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ENTREVISTA

Kemi Seba, líder de Urgences Panafricanistes: “La nueva África va a parar el expolio europeo”

Kemi Seba en el parque Madrid Río tras la entrevista con elDiario.es.

María Iglesias

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Fundador y líder de la organización Urgences Panafricanistes, Kemi Seba tiene mucha influencia sobre la juventud africana, tanto en el continente como en la diáspora, incluida España.

Seba ha ganado relevancia por el papel desempeñado en 2016 por su ONG en la lucha por la abolición del esclavismo negro en Mauritania, pero también por un gesto que le llevó a la cárcel en Dakar: quemar un billete de 5.000 francos de África Central (CFA) en un acto en Senegal en 2017 para denunciar el imperialismo francés a través de esa moneda impuesta y acuñada por Francia y que sigue vigente 60 años después de las independencias africanas.

Pero la figura de Seba también cuenta con un lado controvertido, por sus críticas a las ONG de derechos humanos y por recibir financiación de Rusia, Irán, Hezbolá y el grupo de mercenarios rusos Wagner –implicados en la invasión rusa de Ucrania, así como en la violencia en el Sahel–.

Su discurso llama a huir del victimismo y a acabar con la connivencia entre oligarquías africanas y europeas, al tiempo que desafía a sus socios antioccidentales, rusos y chinos, advirtiéndoles de que África no aceptará cambiar a un colono por otro. Su popularidad entre algunos sectores es tal que lo consideran vivificador del legado de los primeros presidentes del África independiente –el burkinés Thomas Sankara, el congoleño Patrice Lumumba, o el ghanés Kwame Nkruma, que acabaron asesinados o depuestos por Occidente–.

Complejo, de muchas aristas, Kemi Seba nació en 1981 en Estrasburgo (Francia), hijo de una pareja emigrada de Benín, y a los 30 años se instaló en Senegal. Cambió su nombre hasta entonces –Stellio Gilles Robert Capo Chichi–, y empezó a construirse como figura pública, primero como cronista político televisivo y luego como activista.

Seba, además, ha escrito ensayos como Supra-négritude (2013), Black Nihilism (2014), L’Afrique libre ou la mort (2018) y Filosofía de la panafricanidad fundamental (2023), el primero publicado en español. Dentro de la gira de presentación que arrancó en París, Roma y Bruselas y seguirá por Londres, Lausana, Colombia, Panamá y Cuba, Kemi Seba presentó su libro en el Espacio Afro de Madrid, junto al analista de relaciones internacionales Sani Ladan, camerunés afincado en España, y mantuvo una entrevista con elDiario.es.

¿Cuáles son los objetivos y estrategias de Urgences Panafricanistes?

Los objetivos son la autodeterminación política, económica y cultural de nuestros países, así como la reapropiación de nuestros recursos y la autonomía para decidir nuestros acuerdos de partenariado sin que nos vengan impuestos por el neocolonialismo.

Dado que los recursos africanos son depredados por las élites occidentales, nuestra estrategia para acabar con este expolio pasa por crear un ecosistema geopolítico donde diversos países opuestos al imperialismo occidental nos apoyan logística y financieramente. Países de Sudamérica, Oriente Próximo y Europa del Este han respondido a nuestro requerimiento al darse cuenta de nuestra enorme influencia sobre la juventud africana.

¿Qué aborda en su obra Filosofía de la panafricanidad fundamental?

Planteo la necesidad que tiene el pueblo africano de comprender que la última forma de colonialismo es la globalización neoliberal, que afecta a todos los pueblos del planeta, incluido el proletariado europeo, aunque obviamente en distinto grado. Y expongo que solo podremos resistir y vencer a esta hidra de la globalización mediante el enraizamiento en nuestras propias culturas originarias.

A una gran mayoría europea solo parece interpelarle de África la llegada de migrantes en pateras por el Mediterráneo, algo que azuza la extrema derecha para crecer, aunque solo suponga un 1% de la migración que llega a España, por ejemplo. ¿Por qué jóvenes africanos se juegan la vida para emigrar a Europa?

Para empezar, aclaremos que ni siquiera la mayoría de migrantes africanos sueñan con venir a Europa. Tres cuartas partes de la migración africana es interior. Pero, además, si esa ínfima proporción de africanos intenta cruzar a Europa es siguiendo la migración de nuestras materias primas, robadas por las multinacionales europeas y occidentales.

Yo soy un patriota y como tal puedo comprender esa necesidad de defensa de los intereses de un pueblo que dice abanderar la extrema derecha europea. Lo que no entenderé jamás es la hipocresía con la que critican la migración humana y no la migración/expolio de materias primas africanas.

