Pello Salaburu, exrector de la EHU: “Votar a EH Bildu es un olvido particular que repercute negativamente en las víctimas”
Pello Salaburu Etxeberria (Arizcun, 1951) recuerda como uno de los momentos más “impactantes” de su carrera el acto celebrado en el aula magna de la Universidad pública vasca (ahora conocida como EHU) para condenar el asesinato semanas antes de Tomás y Valiente. El jurista e historiador —y expresidente del Tribunal Constitucional— que entonces ejercía como profesor en la Universidad Autónoma de Madrid fue acribillado de tres disparos en su despacho del centro académico por un miembro de ETA. “La sociedad vasca no va a aguantar más a estos sembradores de huérfanos. No pasarán, ni ellos ni quienes en cada elección avalan con su voto el asesinato”, entonó en el campus de Leioa hace 30 años. Era 1996, primer año de su mandato como rector de dicha institución, la cual “no supo ponerse al frente” en los “momentos duros de ETA”, considera.
El año pasado, Salaburu publicó en euskera la primera versión de su libro. Es 'Panfleto contra el olvido', y esta semana lo ha presentado en Pamplona en castellano. Según confiesa, en un primer momento el 'panfleto' fueron unas 40 o 50 páginas escritas “del tirón” para denunciar el “cambio súbito de la izquierda abertzale” estos últimos años respecto al terrorismo de ETA. Los critica sin paliativos. “Siempre hemos pedido que dejasen el terrorismo y participasen en la vida política, pero ahora dan el paso olvidando todo lo que han hecho”, argumenta. En el libro, Salaburu reconstruye testimonios de víctimas de distintas épocas y lugares, intentando impedir que el tiempo las convierta en algo abstracto y las olvide, y reflexiona sobre la memoria, la reconciliación y la democracia para explicar la era posterior a ETA. Porque, a su juicio, la sociedad “quiere olvidar” para mirar hacia adelante, pero implica que a las víctimas “se les robe la palabra, como siempre”.
En la introducción afirma que fueron las “convicciones íntimas” las que le llevaron a escribir este libro, ¿esas convicciones han sido siempre las mismas?
Sí, siempre he tenido esa preocupación. Lo que pasa es que siempre había escrito en el periódico y hace unos años dije: “Me estoy repitiendo. No tengo nada más que decir”.
Y quiso escribir sobre algo diferente...
Siempre me han interesado los testimonios de personas relacionadas con conflictos, las víctimas, a las que se les roba la palabra.
¿Cuál es el relato que más le ha impactado?
Me impactó mucho el testimonio de [Geraldine] Schwarz [que disecciona la pulsión francesa por el olvido tras la II Guerra Mundial] o cuando me di cuenta de que [Konrad] Adenauer uno de los fundadores de la nueva Europa, al cabo del año de estar en el poder, comienza a meter nazis o filonazis en toda la Administración.
¿Le impacta más la indiferencia que un testimonio aislado y concreto?
Sí. La indiferencia en ese caso es el olvido, que es de lo que va el libro. Fomentar un olvido cuidadoso de cosas que no te molesten. Yo lo que quería meter en aquel 'panfleto' inicial es decir: “Mira, aquí queremos olvidar”. Eso es tremendo porque siempre hay unos perdedores sistemáticos, que son las víctimas.
Cuando se le puso una medalla a Rodríguez Galindo, responsable del asesinato de Lasa y Zabala, se lanza un mensaje tremendo a la sociedad
A las víctimas siempre se les roba la palabra, pero también es cierto que son un grupo muy heterogéneo y muchas mantienen un “perfil bajo”. ¿Cree usted que habría que intentar fomentar e incitar a que recuperen esa autoridad moral? ¿Es posible sin sobreexponerlas?
Yo creo que a las víctimas hay que apoyarlas por encima de todo, eso es lo primero. También por encima de su papel social. Podemos animarlas o ayudarlas, pero yo parto siempre de un profundo respeto, porque además cada una responde de manera muy diferente.
Por lo que parece, el olvido es un comportamiento humano y sistemático en todos los tiempos y lugares; ¿exime eso de una responsabilidad particular a la sociedad?
No exime para nada, hay que asumir la responsabilidad que cada uno de nosotros hemos tenido en toda esta historia. Es criminal para la sociedad intentar mirar hacia adelante con esa base tan débil, con esa base tan podrida. Es una responsabilidad personal y una responsabilidad colectiva, aunque la responsabilidad personal siempre se tiende a diluir en la responsabilidad colectiva. También [tiene responsabilidad] el Gobierno. Cuando se le puso una medalla a Rodríguez Galindo, responsable de cosas horrorosas en el cuartel de Intxaurrondo –entre otras, la desaparición y el asesinato de Lasa y Zabala– [y esas condecoraciones no han sido retiradas] se lanza un mensaje tremendo a la sociedad. Eso es inadmisible.
