La crisis y los recortes dejan a España sin Mundial: pocos robots españoles viajarán a Brasil

Mohammad Ali Sharpasand, uno de los desarrolladores del equipo de robótica irani (Foto cedida a Hoja de Router por los investigadores)

La última inversión pública que recibió el equipo español de robótica de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), procedente de ayudas ministeriales y de la Unión Europea, fue de unos 130.000 euros. Una cantidad que se reduce hoy a una cuarta parte, haciendo imposible que el equipo pueda afrontar los gastos que supone participar en el Mundial de fútbol de robots.

Así lo explica a HojaDeRouter.com Jose María Cañas Plaza, ingeniero y responsable del grupo de robótica de la institución académica. “Nos hemos quedado sin fondos”, asegura. Según Plaza, competir es una decisión que se toma con bastante antelación, puesto que se necesita al menos un año para tener a los robots preparados.

En la misma situación se encuentra el equipo de robótica formado por miembros de la Universidad Politécnica de Valencia, la Universidad de Murcia y varias universidades francesas, que sí participó en otras ediciones. Tal como nos cuenta Francisco Blanes, director del Instituto de Automática e Informática Industrial de la institución, llevan desde 2012 sin poder asistir a la RoboCup por los recortes en materia de investigación.

Su presupuesto también era muy modesto. Contaban con ayuda de la universidad y de varios planes de apoyo a la investigación que, en conjunto, sumaban entre 10.000 y 15.000 euros al año. Ahora esta inversión se ha retirado. “Nos hemos quedado totalmente a cero”, sentencia el ingeniero.

Jonathan Ferrer y el resto del equipo de la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad Griffith de Australia son, sin embargo, la excepción. Ellos sí podrán competir. En parte, comenta Ferrer, gracias a la alianza entre ambas universidades, que permite compartir gastos; y en parte también porque él mismo obtuvo una beca de la propia RoboCup que cubría la cuota de inscripción y los gastos del viaje a Brasil.

Es caro disputar un Mundial

Hay que comprar nuevos robots cada cierto tiempo, desarrollar y mejorar el 'software', pagar al equipo y financiar el viaje. Cuando la inversión pública es mínima y las autoridades reducen la concesión de proyectos a la ciencia, tomar parte en la competición es inviable para la gran mayoría de equipos españoles.

Curro, Algarrobo y Estudiante , los robots futbolistas de de la URJC, cuestan cada uno cerca de 12.000 euros; aunque el precio suele rebajarse a unos 5.000 para los que participan en la RoboCup. En esta clase de equipos suelen jugar entre cinco y seis robots. Echando cuentas, solo en 'hardware' habría que invertir más de 30.000 euros. A eso hay que añadir, como señala Ferrer, lo caro que es viajar a Brasil, y más ahora que el Mundial de fútbol (el de los humanos) está en marcha. Por eso, de momento, solo viajarán Jonathan y su supervisor.

A esto hay que sumarle que equipos como el de la URJC tampoco han recibido ayudas para mantener a estudiantes de doctorado, que suelen participan en este tipo de proyectos. Jose María explica que, para tener opciones en el Mundial de robots, el equipo ha de ser lo más numeroso posible. Sin las personas, los autómatas no tienen nada que hacer.

En la actualidad: inversión privada y, por tanto, limitada

“A día de hoy, es un hecho que hay menos dinero para la ciencia”, afirma Plaza. Y es que no solo se han visto afectados en la RoboCup. Otro de los proyectos que han tenido que abandonar tenía como objeto la investigación de enfermedades neurológicas. Con esta iniciativa, en colaboración con la Fundación Reina Sofía, el equipo de robótica utilizaba a sus ‘humanoides’ en terapias para enfermos de Alzheimer. Finalmente, “lo echaron para atrás por los recortes”.

Plaza denuncia que otros países, en situaciones de crisis, toman medidas opuestas. Es el caso de Alemania, que ha aumentado el presupuesto destinado a la investigación. Lo hacen, según el ingeniero, “porque el dinero que dedicas a la investigación hoy es el dinero que mañana te genera la propia industria. Los gobiernos de los últimos años han ido recortando en investigaciones científicas porque lo ven más como un gasto que como una inversión”.

Por eso la estrategia actual del equipo de la URJC es dirigir sus investigaciones al mundo de la empresa, en busca de financiación privada. Básicamente, trabajan en robots susceptibles de tener aplicaciones comerciales.

Además, este grupo español cuenta con ayuda del consorcio ‘Robocity 2030’ , la red de robótica de la Comunidad de Madrid que apoya a los investigadores de la región para que puedan seguir trabajando y que se ha convertido en la única esperanza para muchos.

Pero, ¿qué es la RoboCup?

Avicenna, Persia o Arash son algunos de los robos que participarán este año en la RoboCup de Brasil, una competición mundial que se celebra desde 1997 y que este año tendrá lugar entre los días 19 y 25 de julio. El evento reúne a ingenieros de múltiples países cuyo objetivo principal no es ganar, sino mejorar la técnica futbolística con robots para luego aplicar los avances a otros ámbitos tecnológicos y científicos.

