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La otra colonización

Lolita Chávez es defensora del territorio maya y portavoz del Consejo de Pueblos K'iche´(Guatemala)

Patricia Burgo Muñoz

Vitoria-Gasteiz —

Lolita Chávez procede de Pueblo K’iche’, un territorio maya de Guatemala donde el impacto de las multinacionales ha dejado huella. Allí han llegado “empresas mineras, hidroeléctricas, monocultivos o empresas de megaturismo”, enumera la activista para dar a entender la magnitud de lo que denomina “la otra invasión”. Chávez ha sido amenazada y perseguida por sus acciones en defensa de la tierra y el territorio, y cuenta con medidas cautelares de protección. Pero se niega a dar la batalla por perdida porque reclama el papel de su pueblo en la conservación de la biodiversidad. “Hemos cuidado mucho los bienes naturales, el agua, el aire… por nuestra cosmovisión, pero ésto está siendo atentado por lo que llamamos la otra invasión, que se relaciona con la colonización, porque representa el despojo y saqueo de nuestros bienes”, explica pausadamente.

Aida Petrona, es la presidenta de la Organización Indígena de Antioquía, en Colombia. Allí la situación “no es diferente al resto de Lationoamérica”, explica Petrona, maestra de profesión, pero “desafortunadamente la riqueza mineral la encontramos la mayoría en los territorios indígenas”. Petrona denuncia que los agentes económicos conforman alianzas para “capitalizar y poder facilitar la entrada de las multinacionales”. Según relata “el 70% de los terriotorios indígenas en Antioquía ya fueron entregados en concesiones mineras a la empresa que controla el 90% de éstas en Colombia”.

Ambas activistas han visitado Euskadi de la mano de la ONG Mugarik Gabe, que durante 2014 ha programado diferentes actividades para visibilizar el impacto de la multinacionales en poblaciones indígenas de América Latina, y “poner en valor la lucha fundamental, muchas veces invisibilizada, de las mujeres indígenas”, destacan sus organizadores. Entre las actividades previstas la ONG ha querido acercar a Euskadi la experiencia de estas activistas indígenas porque tal y como recuerda Tamara de Gracia, de Mugarik Gabe, “nuestro día a día influye en la vida de otros pueblos, porque que nosotros queramos tener biocombustibles hace que los territorios indígenas sean los que nos proporcionan esa energía, con la consecuente muerte y destrucción de esos pueblos y la persecución de quienes lo defienden”.

“Lo irónico es que no generan luz para las comunidades”

El relato tanto de Lolita Chávez, como de Aida Petrona pone de manifiesto que el interés económico de las multinacionales se olvida de los derechos laborales, sociales, civiles y políticos de aquellos pueblos y genera un grave impacto en el medio ambiente. La activista guatemalteca pone el foco sobre las empresas mineras que buscan “oro, plata o zinc”, y las empresas hidroeléctricas que “privatizan el agua y destruyen la biodiversidad”. Chávez denuncia que “nunca se nos consultó a los pueblos” sobre la llegada de estas empresas, “hicieron las negociaciones a espaldas de nosotros”, apunta. Ante esta situación los indígenas se han levantado contra estas multinacionales, “la resistencia que hemos hecho, ellos la reprimen con su seguridad y con la ayuda del ejército”, explica. Chávez es clara “queremos que se vayan y nos dejen en paz” porque “lo irónico de todo esto es que estas empresas hidroeléctricas no generan luz para las comunidades, lo que hacen es servir a las empresas mineras, para servir a otros megaproyectos”, explica y aclara, “no es que no queramos desarrollo, queremos los modelos de vida que no supongan violentar a los pueblos”.

La situación en Colombia, acuciada por el conflicto armado que soporta el país, sigue los mismos cánones. “Las políticas de Estado criminalizan la minería artesanal”, denuncia Petrona, “el pequeño minero hoy está protestando también por el desconocimiento, y por cómo el Estado ha vulnerado los derechos y ha facilitado la entrada de las multinacionales”. Los efectos según Petrona son muy graves: “hablamos de daño ecológico, daño cultural, arrasar con pueblos enteros, con comunidades enteras, generar desplazamiento...”.

A pesar de que el discurso de ambas activistas dibuja un presente oscuro, ninguna de las dos pierde la esperanza de un futuro mejor para sus pueblos. “Grandes son las empresas, fuertes son los ejércitos y poderosos son los estados, pero los pueblos tenemos la fuerza de la red de la vida, la energía y la cosmovisión”, evoca Lolita Chávez, mientras alude a la solidaridad internacional, “porque el problema no es solo nuestro, es de la humanidad, y culaquier iniciativa que pueda venir fortaleciendo la red de la vida es bienvenido”.

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