Radio 3 en el Reina Sofía

“Cantad quien se la sepa, y quien no que mueva la cabeza”: historia de un concierto de 17 horas

Viva Suecia durante el concierto de Radio 3 en el Reina Sofía, después de 15 horas de actuaciones.

Ocurre algo con las personas y el tiempo si se sobrepasan ciertos límites. Cuando las cosas se alargan mucho, muchísimo, hasta lo ilógico, el cuerpo se siente como tomado por una fuerza extraña. Puede ser una película, una noche de juerga o, quizá el ejemplo más ilustrativo, una partida al Monopoly. Las horas comienzan a confundirse porque las bases con las que construimos nuestras rutinas, nuestro día a día, se vienen abajo. Tanto física como mentalmente, todo pasa a interesarnos menos. O directamente nada, solo nos concierne aquello que nos ha hecho entregar nuestro cuerpo al tiempo. Algo parecido pasa con la música: nos toma y nos obceca en ella, durante un rato solo importa una canción, un estribillo o simplemente unos acordes.

Madrid celebra el Día y la Noche de los Museos con talleres, visitas especiales y mucha música

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Llevar tiempo y música al paroxismo es la seña de identidad del concierto que Radio 3 organiza en las inmediaciones del Reina Sofía con motivo del Día de los Museos. Una tradición moderna recuperada este miércoles 18 de mayo tras tres años de ausencia por la situación sanitaria (esa que parecía detendría para siempre el tiempo). Nada menos que 48 actuaciones en un solo día, 17 horas de música sin pausa (y con algo de prisa).

Por la mañana yo me levanto

Lo más llamativo es quizá la hora de arranque: las siete de la mañana. Muy temprano para algunos, un poco tarde para otros. Con legañas en los ojos y con la Plaza frente al Edificio Nouvel todavía entonándose, tanto a nivel de afluencia como de ánimos, fue a Camellos a quien le cayó el honor o el marrón de empezar la faena. La banda formada en Embajadores destaca por una ironía tan chabacana como inteligente en sus letras, y quizá no era el momento más idónea para apreciarlas. Realmente no era un momento idóneo para apreciar nada. Su directo transmitió más profesionalidad que frescura, así que nos quedamos con las ganas de verlos con un cubata en vez de un café.

Con Hoonine y La Plazuela la cosa se empezó a animar. El flamenco fusión de estos últimos, sentido pero muy rítmico, castizo pero no postizo (o lo justo), brilló especialmente. En “Perico el de la Tomasa” o su particular “Tarara” la mezcla entre derroche escénico y voz rasgada/sentida de cada integrante hizo de este dúo granadino lo más destacado del primer bloque.

La confección del programa de actuaciones, un poco extraña e irregular a ojos del espectador, tiene su explicación en la escaleta de Radio 3, que lo retransmite en directo íntegramente. Durante toda la jornada, las actuaciones se alternan con intervenciones de los presentadores y presentadoras de los distintos espacios de la cadena pública, muchas veces entrevistando a responsables del Reina Sofía o artistas vinculados al Museo.

Poco después de animar al público a corear la señal horaria que marca las ocho de la mañana, Ángel Carmona, conductor de Hoy empieza todo, es precisamente quien anuncia la baja de uno de los platos fuertes del primer tramo: La La Love You. Su ausencia no fue, sin embargo, el fin del mundo. Depedro lo dio todo sobre el escenario en solitario. Pero el momentazo de la mañana fue su actuación conjunta con Carmona, David García “El Indio” (Vetusta Morla) y Muchachito, que si fue improvisada no lo pareció.

La estampa de la mañana es muy curiosa. Un concierto donde casi nadie acude a las barras (todavía) y pueden verse algunos niños devorando unos sándwiches con sus padres antes de ir al colegio. Todavía no son las 9, pero ya hay ambientazo para ver a Guitarricadelafuente. Un amigo que ha acudido a ediciones previas, a diferencia de mí, comenta que no suele haber tanto ambiente tan temprano.

Después de Guitarrica hay una pequeña desbandada, aunque antes del mediodía hay actuaciones sobresalientes. Somos muy de Alice Wonder, de su interpretación íntima, como para dentro, conjugada con mensajes potentes, muy para fuera. También de la poquísima vergüenza de las Ginebras, que con su lema “mucha salud mental, mucha rabia y mucha fiesta” animan a bailar como Miquel Iceta en sus letras y a hacerlo como Chanel en un trato con el público que manejan fenomenal. Son ellas quien marcan el paso de la hora temprana a lo medianamente razonable al percatarse de que “ya hay gente con cerveza”.

Miradas inquietas

Una de las cosas que más me chirrían del evento es el marco que le sirve de excusa. En realidad cualquier justificación es buena para montar algo así, pero en el Día de los Museos el Museo se diluye. Pese a esas intervenciones que decíamos por parte de responsables del Reina, se echa en falta por ejemplo algún reconocimiento para todo el personal que lo saca adelanta a diario. Esos trabajadores y trabajadoras que se asomaban al concierto desde el interior de las instalaciones del museo cómo y cuándo podían. Parte de esa plantilla, la de Atención al público y Mediación cultural, desconvocó una huelga apenas unos días antes tras conseguir sus reclamaciones a la empresa. En realidad, no hay mejor homenaje que unas condiciones laborales dignas.

