“Dejad de hacerle la pelota a EEUU”: la juventud de Japón se levanta para proteger su Constitución pacifista
El sable láser de Gohta Hashimoto es un juguete, pero simboliza la batalla a la que este joven se enfrenta, junto a sus compañeros en las manifestaciones, para hacer descarrilar los movimientos del Gobierno de Japón para alterar la Constitución pacifista del país por primera vez en los 80 años que lleva en vigor.
“La Constitución me interesa desde hace más o menos un año, cuando empezaron a emerger los partidos de ultraderecha”, indica Hashimoto, estudiante universitario de 22 años. “Quería formar parte de un movimiento que mantiene el país en paz y protege a la Constitución”, explica.
Los jóvenes son el motor del creciente movimiento en defensa de la ley suprema de Japón, redactada por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, con el país ocupado, y que ahora está en cuestión por las exigencias de otro presidente estadounidense.
Los promotores se alarmaron más, si cabe, el pasado martes, cuando el Gobierno decidió levantar la prohibición de exportar armas letales, una decisión que se percibe como un desafío al pacifismo de posguerra.
“La Constitución nos permite quedarnos al margen de las guerras de EEUU, incluidas las de esta región”, dice Yuri Hioki durante una manifestación en Tokio. “Me enfada pensar que eso pueda cambiar”, explica.
El sable láser de Hashimoto es su aportación a un mar de palos luminosos, pancartas y banderas que atestan los espacios públicos del país. Una generación nacida más de medio siglo después de la derrota de Japón se aprestan a defender la Constitución, lo que según ellos evitará que el país vuelve a entrar en un conflicto.
Unas 36.000 personas se apelotonaron el domingo pasado en los estrechos caminos que hay frente a la Dieta Nacional —el Parlamento japonés— para reclamar el fin inmediato de la guerra de Irán y mantener intacto el carácter “pacifista” de la Constitución.
La manifestación fue la última de una oleada de protestas de creciente dimensión que se suceden en los últimos meses. En febrero eran 3.600 personas; a finales de marzo, 24.000.
Las protestas más grandes se celebraron en Nagatacho —el centro neurálgico de la política nipona, cerca del edificio donde se redactaron los primeros borradores de la Constitución, supervisados de cerca por el general Douglas MacArthur, por entonces comandante supremo de las potencias aliadas y gobernante de facto de Japón durante los siete años que siguieron a la guerra.
Veteranos pacifistas de izquierdas se unieron a familias con niños y a jóvenes para lanzar cánticos contra la primera ministra, Sanae Takaichi, y el presidente de EEUU, Donald Trump, en japonés e inglés. “No se debería mandar a nadie a la guerra”, “gatos, no bombas”, o “quitad las manos de la Constitución”, eran algunas de las consignas de los asistentes, que llamaron al país a “dejar de hacerle la pelota a EEUU”.
Algunos de los manifestantes llevaban globos del número 9, en referencia al artículo “antiguerra” de la Constitución, que reza: “El pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o el uso de la fuerza como medio de resolver disputas internacionales”.
La oleada de manifestaciones llevaron a Hashimoto a darse cuenta de que había dado la Constitución por sentada. “Siempre había visto la política como un asunto para gente mayor, pero ahora me parece que sería entregar mi futuro a otros”, explica durante el arranque de una campaña para pedir que se proteja el artículo 9. “Hasta ahora no pensaba que los jóvenes tuviésemos que luchar por la Constitución”, añade.
El último bastión contra la guerra
Takaichi y otros conservadores ven en el artículo 9 un recordatorio de la derrota y la autoflagelación por el comportamiento japonés en Asia durante la Segunda Guerra Mundial. Alegan que el pacifismo de posguerra impone restricciones injustas a la defensa del país y sus intereses frente a una Corea del Norte con armas nucleares y una China cada vez más asertiva.
La guerra de Irán también ha puesto de manifiesto la dependencia japonesa del petróleo de Oriente Medio, así como los impedimentos constitucionales que obligaron a Takaichi a rechazar —con gran pesar, según algunas informaciones publicadas— la solicitud de Trump de que enviase tropas navales al estrecho de Ormuz.
La guerra de EEUU e Israel en Irán —y el errático papel de Trump en ella— ha impulsado a los japoneses más jóvenes a alzar la voz, entiende Koichi Nakano, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Sofía de Tokio. “La guerra ha hecho ver el riesgo de que Japón se vea envuelto en una guerra ilegal bajo Takaichi... hay mucha más gente que ve necesario demostrar su apoyo al artículo 9 como último bastión frente a la guerra”, indica.
