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The Guardian en español

Opinión

El antisemitismo es un peligro para todos y tenemos que pasar a la acción

Donald y Melania Trump en un acto en honor a los asesinados en el atentado antisemita de Pittsburgh. WHITE HOUSE / FLICKR

Sadiq Khan

Alcalde de Londres —

El sábado pasado, exactamente una semana después del horroroso ataque en Pittsburgh, tuve el privilegio de asistir a un servicio de Shabat en una sinagoga de Londres para mostrar solidaridad con la comunidad judía, tanto la de aquí como la de todo el mundo. Rezamos por todos los afectados, las familias, los amigos y toda la gran comunidad judía. La tarde del día en que escribo esto, daré un discurso en la cena anual de la Junta de Delegados de los Judíos Británicos, una gran organización que hace un trabajo increíble representando a la comunidad judía del Reino Unido.

Es comprensible que muchos judíos de Londres, y de muchas otras comunidades judías en todo el mundo, no sólo lloren a las víctimas del atentado en Pittsburgh, sino que estén preocupados por lo que este ataque significa para su propia seguridad. Una sinagoga siempre debe ser un santuario, un sitio en el que uno se sienta a salvo para practicar su fe en paz.

El espantoso ataque terrorista mató a estadounidenses judíos inocentes, pero todos lo sentimos como un ataque a nuestro estilo de vida y a las libertades que tanto valoramos. La lucha contra el antisemitismo no se trata solamente de proteger a la comunidad judía, sino que es una lucha por la sociedad entera. El antisemitismo amenaza nuestros valores, la cohesión de nuestra comunidad y a toda la sociedad.

Desafortunadamente, el ascenso del antisemitismo y la extrema derecha no se puede tomar simplemente como una tendencia pasajera. La Organización para la Seguridad de la Comunidad (CST, por sus siglas en inglés) ha presentado un informe que asegura que los incidentes de antisemitismo en todo el Reino Unido están en cifras récord. Sólo en Londres, los casos registrados han aumentado casi en un 200% desde 2011.

La historia nos ha enseñado qué peligros conlleva el ignorar estos incidentes y a dónde puede llevarnos el antisemitismo si se le deja crecer y enconarse. Y la historia también nos ha enseñado que generalmente un aumento del antisemitismo y del extremismo de derechas viene acompañado de otras formas de crímenes de odio y división, que coinciden con una recesión económica, el ascenso del populismo nacionalista y la inseguridad política.

Es alarmante ver que han regresado todas estas señales de advertencia, así que es vital que pasemos a la acción de inmediato.

En Londres, estoy haciendo todo lo que puedo por luchar contra el antisemitismo. En mi administración, la policía de la ciudad tiene una política de tolerancia cero hacia el antisemitismo, sin importar donde ocurra. Esto incluye el interior del partido Laborista, sin importar cuán extraño esto pueda parecerles a algunas personas. También he trabajado en un programa del Ayuntamiento contra el extremismo violento, que está intentando ponerle freno a la propagación de ideologías extremistas de cualquier tipo.

Pero también debemos alentar a todos, sean de la religión o el origen que sea, a participar en la derrota contra el odio. Esto implica que los políticos de Reino Unido y de todo el mundo se abstengan de utilizar un lenguaje de división para avanzar en sus objetivos políticos. Pensemos en la forma en que el presidente Trump utilizó la inmigración como una forma de propagar el miedo a los migrantes y dar credibilidad a las teorías conspirativas antes de las elecciones estadounidenses de mitad de mandato de esta semana. El suyo es uno de los peores ejemplos recientes de este tipo de comportamiento irresponsable y dañino.

Además, ha sido revelador cuántas personas de la comunidad judía de Pittsburgh han criticado a Trump tras el atentado, porque saben que su retórica y sus acciones en los últimos años han facilitado el ascenso de la extrema derecha en todo Estados Unidos, lo cual ha envalentonado a aquellos que desean sembrar el odio.

Es deprimente ver que las ideologías extremas ahora se están infiltrando en la cultura dominante, con partidos populistas nacionalistas haciéndose cada vez más fuertes en Estados Unidos, Europa y ahora en Brasil. Debemos reaccionar ante esta amenaza de la extrema derecha y de la política de la culpa y la recriminación que está filtrándose en nuestros debates nacionales.

Gran parte de cualquier solución será analizar las razones por las que cada vez más personas se sienten relegadas por la globalización, lo cual los lleva a culpar a “los otros” por sus desgracias. Pero también debemos tomar medidas urgentes para reparar la creciente división en nuestra sociedad.

Yo me siento orgulloso de representar a una ciudad global como Londres, que mira hacia adelante. En líneas generales, en Londres no sólo toleramos las diferencias, sino que las respetamos y las celebramos. Sin embargo, estamos lejos de ser perfectos. Nuestras comunidades han cambiado rápidamente y nuestra cohesión social está siendo más desafiada que nunca.

Una de las lecciones que nos llega de todo el mundo es que las políticas no intervencionistas respecto de la integración social nunca funcionan. Y sin acción, la situación sólo empeorará. Es por eso que creo que una de las tareas más importantes que tenemos por delante es tomar medidas proactivas para construir comunidades más fuertes y más integradas. Esto significa que debemos alentar y facilitar más integración social en todos lados, para fortalecer los lazos sociales y generar confianza entre personas de cualquier religión, raza, edad y origen.

No será fácil encontrarle solución a este problema: es uno de los grandes desafíos del siglo XXI. Pero soy optimista y que creo que si tratamos el tema con la seriedad que merece, podremos vencer al antisemitismo, detener el crecimiento de la extrema derecha y el populismo nacionalista y marcar una diferencia al construir comunidades más fuertes, demostrando que la esperanza, la unidad y el amor siempre pueden vencer al miedo, la división y el odio.

Sadiq Khan es el alcalde de Londres

Traducido por Lucía Balducci

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