De estas pequeñas entrevistas sobresale sin duda la de Eugenia Tenenbaum. Preguntada acerca de El Guernica, esta historiadora del arte prefiere destacar una obra sobre la que no se ponen todos los focos, haciendo honor a la tesis que defiende en su reciente libro La mirada inquieta (Temas de Hoy, 2022). Se trata del cuadro Un mundo (1929), de Ángeles Santos.

Pese a que tenga mis reservas con el concepto que enmarca el concierto, otra gente no lo ve así. Es el caso de Irene y Ela, dos chicas que acuden en horario vespertino. Tras pasar un rato en la plaza, comentan que van a aprovechar para ir al Reina ya que hoy la entrada es gratuita con motivo, también, del Día de los Museos. A ellas nunca les costaría nada al disponer de Carné Joven, pero el evento las ha atraído y ya aprovechan para visitarlo. Quizá, después de todo, lo museístico no se pierde entre tanto acorde.

“La música mueve a mucha gente joven, aunque también a personas más mayores”, comenta Irene. “Puede servir para que la gente descubra nuevos museos, lugares y cosas que hacer por Madrid”, añade. A Ela le han gustado mucho los artistas que ha visto: “Hay música para gustos muy variados, y el hecho de que coincida con la entrada gratis y con talleres especiales ha sido un puntazo”.

Y nos dieron las diez horas de concierto

Llama la atención cómo cambian los públicos conforme avanza la tarde, en función de los horarios y la programación. Fueron desfilando por el escenario la electrónica de Rocío Márquez & Bronquio, el neo-folk vasco de Verde Prato o la unión de dos clásicos muy presentes: Los Secretos y Pancho Varona, que interpretaron juntos Y nos dieron las diez y Ojos de gata. En cinco minutos pasamos de la voz flamenca de Miguel Poveda a Soul Teller o el enérgico blues de Travelling'Brothers.

Hablaba antes de los empleados del Reina, pero hay otros trabajadores cuya labor es imprescindible subrayar. Ver currar en directo al equipo técnico del concierto a semejante velocidad te hace darte cuenta del valor y la complejidad de este trabajo. Tratándose de un concierto tan largo, obviamente el sonido no fue perfecto en todo momento y se produjeron algunos desajustes, pero en líneas generales todo funcionó correctamente sin apenas retrasos.

Con el paso de los grupos y las horas perdí la cuenta del número de veces que cambié las gafas de vista por las de sol. La miopía y el verano al aire libre son malas compañeras. Tampoco me percaté del instante en el que las barras y los puestos de cerveza, vacías poco tiempo atrás, se habían masificado. No negaré que parte de esta crónica fue ideada en una de estas colas. Quizá incluso escrita.

Las cinco fue una hora bien potente: La Paloma y Aiko el grupo lo dieron todo, demostrando una vez más que son dos bandas que se crecen en sus enérgicos directos y, de paso, la buena salud del indie español. También lo dio todo, aunque a su manera (la del rollazo), Judeline. Una gaditana de 19 años que se sube al escenario con la misma naturalidad y el mismo dominio que si estuviera paseando con sus amigas por los Caños del Meca, su tierra. Lara Fernández, que así es su nombre real, dejó una de las frases de la tarde por cómo resume el espíritu de un concierto de estas características, en el que se disfruta de artistas que esperamos con ansia... y de otros que acabamos de conocer: “Cantad quien se la sepa, y quien no que mueva la cabeza”. La cabeza, como la mirada, mejor inquieta.

Tracas finales

En la hora de la merienda, el plato fuerte (osease el gofre) era, con permiso de Elefantes y de unos Sexy Zebras que montaron unos buenos shows, Califato ¾. El inclasificable grupo andaluz de “folclore futurista” (o “Albert Pla jarto de keta”, como dijo el capataz de la banda, Manuel Chaparro) se presentó algo mermado en el número de integrantes y en las condiciones de los que llegaron. Interpretó un único tema, cuyo videoclip publicaron apenas un día antes. Decimos tema como podríamos decir relato, ya que “Lô amantê de Çan Pablo” reimagina con una ternura desgarrada la historia de Romeo y Julieta, pasándola por el filtro de la rave jonda. Lo de inclasificable no era porque sí.

Doctor Explosion, Tito Ramírez y Kike M actuaron en el siguiente segmento. Empezaba a pasar algo curioso con el tiempo. Después de tantas horas, la noción del mismo era difusa. Lo que antes era cansancio se convirtió en una especie de inercia que empujaba a seguir de pie, bailando y coreando en una plaza cada vez más abarrotada.

Y así llegamos a la cuádruple traca final. Cada uno a su manera, Putochinomaricón, Derby Motoreta's Burrito Cachimba, Soleá Morente y Viva Suecia montaron cuatro espectáculos tremendos para despedir por todo lo alto 15 horas de concierto frente al Edificio Nouvel. Que acabásemos arribísima hasta quienes llevábamos tantas horas de trote en el cuerpo, los oídos y la cabeza lo dice todo. En estas cuatro actuaciones una plaza abarrotada se dejó el alma. Flotaba en el ambiente la sensación de recuperar un modo de ocio, casi de vida, que durante un tiempo pareció irse para siempre.

En el tramo final, con varias sesiones de música electrónica conducidas por los DJs de Radio 3, el movimiento se trasladó al interior del Reina Sofía en el jardín del Edificio Sabatini. De ellas no puedo decir demasiado. A veces la mejor crónica de lo ensordecedor es el silencio.

Los conciertos por el Día Internacional de los Museos están disponibles en la web de Radio 3.

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