Al igual que su mentor, Shinzo Abe, asesinado en 2022, Takaichi defiende desde hace tiempo la reforma constitucional, que para salir adelante requeriría una mayoría de dos tercios en las dos cámaras parlamentarias y mayoría simple en un referéndum. Son requisitos complicados que no han logrado contener a los revisionistas, que ven la modificación constitucional como un imperativo ideológico.
Los obstáculos legislativos y populares llevaron a Abe a hacer una interpretación extensiva del artículo 9 con la aprobación en 2015 de una ley para permitir a Japón ejercer la autodefensa colectiva; esto es, que el país saliese en ayuda de un aliado que fuese atacado aunque Japón no estuviese directamente amenazado. Más recientemente, ha autorizado que se lancen ataques preventivos en caso de ataque inminente como, hipotéticamente, a las bases de misiles de Corea del Norte.
La guerra ha hecho ver el riesgo de que Japón se vea envuelto en una guerra ilegal bajo Takaichi... hay mucha más gente que ve necesario demostrar su apoyo al artículo 9 como último bastión frente a la guerra
Los revisionistas “saben que no hay un consenso real al respecto de esas maniobras ofensivas supuestamente constitucionales, así que quieren enterrar definitivamente la Constitución de la paz”, indica Nakano.
“Pretenden incluir en la Constitución a las Fuerzas de Autodefensa (FA) para dar legitimidad a todo lo que estas hagan, lo que incluye la denominada autodefensa colectiva limitada. Pero quieren ir mucho más allá y que Japón se convierta finalmente en un país 'normal' como EEUU o Reino Unido”, añade.
Aunque las cortapisas legislativas al militarismo japonés se han aligerado, la victoria aplastante del Partido Liberal Democrático (PLD) en las elecciones de febrero a la cámara baja —en las que logró una “supermayoría” de dos tercios— han reforzado la determinación de Takaichi de reformar la Constitución por primera vez desde su entrada en vigor, en mayo de 1947.
“Ha llegado la hora” de la reforma constitucional, dijo este mes en un congreso para celebrar el 70º aniversario del PLD, que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde entonces. “Nuestro objetivo más largamente anhelado es que el pueblo japonés pueda enmendar la Constitución”, declaró, para añadir que Japón debía “pasar de página” en lo que se refiere a la gestión de su seguridad.
Las últimas protestas han unido a gentes de varias generaciones, desde los hijos del baby boom de posguerra, que recuerdan llegar a la edad adulta en un país en ascenso y por fin en paz, a estudiantes universitarios inspirados por las protestas de Corea del Sur en 2024, en las que los ciudadanos, pertrechados de palos luminosos, salieron en contra del presidente Yoon Suk Yeol, hoy encarcelado por golpismo.
La agencia de noticias Kyodo analizó los datos de ubicación de las aplicaciones de teléfonos móviles de los participantes en una manifestación frente al parlamento el 8 de abril y descubrió que el grupo más numeroso era el de la gente entre 30 y 40 años. Más del 20% tenían entre 20 y 30, y el 60% del total eran mujeres.
Aunque las alteraciones que propone el PLD saliesen adelante en la Cámara Baja, tendrían que ganarse el apoyo de la oposición en la Cámara Alta, y con gran parte de la población, muy dividida en el asunto, en contra
No está claro, sin embargo, en qué consistirían las reformas de Takaichi. Podría tratarse de un enunciado que reconociese la legalidad de las Fuerzas Armadas, lo que supondría un cambio relativamente menor, pero que los críticos entienden que podría abrir la puerta a la derogación del artículo 9 y el fin de ocho décadas de pacifismo oficial.
El camino para la reforma podría ser proceloso. Aunque las alteraciones que propone el PLD saliesen adelante en la Cámara Baja, tendrían que ganarse el apoyo de la oposición en la Cámara Alta, y con gran parte de la población, muy dividida en el asunto, en contra.
En los últimos años, se han publicado encuestas que señalan que el apoyo a la reforma podría estar en el 50% o incluso por encima, pero algunas voces creen que la guerra de Irán podría desequilibrar la balanza en sentido contrario si los electores creyesen que la enmienda pudiese elevar el riesgo de que Japón se viese arrastrado a conflictos en el extranjero.
Hioki, una programadora informática de 28 años con un palo brillante de color amarillo en ristre, dice que el accesorio luminoso le da valor para implicarse en el movimiento en defensa del artículo 9: “Tener uno de estos te hace darte cuenta de que no estás sola. Te da el valor para unirte a la protesta”.
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