África sufre la migración más que nadie porque necesitamos conservar en casa a nuestra juventud brillante. Pero cuando los europeos se lanzaron a colonizar el mundo no se les impidió viajar. Los africanos también tienen derecho a circular con libertad.

¿Conoce la política migratoria del Gobierno español? ¿La masacre de Melilla con 23 muertos? ¿Qué papel cree que podría jugar España como vecino europeo más cercano a África?

Sí, por supuesto estoy al tanto. Pienso que España debe ser capaz de admitir que los que quieren atravesar las vallas lo hacen porque la UE aplica una política depredadora y no de partenariado. ¿España quiere parar la migración? Que Europa pare el pillaje de materias primas africanas. La represión en frontera no servirá de nada.

Por otra parte, hay que recordar que cuando los colonos europeos, que eran una minoría sobre la población mundial, se lanzaron a los cuatro puntos cardinales para apropiarse del planeta e imponer su mentalidad e intereses, nadie les restringió su libertad para circular. Pues bien, los africanos tienen el mismo derecho a viajar a donde quieran. Aunque yo no les anime a abandonar nuestro continente.

Usted defiende no migrar, quedarse en África y fortalecerla e incluso es muy crítico con las ONG de rescate en el Mediterráneo ¿Por qué?

Lo que yo preferiría es que nuestro pueblo pudiera disfrutar de sus riquezas en nuestro continente. La primera en sufrir la migración es África, porque necesitamos que nuestra brillante juventud se quede en casa. Pero lo cierto es que una parte de nuestro pueblo sigue la migración de nuestras materias primas. Y el problema que tengo con las ONG de derechos humanos europeas es que no apuntan nunca al origen del problema de la migración. Por supuesto, me siento más cercano de un español que intenta salvar migrantes que de uno que quiere tirarlos al mar. Pero la ayuda occidental se basa en un mesianismo de buena conciencia blanca hacia los pobres africanos que no necesitamos para nada. Lo que hace falta es justicia social y que cese el pillaje. Para mí en esto izquierda y derecha son igual de hipócritas.

En 2017 fue encarcelado en Senegal por quemar un billete de franco CFA. ¿Por qué lo hizo?

El franco CFA es una moneda colonial construida para beneficiar, primero, a las empresas francesas y, acto seguido, a las multinacionales europeas. Crea un desfase entre nuestras economías por la paridad con el euro que impide cualquier competitividad.

Si Macron ha accedido a que Francia deje de tutelar a los bancos centrales africanos y devuelva el depósito del 50% de nuestras reservas que hasta ahora tenía que estar en el Tesoro francés es por la insurrección que desencadenó nuestra quema del billete.

¿Qué se logró con ese acto simbólico?

La quema del billete creó una insurrección con jóvenes repitiendo el gesto en el África francófona y la diáspora. Y ello ha forzado que, por primera vez desde la creación del franco CFA en 1945, un presidente francés, Emmanuel Macron, haya tenido que hacer reformas aunque insuficientes y cosméticas.

Por una parte, se han devuelto millones que estaban depositados en Francia [se refiere al fin de la obligación de que el Banco Central de los Estados del África Occidental tuviera el 50% de sus reservas en el Tesoro de Francia], ya no habrá franceses de los bancos africanos [alude a que hasta ahora el ministro de Economía y el gobernador del Banco de Francia participaban con derecho a veto en dos reuniones anuales una de las cuales transcurría en París]. Nada de esto ha pasado por decisión de los Estados, sino por la movilización que nosotros impulsamos.

¿Cómo está hoy la emancipación monetaria africana?   

Parece que pronto desaparecerá el franco CFA para ser reemplazado por el ECO, pero la clave es cambiar la paridad con el euro por la de una cesta de divisas fluctuantes, como le sucede al yuan.

En el panorama actual africano vemos dictadores de décadas, como Obiang en Guinea Ecuatorial; presidentes que fuerzan las Constituciones para seguir más de dos mandatos, como pasó en Costa de Marfil y Guinea Conakry; líderes emergentes hostigados como Bobi Wane en Uganda o el senegalés Ousmane Sonko; opositores como Peter Obi, que denuncia amaño en las elecciones en Nigeria, revoluciones en peligro como la de Sudán y otras convertidas en nuevas dictaduras como la de Egipto. ¿Cómo, en tal contexto, contempla el avance del continente?

