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Silas Wager, el artista que convirtió una antigua panadería en un santuario musical de 12.000 vinilos

Silas observa con atención una pequeña escultura de color naranja con gafas de sol, que representa la imagen artística del creador musical con el que trabaja ahora.

A. Lliteras

Mallorca —
18 de junio de 2026 06:01 h

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Hay personas que llegan a una isla buscando sol. Otras se aferran a la estacionalidad para encontrar una oportunidad profesional e incluso las hay que recalan en ella para fijar una jubilación tranquila. El londinense Silas Wager aterrizó en Mallorca hace cinco años con algo bastante menos habitual: una colección de aproximadamente 12.000 vinilos acumulados durante más de tres décadas. Lo hizo en una antigua panadería del casco histórico de Palma, espacio que reconvirtió para crear su tienda-estudio, Eclectic Journeys, un espacio que aspira a ser refugio para la curiosidad musical y un lugar donde nacen canciones y en el que todavía se cree en el poder de los encuentros inesperados.

Aquellos discos, reunidos desde que tenía 17 años recorriendo tiendas, mercadillos y colecciones privadas, no eran solo una afición, sino el hilo conductor de una vida entera atravesada por la música, la búsqueda y la escucha como forma de conocimiento. Hoy, a sus cincuenta y tantos años, esos mismos discos se han convertido en el centro de un proyecto vital que encontró en Palma el lugar adecuado para desarrollarse. Y es que la trayectoria de Wager difícilmente encaja en la imagen clásica del comerciante especializado o del emprendedor cultural. Antes de abrir su tienda, había encadenado una secuencia de oficios tan dispares como reveladores de una vida alejada de la linealidad y marcada por la adaptación constante: fue paperboy —repartidor de periódicos— en su adolescencia; trabajó como cartero, como instalador de moquetas y como diseñador gráfico. 

Su llegada a España se produjo hace una década. Lo hizo llevando consigo prácticamente todas sus pertenencias, incluidos los miles de discos que había acumulado durante años. Tras instalarse durante un tiempo en el campo valenciano, donde vivió alrededor de cinco años, comenzó a pensar en un nuevo destino. Mallorca aparecía en el horizonte por varias razones: el tamaño de Palma, su tradición cultural y un contexto musical y pasión por el vinilo que, según él, llevaba décadas formando parte de la identidad de la ciudad.

Los vinilos pueden escucharse allí mismo gracias a los tocadiscos a disposición de los clientes, de forma sosegada y sin presión crematística.

Una antigua panadería

El local que alberga hoy Eclectic Journeys posee una historia propia. Durante décadas funcionó como panadería y todavía conserva hoy el elemento que remite a aquel pasado. Entre las estanterías llenas de discos asoma el horno que se utilizaba para elaborar pan y que conserva cuarenta décadas de elaboración artesanal. Hace más de cinco años, la tienda de Silas abrió originalmente bajo el nombre de Got Blues Listen To Jazz, una elección que reflejaba las influencias musicales más importantes en la vida de su propietario. No era acaso una casualidad. Su madre era pianista y la música formó parte de su educación sentimental desde la infancia. Él mismo recibió clases, aunque resume con humor su experiencia con una frase que repite entre risas: “Mis oídos son demasiado buenos para mis manos”. Aquella sensibilidad auditiva fue la que terminó alimentando durante décadas una pasión coleccionista que acabaría transformándose en una profesión.

La tienda de Silas abrió originalmente bajo el nombre de Got Blues Listen To Jaz. En el establecimiento todavía hay elementos que remiten a la antigua panadería

Con el tiempo, sin embargo, el nombre de la tienda comenzó a quedarse pequeño. Muchos visitantes llegaban convencidos de que únicamente encontrarían jazz y blues cuando la realidad era muy distinta. Pero en las estanterías convivían el soul, el funk, el disco, el house, el techno, la música africana, la electrónica o el folk y toda otra clase de géneros y grabaciones difícilmente encasillables. Había discos de los años veinte del siglo pasado junto a lanzamientos contemporáneos y rarezas que escapaban a cualquier clasificación convencional. Silas decidió rebautizar el proyecto hace aproximadamente medio año y así nació Eclectic Journeys, un nombre que resume mejor la filosofía de una tienda donde el descubrimiento importa más que las etiquetas por géneros.

En la tienda, que se llama ahora Eclectic Journeys, conviven discos de los años veinte del siglo pasado junto a lanzamientos contemporáneos y rarezas que escapan a cualquier clasificación convencional

Esa filosofía —de escuchar, conversar y crear— guía sus planes de futuro, que incluyen recuperar conciertos íntimos, sesiones de DJ y cine para pequeños grupos.

La importancia de dejarse sorprender

Acaso quien entra en Eclectic Journeys suele hacerlo con una idea concreta en la cabeza. Hay quienes preguntan por John Coltrane, Miles Davis, Pink Floyd o Led Zeppelin. Son referencias inevitables y muy repetidas en las conversaciones. No obstante, Silas intenta que la experiencia no acabe ahí. Y es que, más que vender un disco concreto, opta por despertar la curiosidad de quienes cruzan la puerta. Considera que la cultura musical “crece cuando uno se permite explorar territorios desconocidos y abandonar, aunque sea temporalmente, los caminos más transitados”. Por eso anima a los visitantes a escuchar, comparar y dedicar tiempo a géneros o artistas que jamás habían considerado.

