El 'tornaviaje' de Pizarro y Godoy: la alianza entre Perú y Cáceres que seduce al turismo de lujo
El sector turístico extremeño, que ya supone el 8% del Producto Interior Bruto (PIB) regional, atraviesa un proceso de transformación hacia modelos menos masificados y de mayor valor añadido. Un ejemplo de este cambio de tendencia es el comportamiento del Hotel Palacio de Godoy en Cáceres, el tercer cinco estrellas de la región, que en sus primeros meses de actividad está logrando captar un volumen de turismo internacional tres veces superior a la media de la comunidad autónoma.
Los datos de ocupación del establecimiento reflejan un giro en la procedencia del viajero que pernocta en la ciudad monumental. Más del 35% de las reservas totales tienen origen internacional. Aunque Portugal y el Reino Unido mantienen su relevancia histórica, destaca la irrupción del mercado peruano y estadounidense (este último con un 8% del total), mercados que hasta ahora tenían una presencia residual en la región.
Este flujo de visitantes extranjeros busca destinos con una oferta cultural y gastronómica de calidad, una demanda que se ha acentuado tras la pandemia y que está permitiendo a Extremadura acceder a nichos de mercado antes reservados a otras áreas geográficas de España, según valoran desde el establecimiento cacereño.
La conexión histórica como estrategia de mercado
El palacio, mandado construir en el siglo XVI por Francisco de Godoy —figura clave en la historia del Perú como alcalde de Lima y descubridor del Santuario de Pachacamac—, sirve de base para una propuesta que el sector denomina el “tornaviaje” cultural.
Lejos de ser una mera rehabilitación arquitectónica, el proyecto ha integrado la colaboración de artesanos extremeños y peruanos para combinar la sobriedad castrense española con estéticas americanas en decoración y jardines. Esta narrativa histórica actúa como el principal reclamo para el turista peruano, que encuentra en Cáceres un vínculo directo con sus propios orígenes.
La llegada del segmento premium, con tarifas que en este tipo de enseñas internacionales oscilan habitualmente entre los 200 y los 400 euros por noche, supone una inyección directa en el consumo de alto nivel en la ciudad. Los responsables del negocio aseguran que este fenómeno no solo beneficia a la planta hotelera, sino que tracciona al resto de servicios turísticos locales, consolidando una estrategia de internacionalización que busca elevar el gasto medio por visitante en el territorio extremeño.