La sociedad ha fallado mucho a los 'nanclares', no se les ha recibido como se debería y eso no beneficia a nadie
¿La sociedad tiene que ser acogedora con aquellos terroristas de ETA arrepentidos? ¿Comparte la consigna de “ni olvido ni perdón”?
No la comparto. [La sociedad] tiene que ser mucho más acogedora con quienes deciden dar el paso realmente en serio. La sociedad ha fallado mucho a los 'nanclares', tenía que haberles dado mucha más importancia. Más acogida. Aunque igual ellos [los presos que se desmarcaron de ETA en la denominada 'vía Nanclares'] no quieran meterse más... Pero no se les ha recibido como se debería y eso no beneficia a nadie. Todos tenemos derecho a vivir y, si nos hemos equivocado, a tener una segunda oportunidad. Hay víctimas que [el perdón] lo han apoyado de forma sincera y la sociedad tiene que ser coherente.
La frase de Soares Gamboa, etarra arrepentido, de “un voto a HB [Herri Batasuna] es una bala regalada a ETA” aparece un par de veces en el libro y se incide concienzudamente en ella. Trayéndola a la actualidad, ¿cree que hoy un voto a EH Bildu es regalar un palo en la rueda al reconocimiento de las víctimas de ETA?
Sí. Hoy en día el voto que se le da a [EH] Bildu es un voto que se da a un olvido particular, buscado. Un olvido que se está dando en la sociedad y que repercute negativamente en las víctimas. Mientras ellos no sean capaces de cambiar y de asumir la responsabilidad que han tenido, yo creo que es así. Las víctimas son quienes tendrían que decirlo.
En el caso de la izquierda abertzale, ¿cuál cree que puede ser la razón de evitar ese reconocimiento a nivel particular e individual por parte de sus miembros? ¿Por qué a nivel de organización no les cree?
Es muy difícil asumir una biografía. No sé por qué no lo hacen, tendrían que decirlo ellos. Hubo compañeros suyos que sí lo hicieron. [A nivel de organización] hubo líneas rojas que se marcaron a los presos por parte de los grupos de apoyo [a los convictos abertzales]. “No te puedes arrepentir y no puedes delatar”, porque si no te echamos del colectivo. Y nadie puede marcar líneas rojas a personas que decidan repasar su pasado, mucho menos desde la comodidad de un despacho. Tampoco son creíbles cuando dicen que “la memoria sí” y reivindican la de hace 80 años, pero al mismo tiempo no reivindican la suya [como victimarios]. Hay que reivindicar la memoria del franquismo, del posfranquismo, las barbaridades que en momentos hicieron los republicanos, lo que hizo ETA y quienes la apoyaron... Todo eso forma parte de un todo, que es la memoria. No se puede seleccionar.
La responsaiblidad de enseñar a los jóvenes es de la sociedad, la familia y la Educación
¿Cree que debía haber una memoria de mínimos para alcanzar la convivencia?
Tiene que haber una memoria de máximos.
¿No es eso excesivamente difícil de conseguir?
Probablemente, pero cada uno tendrá que asumir lo que ha hecho. La complicación está ahí, aunque yo creo que eso hay que exigirlo.
A los jóvenes se les culpa de “olvidar lo que pasó”, cuando realmente hay muchos que no vivieron muchos acontecimientos, ¿a quién habría que atribuir ese desconocimiento?
Desde luego, a los jóvenes no. Los jóvenes deberían saber estas cosas desde las familias. Yo nací después de la guerra y en mi casa no se hablaba de Franco, cuando había que hablarlo porque [todavía entonces] estaban matando personas.
¿Deberían las nuevas generaciones preguntar más?
Los jóvenes deben de preguntar sobre todos los asuntos. Y, sobre todo, hablar con un poco de conocimiento de causa. No se puede ir inventando el mundo en cada generación. De todas formas, yo creo que la responsabilidad de enseñar a los jóvenes es de la sociedad, la familia y la Educación.
Este mismo mes, la también exrectora de la EHU Eva Ferreira declaraba en una mesa redonda, a la que usted también asistió, que "la Universidad [pública vasca], más que a la vanguardia, ha ido por detrás de la sociedad” en lo que a la condena de la violencia se refiere. ¿Por qué?
