Sáhara Occidental: 50 años de tortuosa construcción de una república
Han sido muchas las visitas a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf y, también, a los territorios liberados, con motivo de la celebración, el 27 de febrero, de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). En sus diferentes Wilayas, Dajla, Auserd, El Aaiún, Esmara o en Tifariti, en el Sáhara liberado, hemos asistido, primero con el presidente Mohamed Abdelaziz y después son su sucesor Brahim Gali, a los actos anuales de conmemoración de ese proceso en buena parte asfixiado y truncado por el final del franquismo, el fracaso de la descolonización y la invasión ilegal de Sahara por parte de Marruecos.
Muchos representantes institucionales hemos participado en esos encuentros anuales a lo largo de estos últimos más de 30 años y hemos podido observar y constatar que, a pesar de las precarias condiciones en que vive la población saharaui, su espíritu es el de un pueblo que anhela la libertad y que no renuncia a su territorio y a sus propiedades y recursos naturales, como reconoce el derecho internacional y determinadas sentencias de los tribunales de la Unión Europea.
Pero los saharauis, con el Frente Polisario a su cabeza, han trabajado, con paciencia y con perseverancia, en ir construyendo desde el destierro, la ocupación y la diáspora una estructura política que ha dado pequeños pero significativos frutos que deben ser reconocidos y valorados.
La RASD se proclamó en 1976 y desde entonces ha sido reconocida por la nada despreciable cantidad de 80 Estados del mundo. Por otro lado, fue admitida en 1982 en la Organización para la Unidad Africana como miembro de pleno derecho y fue, después de la disolución de esta, miembro fundador de la Unión Africana (UA), organización supranacional de estados africanos al estilo de la Unión Europea. Es decir, una situación de reconocimiento parcial en el mundo pero, al fin y al cabo, de reconocimiento relevante. Esta situación desquicia a su vecino y ocupante, el Gobierno de Marruecos, y hace que éste aplique todas sus facultades y capacidades para combatir militar, policial, económica y diplomáticamente al pueblo saharaui y a su débil institucionalidad.
Una de las expresiones más dramáticas de ese tortuoso camino hacia la independencia ha sido y es el clamoroso fracaso de la ONU ante la superación de una situación, la del Sáhara Occidental, que considerado territorio no autónomo aún mantiene desplegada la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental) que se ha demostrado inútil para organizar esa consulta de autodeterminación ante el permanente boicoteo y hostilidad del Gobierno de Marruecos. La ONU ha sido incapaz en 50 años de cumplir su propias resoluciones y en esta última etapa está haciendo uso de un decepcionante pragmatismo debido a la presión de EEUU, el propio Marruecos e, incluso, del Gobierno de Pedro Sánchez, con un ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que parece más un enviado de Mohamed VI que un miembro de un Ejecutivo de la Unión Europea.
El inexplicado y unilateral cambio de posición de Sánchez en relación con la postura de España con la adopción ilegítima de las tesis de ocupación del territorio saharaui planteadas por el reino alauí, disfrazada de autonomía, ha marcado un nuevo tropiezo en el camino para una consolidación definitiva de estructurales políticas estables ysólidass para el pueblo saharaui como tendría que ser una RASD reconocida por el mundo y miembro, también de pleno derecho, de la ONU. El derecho internacional está hoy de parte de esta opción pero el pragmatismo de oscuros intereses y contrapesos debilita esa opción a corto plazo.
Todas las colonias de África han seguido y completado un proceso de descolonización salvo el Sáhara Occidental. Todos los procesos no han sido fáciles ni pacíficos, pero hoy están cerrados. Salvo el saharaui, que ha pasado de una situación colonial con España a una situación de expansión imperial con Marruecos. El Sáhara es a Marruecos lo que el el Donbás es a Rusia o Palestina a Israel. Es decir territorios mayormente ocupados 'de facto' por potencias usurpadoras 'de iure'.
Estos días se celebrarán en toda España actos y encuentros para celebrar esa proclamación republicana inconclusa. El pueblo español está muy lejos de su Gobierno en lo referido al Sáhara Occidental. La inmensa mayoría de los españoles, socialistas incluidos -conozco a muchos-, hemos reconocido durante esta cincuentena el derecho del pueblo saharaui a su libre determinación y a su futuro en libertad como un nuevo Estado. El proceso puede que dure otros 50 años, pero la República Árabe Saharaui Democrática será una realidad.
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