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La Justicia absuelve al anciano de 83 años que mató al ladrón que asaltó su casa en Mallorca

Pau Rigo y su esposa a la salida de los Juzgados de Manacor

Esther Ballesteros

Mallorca —

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La Audiencia Provincial de Balears ha absuelto a Pau Rigo el jubilado de 83 años que hace dos meses fue declarado culpable de matar con su escopeta a uno de los ladrones que asaltó su domicilio en Porreres (Mallorca) en febrero de 2018, una resolución que desató la controversia y reabrió el debate acerca de la legítima defensa. Después de que la Justicia anulase el veredicto de culpabilidad por diversos errores en su planteamiento, los magistrados han exonerado finalmente al anciano al considerar que “no hay prueba suficiente” que indique que el acusado tenía “ánimo de causar la muerte” del atracador. Los otros tres hombres que irrumpieron en su casa sí han sido condenados.

Cabe recordar que el ajustado veredicto -cinco votos a favor y cuatro en contra- sembró de inmediato las dudas acerca de su legitimidad, dado que la Ley del Tribunal del Jurado (LOTJ) establece, en su artículo 60, la necesidad de contar con al menos siete votos a favor para poder declarar culpable a un acusado. No en vano, apenas unos días después de que el jurado emitiera su dictamen, la Fiscalía y el abogado del procesado reclamaron la nulidad del objeto del veredicto por fallos en el planteamiento de las preguntas efectuadas a los jurados.

En su sentencia, a la que ha tenido acceso elDiario.es, la Sección Primera de la Audiencia señala que, durante el juicio, no quedó probada la concurrencia de la legítima defensa completa y sí la eximente incompleta de “miedo insuperable”. Al no alcanzarse las mayorías pertinentes, el tribunal aboga por un pronunciamiento absolutorio en aplicación del principio in dubio pro reo en favor de Pau Rigo.

Por su parte, la Audiencia ha condenado a cuatro años y ocho meses de prisión a uno de los ladrones como autor intelectual del robo con violencia en casa habitada; a otro, a cuatro años y seis meses por cooperar en la planificación del asalto, y a cuatro años y 11 meses del tercero de los asaltantes por ejecutar el robo así como por las lesiones causadas al anciano.

El actual letrado de Rigo, Jaime Campaner, cogió las riendas del asunto con un veredicto de culpabilidad en las manos cuyas deficiencias le llevaron a solicitar de inmediato su revocación, petición que finalmente acogió la magistrada que juzgó la causa. Además de la amplia repercusión generada, el resultado del juicio levantó la polvareda acerca de si en este caso se produjo o no una reacción proporcionada por parte del jubilado.

Después de que la jueza anulase el dictamen de culpabilidad y decretase que el juicio se celebrase de nuevo, el letrado de Rigo se opuso a ello al entender que sólo cabía emitir una sentencia absolutoria para el anciano. Argumentaba para ello que en el veredicto el jurado descartó por unanimidad que Rigo hubiera disparado con intención de causar la muerte al ladrón. El problema radicaba en que, en otro punto posterior del veredicto, los miembros del tribunal apoyaron por cinco votos frente a cuatro --lo cual no es suficiente para un hecho desfavorable-- que Rigo era culpable de matar al ladrón “estando sometido a una amenaza, real, seria e inminente que produjo una afectación grave de su entendimiento y una deficitaria dominación de su voluntad”.

El abogado del jubilado reclamaba la absolución

“Si no se alcanzó el número de votos necesarios para la declaración de culpabilidad del acusado Pau Rigo, la consecuencia no puede ser otra que el dictado de una sentencia absolutoria con todos los pronunciamientos favorables para mi patrocinado”, razonaba en su recurso, finalmente admitido.

En su declaración en el juicio, el dueño de la vivienda alegó que actuó en defensa propia y la de su mujer ante el miedo y el temor que sintió por estar viviendo un segundo robo en menos de tres meses. El primero había sido llevado a cabo por individuos con la cara tapada que se llevaron 30.000 euros. Dos de ellos eran los mismos que los del asalto posterior.

En concreto, los hechos se remontan a la mañana del 24 de febrero de 2018, cuando los hermanos Fredy y Mauricio E. –el presunto ladrón fallecido–, animados por Pep S. y Marcos R., también acusados, asaltaron la casa del anciano, a las afueras de Porreres, para robar el dinero de la vivienda. Los dos hermanos accedieron a la finca con pasamontañas para evitar ser reconocidos, unos guantes y dos patas de cabra con las que abrir la caja fuerte. Cuando el anciano salía a pasear –supuestamente, sabían que lo hacía habitualmente– lo abordaron por la espalda y le exigieron el dinero.

Versiones contrapuestas

Las versiones de las partes difirieron, sin embargo, en cuanto a las supuestas agresividad y violencia empleadas para exigir el botín. La defensa del anciano aseguró en la vista oral que le pusieron en el cuello un cuchillo de grandes dimensiones, extremo que negaron los abogados de los acusados, y que la violencia fue in crescendo mientras le pedían más y más dinero. La Fiscalía, por su parte, sostenía que lo agarraron por la espalda y le taparon la boca para que no gritara, mientras que, dentro de la casa, habrían empujado a su mujer, haciéndola caer.

Después de que los dos hermanos bajaran al sótano, se apoderasen de un total de 15.000 euros repartidos en mochilas y volvieran a subir, el anciano cogió una escopeta de caza y disparó en el abdomen a Mauricio. En este punto, las versiones volvían a chocar. El anciano asegura que les conminó a que se marcharan y que ellos, en lugar de hacerlo, se abalanzaron sobre él, momento en el que disparó. En cambio, la Fiscalía y los otros acusados dicen que esperó el regreso de los ladrones en el salón y, cuando pretendían salir con el dinero, disparó. Tras ello, Fredy E. se abalanzó sobre el autor del disparo y le golpeó con una pata de cabra para luego cargar con su hermano a la espalda y huir con el dinero.

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