Feijóo propone prohibir el uso de Twitter a los diputados para que atiendan en los plenos

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo (izquierda) y el ex presidente del Gobierno central Felipe González

Más que un diálogo fue una sucesión de monólogos. Durante 50 minutos y en formato podcast, Alberto Núñez Feijóo y Felipe González intercambiaron impresiones -unas más elaboradas, otras menos- sobre legislación sanitaria, indultos y Constitución, financiación autonómica, inestabilidad y bipartidismo o lo que denominaron “política tuitera”. De hecho, el presidente gallego llegó a proponer la prohibición del uso de esa red social en los plenos parlamentarios. “De la misma forma que en clase no puede usted andar mandando tweets, si los quiere usted mandar desde el hemiciclo salga un momento”, adujo.

A Feijóo le había molestado observar que, durante la investidura de Mariano Rajoy en 2016, los diputados de Unidas Podemos en el Congreso “no prestaban atención” y se dedicaban, dijo, a escribir en sus microblogs. “Los parlamentos autonómicos ya están así también”, dijo, sin en ningún momento mencionar los potentes equipos de redes sociales que lo rodean a él y a su partido, el PP gallego. Ni los activos y beligerantes tuiteros que se sientan en sus escaños. La conversación con Felipe González no se prestaba a la autocrítica, estaba claro. Y había sido el propio anfitrión de la serie de programas Sintonías infrecuentes el primero en hablar de “política tuitera”. Con cierto aroma a no entender el mundo tal y como es.

Quizás González pensaba en Donald Trump, lo que evidenció al señalar a Biden como ejemplo “de una forma distinta de hacer política”. Pero Feijóo se amarró a la idea para cargar contra el “populismo” de Podemos. Mientras el ex presidente del Gobierno central intentaba reflexiones de cierto fondo, Feijóo prefería lo inmediato. “La política tuitera está a la baja. Podemos era la segunda fuerza del Parlamento de Galicia y ha desaparecido”, afirmó. Lo era En Marea, una coalición en la que además de Podemos y Esquerda Unida se integraban nacionalistas de izquierdas, y pasó de 14 asientos a ninguno en las elecciones gallegas de 2020.

El independentismo catalán fue otro de sus objetivos. “No se da nin una sola condición para el indulto” a los presos independentistas catalanes “porque no tienen ningún intererés en formular las cosas con normalidad”. Su apología sacra de la Constitución del 78 coincidió con la de Felipe González, aunque su argumentación resultó menos elaborada. La sintetizó con unas metáforas automovilísticas y la necesidad de respetar el código de circulación, o algo así. Y explicando como ya en el período constituyente “el independentismo, la extrema izquierda y la extrema derecha” quisieron “frustrar la Constitución”. Los indultos que plantea el ejecutivo de Sánchez, afirmó finalmente con base en el argumentario del PP de Casado, no son otra cosa que “indultar a un socio parlamentario, ERC, para acabar la legislatura”.

De la parálisis en la financiación autonómica, que relacionó directamente con el procés catalán y el bloque parlamentario que sostiene al Gobierno de PSOE y Podemos, culpó a la última ministra de Hacienda de Rodríguez Zapatero. Para lo que conviene a Feijóo y su relato, el PP pareciera no haber estado en la Moncloa entre 2011 y 2018. Para otros asuntos sí. “Desde el año 2016, 2017, y seguro desde el 2018, aquí no se habla de nada, de nada importante”, aseguró, “se habla de como podemos llegar los martes al Congreso y aprobar algunas medidas. Pero de España, de lo que necesita España, yo no lo conzoco”. Tampoco es que él se explayase sobre el particular, más allá del “problemón” de las pensiones y la a su juicio urgencia de “reformar” la sanidad pública.

Fue en relación a esta, o más bien a la salud pública, que se produjo el único conato de debate en el podcast, ya hacia el final. Feijóo recurrió a su letanía sobre la ausencia de “una ley para gestionar la pandemia” y su pretensión de habilitar restricciones a los derechos fundamentales sin recurrir al estado de alarma. González se erigió entonces en defensor de estos y ofreció, con no poca suficiencia, algunas lecciones de derecho constitucional al presidente de la Xunta. “Es elemental, Alberto”. El ex mandatario defendía que algo tan grave como limitar los derechos fundamentales debe siempre someterse al estado de alarma y a su control parlamentario. Feijóo acabó desistiendo de discutir.

Al fin y al cabo, la cordialidad entre los contertulios tenía que ver con las premisas estructurales compartidas. Su nostalgia del bipartidismo como fórmula de estabilidad -sin reparar en que fue precisamente la gestión bipartita de la economía la causa última de la inestabilidad que denuncian-, la fundamental. La resumió crudamente Núñez Feijóo al final de una intervención en la que su adversarios principales fueron Podemos e independetistas, nunca Vox, al que no se refirió. No habrá a su juicio solución “mientras PP y PSOE no hablen, no hablen de verdad, y no hablen a carajo sacado”.

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