Opinión

La cooperación es la respuesta

Construyendo el granero. Centro de Formación en Agroecológica de Coumbacara (CEFAC), Senegal

Coordinadora Extremeña de ONGD (CONGDEX)

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La pasada semana asistimos con expectación a la presentación del manifiesto #DeLaCrisisSeSaleCooperando, que surge del concierto de los distintos representantes de las cooperaciones descentralizadas de nuestro país y contiene un mensaje enérgico en defensa de los valores de la cooperación internacional en estos tiempos complejos.

El fondo del manifiesto es claro: si asumimos que una crisis, sea de la naturaleza que sea, no se supera hasta que toda la ciudadanía lo consigue; si nos dejamos seducir por la idea que ambiciona no dejar a nadie atrás (con independencia de su nacionalidad, sexo, clase, condición, orientación, origen o destino); en definitiva, si consideramos que para salir de esta situación alarmante debemos hacerlo todas las personas juntas, entonces la cooperación internacional deviene en un instrumento fundamental de nuestra gobernanza.

Cualquier persona con la más mínima afinidad con estos postulados apoyará la difusión del citado manifiesto y, con toda seguridad, estará de acuerdo con las propuestas que plantea. Es destacable la defensa que en él se hace de la cooperación al desarrollo como una política pública fundamental en una administración moderna, con visión a largo plazo y preocupada por los grandes retos globales, que en definitiva son los retos de todos, aunque a veces nos cueste verlo.

La COVID-19, desgraciadamente, ha vuelto a mostrar con toda dureza los efectos de una crisis global. La naturaleza financiera, sanitaria o medioambiental de un problema de tal nivel no esconde una realidad constatable: el grado de interdependencia global tan alto que hemos desarrollado impide estancar sus efectos en determinados espacios. Las consecuencias saltan de escala por encima de las medidas nacionales e inmediatamente surge la necesidad de políticas y acciones supranacionales.

La cooperación al desarrollo no solo es una herramienta indispensable dentro de esas políticas, también tiene sus propias bondades para combatir una característica nefasta siempre presente en estos escenarios: la asimetría, la concentración de los efectos más negativos en las poblaciones más vulnerables.

La cooperación al desarrollo ha estado, necesariamente, siempre impregnada de unos valores como son, entre otros, la promoción de los derechos humanos, la defensa de las libertades y la democracia, la búsqueda de una justicia social global, el respeto medioambiental, la lucha contra las desigualdades o la protección de los colectivos más vulnerables.

Y estos valores son imprescindibles para enfocar a los más desfavorecidos (ya se trate de poblaciones del Sur, infancia, mujeres, o desgraciadamente en este caso nuestros mayores), visualizar las consecuencias que padecen y trabajar eficazmente para paliarlas. Y aún más allá, creemos que la cooperación al desarrollo es un instrumento estratégico para la prevención o reducción de asimetrías o desigualdades.

Ya en este momento la Organización Mundial de la Salud está avisando que el principal foco de la enfermedad se ha desplazado a América Latina. Si la pandemia ha causado tal dolor y sufrimiento en países con altas tasas de desarrollo, con fuertes sistemas de salud y protección social, es fácil imaginar que las consecuencias sanitarias, económicas y sociales pueden ser mayores en los países más empobrecidos. El manifiesto #DeLaCrisisSeSaleCooperando quiere ser la respuesta desde la cooperación descentralizada aceptando el envite.

Creemos que también es fundamental, en este camino complejo que tenemos por delante, mantener los procesos de transformación social, concienciación y sensibilización que, desde hace años, se están llevando a cabo. La construcción colectiva de un nuevo marco de relaciones entre países, entre personas, está absolutamente ligada a un tipo de ciudadanía (que solemos denominar ciudadanía global) capaz de ampliar la mirada más allá de los problemas locales o del corto plazo, capaz de enfocar los grandes desafíos colectivos de nuestro tiempo, capaz de empatizar con las realidades más complejas por muy lejanas que parezcan. En definitiva, una ciudadanía reflexiva, crítica, participativa, comprensiva, solidaria, tolerante y activista.

Educarnos como ciudadanas y ciudadanos globales nos aleja de posicionamientos insolidarios, xenófobos, machistas, localistas y de cualquier otro tipo en cuyo germen se encuentre el distanciamiento o la distinción, cuando no el odio, frente a terceros. Desgraciadamente asistimos a una proliferación cada vez mayor de este tipo de discursos, y es aquí donde resulta fundamental el papel de la educación para la ciudadanía global como herramienta para diseminar la empatía y la solidaridad entre las personas. Es un instrumento de cambio y transformación, rupturista con las posturas extremas que están instalándose de forma progresiva y con fuerza en nuestro país, y por tanto imprescindible para mitigar el potencial riesgo de retroceso democrático, de derechos y libertades de las personas. Incluso aquí.

