con un renovado y colorido halo de app para el móvil, se han enriquecido con los mismos método de siempre: la explotación y el aprovechamiento de los momentos de shock para profundizar en su ofensiva económica e ideológica (pues viene a desvirtuar el autoconcepto de miles de personas que, nuevas etiquetas al margen, siguen siendo personas sin medios de producción coaccionadas a aceptar un contrato laboral como única forma de ganarse la vida) contra la clase trabajadora.
Turistificación. También cabe señalar la terciarización del modelo productivo entre los problemas del sistema acentuados por el coronavirus. La progresiva desindustrialización de un país que cedió su soberanía por entrar en la UE y su viraje a una economía centrada en el sector servicios ha provocado unas ciudades inestables, dependientes y empleos más vulnerables a las crisis. Realidad que también se lleva tiempo implementando también en Bilbo, históricamente más vinculada al sector industrial, pero cuyo Ayuntamiento abraza con cada vez más nitidez un modelo neoliberal, “de postal”, centrado en los macroeventos, la hostelería y el turismo. Un modelo mortalmente golpeado por el coronavirus, lo cual va a acusar especialmente la clase trabajadora, que sigue siendo la que prepara comida rápida “esencial” bajo ninguna medida de seguridad, o que simplemente va de cabeza al paro dejando de meter 12 horas diarias en el bar sin derecho al ERTE por no tener contrato. El virus ha evidenciado la importancia de la organización obrera y la ausencia de unas políticas laborales dignas en estos empleos, así como la dificultad de garantizar esto en una economía donde domina el tercer sector.
Cuidados. Otro colectivo que conforma parte importante del bloque especialmente vulnerable a la crisis es el de aquellas personas que vivían de realizar tareas de cuidados de niños y mayores, clases particulares y otras tantas actividades de la economía sumergida, que ahora ven desaparecer su única fuente de ingresos. La llamada reproducción del sistema esconde empleos precarizados, feminizados y racializados, o trabajos “de paso” para una juventud que normaliza condiciones de explotación, nula regulación y bajos ingresos ante una total falta de alternativas. En definitiva, tareas que acostumbramos a mirar por encima del hombro, pero que son absolutamente imprescindibles tanto para quienes los consumen como para mantener y perpetuar día tras día al sistema capitalista al más bajo coste. Ojalá interioricemos lo que está demostrando el virus: que es notablemente más importante la inmigrante que limpia baños, la cajera del supermercado o el repartidor de Glovo que miles de trajeados con máster y posgrado, pese a que las cuentas corrientes de cada uno vengan a decir lo contrario.
Por toda esta gente surgió Eragin. Todos estos rostros de la nueva crisis reflejan el mundo que nos depara el sistema capitalista, cuyas miserias el virus sólo ha acentuado y al cual nuestra ciudad no supone ninguna excepción. Sacamos dos importantes lecciones. En primer lugar, la importancia de todos esos empleos “de segunda” y la necesidad de luchar por defenderlos no sólo con aplausos ni con medidas caritativas de asistencia social, sino con unas condiciones laborales dignas. Por otra parte, que la especial precariedad del sector servicios, de los trabajos reproductivos y de los falsos autónomos son fruto de una menor fuerza histórica en el proceso de negociación y lucha contra la patronal. Eragin lleva años denunciando el progresivo avance del Ayuntamiento del PNV-PSE hacia la implantación de este modelo en Bilbo y enarbolando unas nuevas herramientas de organización para esos rincones adonde no llega la sindicación tradicional. Reivindicamos nuestro papel y hacemos un llamamiento a la gente a unirse para cambiar esta correlación de fuerzas y evitar que las de abajo volvamos a pagar la crisis.
(*) Pablo Lizarraga y Gaizka SuarezPablo Lizarraga y Gaizka Suarez Gaizka Suarez, miembros de ERAGIN,
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