Los rostros detrás del cierre de La Naval

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Javier Ansuarena, José Miguel González, MIguel Macías y Oscar Calvo.

Ha llegado la cuenta atrás para salvar el último astillero de la Margen Izquierda, La Naval de Sestao. Ante la incertidumbre, los trabajadores han invadido las calles de Bilbao una vez más con pancartas al grito de “¡Lehendakari, vete tú a Cádiz!”. Si no se confirma la entrada de un inversor privado, 150 de los 180 trabajadores serán trasladados a Cádiz o a Ferrol, mientras que el resto serán despedidos.  

Para algunos, pase lo que pase salir de Bilbao no está dentro de sus planes. A otros se les llenan los ojos de lágrimas al hablar de marcharse de su casa y de alejarse de los suyos. Son algunas de las personas que forman la plantilla de La Naval y que han dedicado gran parte de su vida al astillero: 

Javier Arsuarena 

De Ortuella, lleva 36 años trabajando en el astillero. 

“Tengo familia, dos hijos, uno de ellos en silla de ruedas, con todo lo que lleva eso de centros y solo pensarlo... Que no, que no, que no podemos ya con esta edad, tenemos toda la vida hecha aquí. Supone un duro golpe porque ya no queda nada aquí, tanto dicen que en Euskadi había industrias y es que ya no queda nada, se están cargando todo. Cada vez que viene el PSOE nos deja en pelotas”. 

Óscar Calvo 

Vive en Portugalete y tiene 50 años, de los cuales 36 ha trabajado en La Naval. 

"Para mí es que es mi vida, la recta final de mi carrera laboral. Es dar un hachazo a mí y a mi familia. Tengo un hijo de 19 y otro de 14 años, esos no se quieren ir a ningún lado. Han hecho aquí su vida y si tuviera que coger la maleta, tendría que cogerla yo solo. Mi mujer se quedaría aquí también con ellos”. 

José Miguel González

Lleva 38 años trabajando en el astillero y tiene 54. 

“Para mí supone una pérdida de empleo y una tristeza tremenda. Yo soy de Barakaldo y tengo dos chavales, uno de 21 y otro de 14. Ellos se quedarán, me tendré que ir yo porque al final el problema es mío. Tendré que buscar domicilio e ir yo solo como la mayoría de mis compañeros. 

Miguel Macías

Tiene 51 años y lleva 37 trabajando en La Naval. Es, según cuenta, “de Bilbao de toda la vida”. 

"En principio marcharme a Ferrol o a Cádiz supondría romper mi familia. Mis hijos, el mayor tiene 22 y la pequeña tiene 18 y ya no quieren venir conmigo. Mi mujer se tendría que quedar aquí con ellos y yo desplazarme a donde me lleven”.  

Marta Aguirre (nombre ficticio)

Tiene 45 años, de los que lleva casi 11 trabajando en La Naval. 

“Para mí supone mucha tristeza. Es una empresa centenaria en la que se hacen una tipología de barcos que en el momento en que se cierre no se van a volver a hacer. Nosotros hemos estado haciendo dragas y ferries de más de 100 metros que, desgraciadamente, ojalá me equivoque, pero dudo que vuelvan a realizarse. El gasero que sale en muchas fotos con el puente colgante de fondo ya va a pasar a la historia”.

Sara Gutiérrez (nombre ficticio)

“Llevo 15 años de mi vida trabajando de lo mismo, de lo que me gusta, y estoy súper orgullosa de construir barcos, de que salgan por debajo del puente colgante. Hay mucha gente que se va a quedar sin trabajo y familias que dependen de eso, yo siento mucha pena. Siento que voy a tener que buscar otro trabajo. Yo personalmente no me iría a otro sitio, yo buscaría trabajo aquí por mi situación familiar”. 

Jesús López Alonso

 

Emigró desde Burgos y entró como aprendiz en 1982. Ahora tiene 51 y vive en Bilbao.  

“Me supone un inconveniente brutal, hombre peor sería quedarse sin trabajo pero que se ponga cualquier persona que ha hecho la vida en un sitio con 51 años y que le hagan moverse cuando estás asentado con un piso comprado”.

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