El equipo iraní, que resultó vencedor en la última cita internacional, disputada en Teherán, sabe lo difícil que es enfrentarse a países como Alemania, uno de los claros favoritos. Mohammad Ali Sharpasand, de 21 años, nos explica el funcionamiento de la llamada liga estándar, en la que compiten robots ‘humanoides’. Es la misma liga en que participaban, cuando los recursos no eran tan escasos, los equipos españoles.

La liga estándar es una de las más famosas de la RoboCup. Sigue una regla: todos los equipos deben usar el mismo modelo de robots. Esto significa que ninguno puede construir sus propios autómatas: vienen de fábrica. Concretamentene de la francesa NAO Aldebarán. No se aceptan modificaciones en el 'hardware', así que todos 'futbolistas' participantes son aparentemente iguales. En otras categorías, la cosa cambia.

Más competencia al liberar el código

El desafío está en el 'software', en cómo se programan estos robots de menos de 50 centímetros. Los ingenieros tienen que insuflarles vida, hacer que se muevan, que sepan qué hacer en cada momento e, incluso, regular su visión. Hasta hace poco más de un año, cada equipo utilizaba su propio código, pero ahora el comité técnico de la competición obliga a liberarlo.

Esto permite que los equipos que se incorporan a las diversas competiciones de la RoboCup estudien los programas para reutilizar algunas partes de ese código. “Llegan a tener un robot operativo mucho antes de lo previsto, lo que ha permitido que se integren nuevos equipos con relativa facilidad”, explica Plaza.

“Un robot no sería posible sin un 'software'”

Los robots juegan al fútbol casi de la misma forma que lo hacemos los humanos. Corren algo menos y, eso sí, se caen continuamente. Pero se levantan, se coordinan, siguen estrategias para marcar gol y superar a sus contrincantes de otros países.

Nada de esto sería posible sin el 'software' porque, cuando compiten, los robots son completamente autónomos. Los desarrolladores los han programado de tal forma que, cuando suena el pitido inicial, los robots dependen únicamente de sí mismos. Van tomando decisiones en base al programa que los hace inteligentes.

Que un robot avance, que chute o que le pase la pelota a un compañero no es una cuestión de órdenes, sino de programas. El objetivo es que tome sus propias decisiones en función de lo que percibe a través de sus sensores. Al final, la ventaja de un equipo sobre otro depende exclusivamente de que sus programas “estén mejor o peor programados”, explica Sharpasand.

Igual que los jugadores de carne y hueso se gritan, se piden la pelota o reclaman una falta, los robots también se comunican entre ellos. No lo hacen a gritos, sino mediante comunicación indirecta, gracias a algoritmos de coordinación que permiten a los miembros del equipo intercambiar mensajes a través de una red interna. Pero, como dice Cañas, “esto no es magia, estamos haciendo que unos cuantos tornillos hablen con otros cuantos tornillos, y eso también se basa en la programación”.

El fútbol no lo es todo

Aunque el objetivo inicial de la RoboCup era desarrollar un robot futbolista capaz de plantar cara a Messi o a Ronaldo en 2050, en la actualidad, sus fines se han diversificado en otros ámbitos.

Otro de los equipos españoles que sí podrán participar en la RoboCup – pero sin jugar al fútbol – será el REEM@LaSalle, que utilizará el robot REEM creado por la empresa catalana PAL Robotics, que este año competirá de la mano de estudiantes de la universidad privada Ramón Llull.

Ellos lo harán en la liga ‘Home’, en la que, como explican Sammy Pfeiffer y Jonathan González (sus impulsores) a HojaDeRouter.com, se recrea el ambiente de una casa y los robots tienen que desempeñar labores domésticas para ayudar a sus habitantes. Se convierten así en autómatas ‘de servicio’, que reciben órdenes, las obedecen, y que son capaces de reconocer a sus dueños.

El objetivo no es ganar, sino el avance de la ciencia

Aunque sea una competición, la verdadera esencia de la RoboCupesencia es ofrecer un lugar de encuentro para esas mentes prodigiosas que hacen avanzar la robótica. Durante este tipo de eventos, los ingenieros ponen en común sus desarrollos para poner su granito de arena en el progreso de esta rama de la ciencia.

“Estas competiciones son mostradores de cómo está la tecnología robótica”, explica Cañas. Jugar al fútbol no es un fin en sí mismo, pero si eres capaz de jugar bien, la tecnología que has desarrollado para eso será aplicable a situaciones interesantes y útiles para la ciudadanía. En el fondo se trata de un trabajo colaborativo entre expertos de países muy diversos, “aunque la existencia de una competición siempre es motivadora”.

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Las imágenes de este reportaje fueron cedidas a HojaDeRouter.com por los propios equipos de robótica, salvo las que son obra de Jiuguang Wang y Torsten Maue.

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