En África occidental se está dando ya un vuelco histórico. Ha habido lo que Occidente llama “golpes de Estado”, que nosotros llamamos “revoluciones populares” que llevan a quitar de la cabeza de los Estados a dirigentes títeres del poder europeo. Es lo ocurrido en Burkina, Mali y hasta en Guinea Conakry donde, con las críticas que se quiera, el cambio es fruto de la coordinación entre una revolución civil patriótica y una toma del poder por militares patriotas. En otras zonas sí queda muchísimo por hacer.

¿Mantienen usted y Urgences Panafricanistes alguna coordinación con los jóvenes políticos emergentes: Sonko, Wane, Obi...?

Hay ya relaciones coordinadas entre un buen número de nosotros. Y a esa lista añadiría a Julius Sello Malema, en Suráfrica. Todos bebemos, aunque en distinto grado, de la fuente del panafricanismo, pero ellos están arraigados en sus respectivos países y nuestro punto diferencial es ser transnacionales.

Nos estamos pensando si dar el paso a la política institucional. Mi dilema es si ser, dentro del panafricanismo, un Fidel Castro o un Ché Guevara que propaga el mensaje por un contexto internacional.

¿Por qué no hay una gran reacción política pese al descontento de una población africana con 18 años de media que no se beneficia de riquezas como el petróleo, gas, uranio, oro, coltán, litio... que Europa necesita?

Nosotros huimos de determinismos fatalistas. Nuestro lema es: “Lo que la élite no haga por el pueblo, el pueblo lo hará por sí mismo”. Lograremos cambios en la medida en que nuestras sociedades civiles asuman su responsabilidad, presionen y los propicien.

¿Qué horizonte temporal prevén para ese gran progreso africano?

Estamos ya en el proceso de transformación del continente porque ninguna transformación física ocurre sin un cambio previo psicológico, mental, intelectual y esto ya está ocurriendo. La nueva generación es consciente de que el mundo no cambiará si no cambiamos nosotros. El África de esta generación sabe que todo pasa por parar el expolio de Europa.

¿Se plantean usted y Urgences Panafricanistes dar el paso a la política institucional? ¿En qué país?

De hacerlo sería en Benín, de donde procedo. Tengo nacionalidad beninesa y francesa. No voy a esconder que justo ahora estamos en pleno debate sobre si pasar a la política institucional. Me pregunto: ¿Seré tan libre de decir lo que digo y hacer lo que hago si doy el paso? Porque hoy en día no tenemos poder de decidir, cierto, pero influimos en las decisiones gracias a nuestro tirón popular vía redes sociales.

La política, que hasta ahora era cosa de una élite en un marco profundamente institucional, ha mutado. Nuestro respaldo social lo tienen pocos dirigentes africanos, lo que les inquieta enormemente. Mi dilema es si, dentro del panafricanismo, quiero ser un Fidel Castro o un Ché Guevara que propaga el mensaje por distintos países. Solo que el Ché lo hacía con las armas y yo, de momento, con la palabra.

¿Son partidarios de la lucha violenta?

La lucha violenta puede ser una necesidad si es decidida por nosotros, pero no por otros. Aceptar que otros nos empujaran a ella nos convertiría en mercenarios. Por ahora privilegiamos la vía ciudadana porque nuestra ontología no es pasar forzosamente por la violencia.

El diario Jeune Afrique acaba de publicar que en 2018-2019 ustedes recibieron una financiación de 400.000 euros de Yevgueni Prigozhin, el jefe de los mercenarios de Wagner que han perpetrado horrores en la guerra siria, en República Centroafricana y ahora en Ucrania.

Es algo a lo que ya hemos respondido públicamente.

Sí, reconociéndolo.

Más bien contextualizándolo, que no es lo mismo.

Ha explicado que recibieron ese dinero y que pararon la colaboración cuando Prigozhin les pidió a cambio pasar a la lucha armada. ¿Colaborar con Wagner les genera conflicto ético?

Ninguno, mientras no nos impongan qué hacer. No se puede comprender la colaboración con Wagner sin conocer nuestro camino político. Nosotros aspiramos a ejercer la misma influencia, pero de signo contrario, que George Soros, USA-Aid y la Agencia Francesa de Desarrollo. Y como nos oponemos a la hegemonía occidental ultracapitalista buscamos la alianza con el resto de actores opuestos.

¿Cómo han trabado esas alianzas?

El éxito de nuestra campaña contra el franco CFA en 2017 atrajo miradas de Irán, del Hezbolá libanés, de Cuba, Venezuela, finalmente Rusia y también Turquía. Yevgueni Prigozhin comprendió nuestro poder político como Erdogan, como Hezbolá y otros en América del Sur o, en África, Madagascar y ahora Mali. A todos les hemos dicho que aceptamos su financiación y apoyo logístico, mientras no nos digan cómo actuar. Hacer partenariado no significa cooptar. En todo caso, la financiación de Wagner no ha sido ni el 10% del total del resto.

