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Un libro viaja al siglo XVII y a las insurrecciones por los fueros en busca de los orígenes del nacionalismo vasco

Fiesta nacionalista organizada por el PNV en Altza (Gipuzkoa) en 1917, con misa cantada y partido de pelota en el programa

Rubén Pereda

Vitoria —
5 de junio de 2026 21:45 h

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El nacionalismo vasco no surgió de la nada, sino que existía ya un “sustrato identitario” previo asentado sobre varios factores como eran una lengua propia, una configuración territorial propia, varios mitos y leyendas más o menos enraizados en la realidad y una legislación y una fiscalidad diferenciadas. A partir de esos ingredientes, el naciente nacionalismo fue viviendo “un lento proceso de maduración”.

Es una de las tesis que defiende Xosé Estévez, autor del libro 'Orígenes del nacionalismo en Euskal Herria (1893-1923)', distribuido primero por la fundación Nabarralde y ahora reeditado por la editorial Erein. El Foro Larrazabal ha organizado este viernes un acto para conmemorar el 133.º aniversario del juramento de Larrazabal, con el que Sabino Arana explicitó sus ideas públicamente por primera vez, y en él ha participado, con una disertación, el autor.

Estévez, natural de la provincia de Lugo pero afincado en Euskadi, se doctoró en Filosofía y Letras por la Universidad de Deusto, de la que fue profesor entre los años 1973 y 2011. Ha escrito abundantes obras sobre la cultura y el nacionalismo vascos, además de artículos académicos y en prensa. En una conversación telefónica explica que, según se iba acercando en 2025 el 130.º aniversario de la fundación del PNV, vio que había un hueco que llenar. “Esa efeméride, mis años de docencia, las lecturas que tenía acumuladas y un intento de hacer una especie de síntesis divulgativa sin perder el rigor científico fueron los motivos fundamentales que me llevaron a iniciar esa tarea”, sostiene.

El autor, Xosé Estévez, con el libro Orígenes del nacionalismo vasco en Euskal Herria (1893 1923)

El principal valor añadido de su nuevo libro reside, opina, en la “cohesión”, tanto secuencial como descriptiva, que recorre sus páginas. “El nacionalismo se va configurando desde un sustrato identitario lejano, un contexto más cercano y unos precipitantes inmediatos que desencadenan la explicitación del proyecto”, apostilla. Y así se estructura la obra: comienza con precursores tan lejanos en el tiempo como Manuel de Larramendi, nacido en el siglo XVII, y discurre hasta la crisis de 1923, con la escisión del PNV del ala más radical.

“Sustrato identitario”

Sostiene que el nacionalismo no nació de la nada, sino que ya desde antaño existía un “sustrato identitario” y se fue desarrollando a través de “un lento proceso de maduración”. Alude a un idioma como el euskera, de raigambre preindoeuropea; a una configuración territorial que se puede entrever en tratados de geógrafos e historiadores griegos y romanos como Tito Livio, Estrabón y Pomponio, una configuración territorial en torno a los Pirineos que se dota de un derecho que se asienta sobre el pactismo, la equidad y el sentido comunitario de existencia, y a una fiscalidad particular y una legislación propia, con ejemplos como el Fuero Nuevo de Bizkaia, del que este año se están conmemorando cinco siglos. Y están también los mitos y las leyendas, algunos con más fundamentación real que otros. Y se apoya aquí Estévez en una cita atribuida al historiador francés Georges Dumézil: “El país que no tenga leyendas está condenado a morir de frío; el pueblo que no tenga mitos está muerto”.

El segundo escalón en el recorrido esbozado por Estévez lo marca un periodo histórico en el que el fuerismo se conecta con el nacionalismo vasco. Sostiene que, en ese momento, “algunos elementos, referentes identitarios, procedentes del fuerismo se reformularon, se transformaron y/o matizaron para poder ser recogidos a finales de la centuria por el nacionalismo aranista en nuevo marco histórico y a su vez redefinidos e insertados en un nuevo contexto discursivo y de significación”.

El movimiento en defensa de unos fueros amenazados —el autor habla de sucesivas “podas del árbol foral” con leyes como la de 1876— aporta el bagaje ideológico que luego Sabino Arana, fundador del PNV, asume, acentuando algunos conceptos, como la raza y el patriotismo, y elevándolos por encima de los demás. Según Estévez, de los dos conceptos de nación que coexistían en aquel contexto en Europa, Arana desecha uno —el voluntarista, de corte más liberal— y se queda con otro —el orgánico, que hace hincapié en la cohesión de un pueblo en torno a una raza, una cultura e incluso una religión—.

El tercer escalón lo marcan los sucesos de 1893 y 1894. Se sucedieron varios episodios en poco tiempo. A principios de junio de 1893, Antero Señorena y José López Zabalegui encabezaron un levantamiento fuerista en las inmediaciones de Puentelarreina. En la noche del 27 al 28 de agosto de 1893, varios manifestantes se concentraron ante el hotel de Donostia en el que se alojaba el presidente de España, Práxedes Mateo Sagasta. La Guardia Civil la emprendió a tiros contra ellos, provocando la muerte de seis personas, en la que se conoce como 'la noche de los tiros de Sagasta'.

Y el ingrediente principal de este caldo de cultivo fue la Gamazada, que es como se conoce a la reacción contra los intentos del entonces minstro de Hacienda, el liberal Germán Gamazo, de suprimir el régimen fiscal del que se había dotado Navarra. “En este ambiente tensional, sobre todo bajo el paraguas impulsor de la Gamazada y las algaradas mencionadas, Sabino Arana creyó percibir que la situación estaba madura para explicitar su proyecto nacional, creando una asociación e inmediatamente después un partido”, escribe Estévez. La creación del Euzkeldun Batzokija tuvo lugar el 14 de julio de 1894, mientras que un año y dos semanas después, el 31 de julio de 1895, se eligieron los miembros del primer Bizkai Buru Batzar, dando así lugar al Partido Nacionalista Vasco.

Los disidentes: la integración del inmigrante y de la mujer

En su libro, Estévez reserva un capítulo, el duodécimo, a los disidentes. Por él desfilan nombres como Eduardo Landeta Aburto, Esteban de Isusi Carregalu, Ramón de Belaustegigoitia Landaluce, Francisco de Ulazia Beitia, Jesús de Sarría y Elías Gallastegui, alias 'Gudari'. Son voces discordantes, cuyo discurso se aleja de la línea oficial del partido, una vez fallecido Arana. Si bien dedica varias páginas a todas estas figuras por ser responsables de aportar “cambios en la concepción del partido” ya en el siglo XX, apunta a Gallastegui como representante de “la oposición más fuerte al oficialismo”.

Le reconoce “el abandono del racismo como elemento diferenciador primordial, así como la postergación del integrismo religioso”, y también lo señala como impulsor del “folclore típico vasco” y como defensor del euskera como “máximo elemento diferencial de la nación vasca”. Mirándose en el espejo del movimiento irlandés, sostiene Estévez, 'Gudari' fue responsable de dar impulso a la incorporación de la mujer al nacionalismo vasco con la creación de Emakume Abertzale Batza. Apunta que se escoró hacia la izquierda, con especial sensibilidad hacia el movimiento obrero, y que manifestó “su apoyo hacia fórmulas de integración del inmigrante”.

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