Necesitamos, probablemente ahora más que nunca, que el trabajo de educación y comunicación transformadora continúe capacitándonos para actuar, para promover o para unirnos a proyectos innovadores que busquen reducir cualquier brecha entre las personas. Somos optimistas, la respuesta ciudadana al confinamiento ocasionado por la pandemia nos ha mostrado múltiples ejemplos de activismo, de solidaridad y de auténtico compromiso. Han sido ejemplos y referentes de lo que una sociedad debería aspirar a ser, el espejo en el que Extremadura desea reflejarse.

Por todo ello, desde la Coordinadora de ONGD de Extremadura (CONGDEX) valoramos positivamente que la Junta de Extremadura, a través de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo, anuncie que continúa apostando por las políticas de cooperación internacional y de educación transformadora. Siempre van a encontrar una cercana aliada en la CONGDEX para la construcción de una Extremadura participativa, solidaria, abierta, concienciada, comprometida con la Agenda 2030 y orientada a las grandes causas como son la sostenibilidad de la vida, el feminismo, la lucha contra las desigualdades o la movilidad humana.

No obstante, nuestra responsabilidad hacia las organizaciones que trabajan en desarrollo desde Extremadura nos lleva a estar muy alerta en el camino que tenemos por delante, y vamos a continuar actuando para constatar que las medidas que se defienden sobre el papel son realmente ejecutadas y puestas en marcha.

Desde la CONGDEX seguiremos trabajando para que las instituciones públicas extremeñas (a nivel regional, provincial y municipal) articulen, en estos tiempos complejos, políticas eficaces de cooperación al desarrollo y la educación para la ciudadanía global. Por ello, nos sumamos a las propuestas que plantea la Red de Coordinadoras Autonómicas para la defensa de la cooperación al desarrollo en tiempo de la COVID-19.Y en concreto, queremos subrayar en este momento tres posiciones especialmente importantes para la CONGDEX:

En primer lugar, entendemos que es fundamental que las administraciones extremeñas mantengan el compromiso con la política de cooperación en términos presupuestarios. Somos muy conscientes de la delicada situación que está viviendo todo el país, así como de los efectos económicos tan graves que la pandemia ha ocasionado. Comprendemos y compartimos la necesidad de atender por encima de cualquier cosa a lo urgente, e intuimos el impacto que está ocasionando todo ello sobre las cuentas públicas. Pero solicitamos que se alcance un equilibrio entre los reajustes presupuestarios necesarios y la garantía de sostenimiento financiero de las políticas públicas sociales. La cooperación al desarrollo fue una de las políticas públicas más dañadas (en términos de recortes) por la crisis financiera de 2008, hasta el punto de que, tras más de una década, aún no ha recuperado su dimensión ni escala. En algunas comunidades autónomas, incluso, no es exagerado afirmar que prácticamente desapareció durante ciertos años. Extremadura merece unas políticas dignas y valientes, con suficientes bases para lograr impactos medibles en la disminución de las desigualdades sociales y económicas que, probablemente, se agrandarán en un futuro inmediato. No somos ilusas y aceptamos que en el corto plazo asistiremos a ajustes presupuestarios, pero demandamos coherencia y entendemos que no sería congruente difundir públicamente un manifiesto de defensa de esta política y posteriormente reducir sensiblemente su financiación.

En segundo lugar, creemos imprescindible que la educación para la ciudadanía global siga consolidándose en Extremadura por ser una herramienta que, aun siendo siempre necesaria, en estos tiempos se antoja como todavía más útil. Los procesos informativos y educativos que intentan frenar la polarización de los discursos, que desmontan las narrativas basadas en el rechazo o el odio a lo diferente, son especialmente precisos en tiempos de crisis. Por ello nos ponemos a disposición de la Administración Regional para trabajar conjuntamente con vistas a la publicación y resolución, en este año 2020, de la convocatoria de proyectos de educación para la ciudadanía global, así como que la misma se dote de la financiación necesaria para garantizar la continuidad del trabajo de la sociedad civil extremeña en los procesos de transformación social.

Finalmente, proponemos continuar el trabajo conjunto con agentes políticos y administraciones de la Región para diseñar el futuro de la cooperación al desarrollo en Extremadura tras esta crisis, consensuando una agenda para los objetivos de Ayuda Oficial al Desarrollo, construyendo un marco legislativo actualizado que recoja nuevas herramientas de cooperación más eficaces frente a los nuevos retos globales, compartiendo objetivos y programas, creando Región desde la solidaridad y el abrazo al Mundo.

Y todo esto, porque nosotras también creemos que la cooperación internacional es la respuesta. A esta crisis y a las pasadas. Una respuesta inteligente y a la vez universal. Es la misma realidad, cuando aborda la lucha contra el cambio climático, cuando defiende los derechos de las poblaciones más desfavorecidas, cuando reivindica la erradicación de la pobreza o cuando las instituciones europeas aprueban un fondo especial para la lucha contra el coronavirus. No hay mejor pedagogía sobre la cooperación al desarrollo que analizar el estupor y la sorpresa que nos causaron las posturas férreas de algunos socios europeos durante la negociación de las ayudas europeas para los países afectados por la pandemia. Sí, en todas las direcciones, la cooperación internacional es la respuesta.

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Publicado el
8 de junio de 2020 - 21:00 h

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