Llama a la Unión Africana (UA) “prostíbulo donde la dirigencia africana se vende a Europa por dinero”, pero a la vez defiende un orden multipolar. ¿Qué alternativa ve para interactuar en un mundo en plena reconfiguración de sus relaciones por impulso de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica)?

Toda estructura en África debe representar la voluntad popular africana. Yo soy muy crítico con la Unión Europea, pero los que se sientan en el Europarlamento son elegidos por el pueblo. En cambio, no hay elecciones para estar en Parlamento de la UA, sino que los parlamentarios son nombrados por presidentes con poca o ninguna legitimidad.

Entre sus aliados “contra el Occidente imperialista y ultracapitalista” cuenta en su libro anterior, L'Afrique libre ou la mort, a “las naciones revolucionarias cuyos valores supremos son la tradición primordial, la ética y no la búsqueda desenfrenada de la pasta”, y se refiere muy especialmente a Rusia e Irán. ¿La Rusia de Putin no es capitalista? ¿El régimen de Irán no es contrario a la ética en su represión de las mujeres?

Hay que diferenciar dos tipos de neoliberalismo: el económico y el social. El social es el American way of life: el derecho de los hombres a convertirse en mujeres y el de las mujeres a hacerse hombres, aunque yo respeto el uso que cada cual haga de su cuerpo. Es la destrucción del hogar familiar, del matrimonio y la familia tradicional, de la espiritualidad. En eso Putin se opone totalmente al neoliberalismo social. Y sobre Irán, tiene una percepción propia de la espiritualidad musulmana, chií, que merece ser oída. Aunque yo me opongo totalmente a la represión de las mujeres.

Los enemigos de Occidente son nuestros amigos. No tengo el menor conflicto ético en que nos financie el grupo de mercenarios rusos Wagner mientras darnos dinero no implique imponernos qué hacer.

Dice que “los enemigos de enemigos pueden ser, justo por eso, amigos”. ¿Ve a Europa y Occidente como enemigo?

Diferencio a las élites occidentales, que sí depredan nuestros recursos, del pueblo occidental que también sufre el neoliberalismo, aunque sea en distinto grado que los africanos.

¿Piensa que para que África emerja Europa debe caer o que hay que tender puentes entre las ciudadanías africana y europea?

Nosotros no tenemos necesidad de que Europa caiga o desaparezca sino de una total renovación de nuestra mutua relación. Pero para que ello pase hay que cambiar de arriba a abajo las condiciones de partenariado entre los continentes. En Urgences Panafricanistes hemos hecho alianzas con el movimiento de los chalecos amarillos en Francia. Hay gente estupenda en África y Europa, y horrible también en ambos continentes.

Usted, que subraya el origen común de los negros del mundo, ¿preferiría priorizar entre sus financiadores a africanos y afrodescendientes en la diáspora de alta capacidad económica (banqueros, empresarios, artistas, deportistas)?

Ya nos financian muchos futbolistas y artistas famosos africanos y afrodescendientes que conectan con nuestro mensaje. La diáspora tiene un gran papel que jugar. El panafricanismo nació en la diáspora. Gente como Sani Ladan aquí en España hace una gran labor. Yo mismo nací en la diáspora en Francia. La coordinación entre diáspora y continente es clave.

Urgences Panafricanistes se asienta, como se lee en L'Afrique libre ou la mort, sobre tres principios: “autodeterminacón, antivictimización y la virilidad del pueblo”, y el sexto de los siete puntos de su programa es “la puesta en valor de la mujer africana tradicional”. ¿No incurren en una visión patriarcal?

A ver, el patriarcado que domina el mundo y está ligado al capitalismo es el patriarcado blanco. El hombre negro durante la esclavitud era maltratado y convertido en juguete sexual incluso por señoras blancas que luchaban por los derechos de la mujer. Pero, además, “virilidad” tiene distintos orígenes etimológicos y yo me refiero al sánscrito “vira” que significa “heroísmo” y no a “vir”, “hombre”, en latín. Cuando recuerdo a Winnie Mandela o miro hoy a Nathalie Yanb, veo el heroísmo y la valentía popular y eso es lo que quiero designar al decir “virilidad del pueblo”. En cuanto a “la puesta en valor de la mujer africana tradicional”, remite a la dualidad hombre-mujer en el sentido de complementariedad. En mi país, Benín, Dios se representa con la forma de unos gemelos, mujer y hombre, Mawu-Lisa que según la tradición son la deidad a la vez, en conjunto.

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