En los momentos duros de ETA, la Universidad no ha sido capaz de ponerse al frente de lo que eso suponía para la sociedad. Tenía que haber sido mucho más sistemático y mucho más claro. Aunque desde dentro no tienes la misma visión que desde fuera.
La izquierda abertzale ha sacado el rector de la EHU que quería
¿Y qué lo impedía?
No lo sé. Pero, al final, los profesores de universidad estamos contratados para enseñar determinadas cosas y hacer determinadas investigaciones. Además de eso, somos parte de la inteligencia del país. Aunque yo esperé más de la universidad.
En el 2000, cuando usted acabó su mandato de rector, seguía habiendo pintadas, pancartas y dibujos de dianas. A finales de ese mismo año, ETA puso una bomba en uno de los ascensores de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación. ¿Cree que, como rector, le faltó contundencia en algunas cosas?
Yo creo que honestamente hice lo que pude. Hay manifestaciones mías muy duras. Pero había un sector en la Universidad, y yo creo que sigue habiéndolo, la han patrimonializado. Cuando tienes un sector dispuesto a decir que solo ellos tienen la razón y nadie más, porque si no eres un fascista, y no tienes apoyo desde el exterior, es muy difícil. La Policía, aunque han entrado con todos los rectores, nunca eran partidarios de actuar en la universidad. Y eso es bueno, pero al mismo tiempo te da una pata coja.
En febrero de este mismo año, el campus de Vitoria de la EHU se cerró y quedó protegido por un fuerte dispositivo policial con motivo de la visita de Vox. Al mediodía, el rector Joxerramon Bengoetxea destacó la “total normalidad” de la jornada. ¿Considera adecuada esa respuesta institucional?
No, yo no hubiera cerrado la Universidad. Se lo dije el otro día [a Bengoetxea] tras una mesa redonda. Si yo hubiera actuado como lo hizo él, habría tenido la mitad de mis centros cerrados durante los años que estuve en el mandato. Yo no quiero criticarlo. Creo que la izquierda abertzale ha sacado el rector que quería. Lo han dicho públicamente, no estoy diciendo nada nuevo. A partir de ahí no puedo decir mucho.
Me da la impresión de que ha habido una falta de protección con un grupo de profesores importantes de Vitoria
¿Cree que actualmente los profesores están protegidos de intimidaciones o actos que se han ido denunciando a lo largo de los últimos años?
No lo conozco. Me da la impresión de que ha habido una falta de protección con un grupo de profesores importantes de Vitoria, pero no conozco los casos más allá de la prensa. No he hablado con ellos.
¿Ha desconectado de este ámbito?
Por completo.
Ahora, con el estreno de 'La bola negra', hay muchos testimonios de la generación Z en los que se sorprenden de que la paz y la democracia son más débiles de lo que pensaban, cuando la daban por sentado. Una sensación que usted lo expresa con el término “nativos democráticos”.
No he visto la película, la tengo pendiente. Desde mi punto de vista, los jóvenes se dejan seducir por las recetas simples como solución a los problemas complejos. Y a veces pueden no saber dónde se están metiendo. Pensamos que las democracias son sistemas asentados, pero y son tremendamente frágiles, se pueden caer en cualquier momento. Lo hemos visto con lo que ha pasado en Estados Unidos, donde los poderes se comían uno a otro y había un contrapeso muy fuerte. Trump ha ido rompiendo sistemáticamente todo. El ICE es una buena muestra, toda esa persecución a los inmigrantes. Una barbaridad. Esa es una muestra exacta de la debilidad de los sistemas democráticos.
Me da miedo que sean víctimas de una sociedad que no sé hacia dónde va y que puedan acabar siendo victimarios, porque los asesinos muchas veces era gente corriente
En la introducción de 'Panfleto contra el olvido' cuenta que, cada vez que pulsaba una tecla, pensaba en sus nietos, Beñat e Ibon; ¿le preocupa que sus propios nietos pudieran llegar a ser victimarios antes que víctimas silenciadas?
Me da miedo las dos cosas. Me da miedo que sean víctimas de una sociedad que no sé hacia dónde va y que, como personas normales, puedan acabar siendo victimarios. Porque los asesinos muchas veces era gente corriente. Pienso más en la primera, no quiero pensar en la segunda.
¿Pero tiene esperanza?
Yo siempre tengo esperanza, pero la preocupación no me tapona la esperanza. Y tampoco la esperanza me tapona la preocupación.
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