La propia dinámica del espacio —pequeño pero cozy, como dirían los ingleses— favorece esa actitud. Los discos pueden escucharse allí mismo gracias a los tocadiscos a disposición de los clientes, de forma sosegada y sin presión crematística, y con recomendaciones inesperadas, historias sobre músicos olvidados o debates sobre escenas musicales lejanas. El visitante tiene la sensación de estar en un espacio donde la música sigue siendo una experiencia compartida y no únicamente un producto de consumo. Esa atmósfera evoca inevitablemente a determinadas tiendas londinenses donde el intercambio cultural importa tanto como las transacciones comerciales.

Eclectic Journeys es difícil de definir: tienda, estudio, archivo musical y espacio cultural.

Los discos pueden escucharse allí mismo gracias a los tocadiscos a disposición de los clientes

Además, la imprevisibilidad y la magia son esenciales. Aquí nadie puede garantizar qué discos estarán disponibles la semana siguiente. Parte del encanto consiste precisamente en aceptar esa incertidumbre. Hay personas que llegan buscando un título concreto y terminan enamorándose de algo completamente distinto. Para Wager, esa posibilidad de sorpresa constituye uno de los grandes placeres asociados al coleccionismo y una de las razones por las que sigue creyendo en el valor cultural de los espacios físicos. 

La música del pasado se encuentra con la futura

Desde el principio, Silas concibió el espacio como algo más amplio. Una de las motivaciones que le impulsaron a abrir el negocio en Palma era la posibilidad de ayudar a otros músicos y creadores a desarrollar sus propios proyectos. Detrás de las estanterías funciona un estudio donde actualmente trabaja junto a artistas interesados en grabar o dar forma a nuevas composiciones. La idea no consiste en dirigirlos ni en imponer una visión determinada, sino en acompañarlos durante el proceso creativo respetando siempre sus decisiones artísticas.

Ese deseo de colaborar con otros músicos tiene raíces profundas. El mismo Silas produjo un elepé bajo el nombre de Neoteric Manoeuvres y, a pesar de que llegó a publicarlo, la experiencia estuvo lejos de convertirse en un éxito comercial. La mayoría de las copias no encontraron comprador y ni siquiera el sistema de sale or return —poder devolver aquello que no se ha vendido— consiguió darle una gran visibilidad. Solo una tienda apostó decididamente por aquel trabajo y únicamente logró vender alrededor de cincuenta ejemplares. Sin embargo, aquella experiencia le enseñó algo: a partir de entonces reforzaría su voluntad de crear un espacio que pudiera servir de apoyo a otros creadores.

Durante décadas el espacio funcionó como panadería

Contra la lógica del algoritmo 

Para alguien que siempre se sintió más oyente que músico, trabajar junto a personas capaces de transformar ideas en canciones representa una forma distinta de participar en el proceso creativo. Habla de ello con entusiasmo y cautela, mientras apunta con el dedo a una pequeña escultura de color naranja con gafas de sol, que representa la imagen artística del creador con el que trabaja ahora y a quien facilita sus ideas y las condiciones para que la música pueda surgir de manera orgánica. Apenas desvela ahora más detalle sobre ello.

Esa filosofía —de escuchar, conversar y crear— guía sus planes de futuro, que incluyen recuperar conciertos íntimos, sesiones de DJ y cine para pequeños grupos. Durante la pandemia, las restricciones marcaron el inicio de una tienda aún en consolidación, con una gran incertidumbre porque acababa de llegar a la isla y no sabía si habría público suficiente, aunque con el tiempo llegaron clientes habituales, tanto turistas como residentes interesados en nuevas músicas.

Ahora quiere recuperar ese sueño cultural y planea reformar la zona del antiguo horno para casi duplicar el espacio, lo que permitiría organizar conciertos, proyecciones y encuentros con mayor comodidad. No lo plantea como un proyecto empresarial cerrado, sino como un espacio abierto a propuestas de artistas y creadores. Dentro del espacio, la sección ‘Música de la Isla’ —llama la atención una maqueta de 1981 del mítico grupo local Forats Negres—reúne grabaciones producidas en Mallorca y funciona como un proyecto personal para preservar y difundir su patrimonio musical.

El londinense utiliza el vinilo contra la dictadura del clic y el algoritmo

Silas, que venderá vinilos en agosto en el festival de música electrónica Naguaifest y que participó en el evento de Las Dalias Ibiza en Calvià este pasado mayo, compra con frecuencia discos locales para acercarlos a nuevos oyentes y visibilizar una historia cultural a menudo desconocida para el turismo, lo que también le ha permitido conocer artistas y observar sus dificultades: admira su creatividad, pero cree que la difusión no puede recaer solo en una tienda, sino que requiere implicación del creador además del trabajo colectivo, fruto de su experiencia en la música independiente.

Con todo, Eclectic Journeys es difícil de definir: tienda, estudio, archivo musical y espacio cultural. Aunque sobre todo es una invitación a detenerse, escuchar y descubrir lo inesperado incluso en la era de los algoritmos.

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