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El fuego arrasó más de 120.000 hectáreas en Extremadura en una década empujado por el año negro de 2025

Dos mujeres observan el pasado verano un área calcinada en la localidad cacereña de Cabezabellosa por el incendio de Jarilla (Cáceres)

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Extremadura ha visto cómo el fuego transformaba de forma drástica su paisaje natural durante la última década. Los incendios forestales asolaron un total de 120.606 hectáreas en la comunidad autónoma entre los años 2016 y 2025, según el último informe publicado por el Instituto Extremeño de Estadística (IEXX). Se trata de un balance profundamente condicionado por la gravedad de la última campaña.

El año pasado se consolidó como el ejercicio más devastador para los montes extremeños desde que se tienen registros recientes. Solo a lo largo de 2025, las llamas devoraron 49.948 hectáreas, una cifra que representa el 41% de todo lo destruido en el decenio. El impacto del fuego el pasado año fue de tal magnitud que multiplicó por cuatro los registros de 2022 (11.272 hectáreas) y de 2024 (12.502 hectáreas.), que hasta entonces lideraban la serie histórica de pérdidas.

La radiografía de la masa forestal perdida pone de manifiesto que el fuego ha castigado con especial dureza a los ecosistemas más complejos y tardíos de recuperar. Del conjunto de la superficie quemada en estos diez años, el 67,4% (81.318 hectáreas) correspondía a vegetación leñosa, mientras que el 32,6% restante (39.284 hectáreas) afectó a formaciones herbáceas.

El monte arbolado y las dehesas sufren el mayor impacto

Si se analiza detalladamente el tipo de masa forestal leñosa que fue pasto de las llamas en este periodo, más de la mitad —un total de 43.419 hectáreas— era monte arbolado, el ecosistema con mayor valor ecológico y cuya regeneración natural requiere de décadas de estabilidad. Por su parte, el matorral y el monte bajo sumaron 32.212 hectáreas quemadas, quedando el resto de la superficie catalogada como monte no arbolado o abierto.

En lo que respecta a las superficies herbáceas destruidas por los incendios forestales de la última década, casi 14.000 hectáreas correspondían a dehesas, un paisaje identitario de la región y clave para el mantenimiento de la biodiversidad y la ganadería extensiva. Las 25.000 hectáreas restantes pertenecían a zonas de pastizales de menor porte pero de igual relevancia para el suelo.

La agresividad de la campaña de 2025 se cebó especialmente con las zonas arboladas de la comunidad autónoma. Durante ese año negro, las llamas destruyeron 21.062 hectáreas de monte arbolado, 13.608 de monte no arbolado, cerca de 12.100 de matorral y monte bajo, 6.928 de dehesas y 8.348 de pastizales, dejando un escenario de difícil gestión para los servicios de conservación de la Junta.

Cáceres concentra el 70% de la superficie quemada

La distribución geográfica de la catástrofe medioambiental de esta última década evidencia una asimetría muy clara entre las dos provincias extremeñas. La provincia de Cáceres soporta la inmensa mayoría de los daños provocados por el fuego en el periodo analizado, acumulando 82.180 hectáreas arrasadas.

Este dato estadístico oficial refleja que siete de cada diez hectáreas asoladas por los incendios forestales en la región se localizan en territorio cacereño, un área con una orografía y unos valles forestales tradicionalmente más vulnerables a los grandes incendios que se repiten cada verano.

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