Los 'Judas' de Netanyahu: de sátira política hace un año, a conflicto internacional hoy
La indignación del Ministerio de Exteriores de Israel ante la quema de un monigote con la imagen de Benjamín Netanyahu en la localidad malagueña de El Burgo tropieza con un precedente que desmonta la espontaneidad de su queja: Alfaro. En la primavera de 2025, la localidad riojana ya prendió fuego a un 'Judas' que representaba al primer ministro israelí vestido de troglodita y con un misil en la mano. En aquel momento, la acción no generó ni un solo titular en la prensa internacional, ni llamadas a consultas, ni acusaciones de antisemitismo. ¿Qué ha cambiado en doce meses para que un acto idéntico pase de la irrelevancia al conflicto diplomático?
La respuesta no se encuentra en las plazas de los pueblos, sino en la escalada de tensión entre los Gobiernos de España e Israel. Hace un año, la crítica alfareña se interpretó como lo que siempre ha sido: una manifestación de libertad de expresión y sátira popular arraigada en la Semana Santa de varios municipios españoles. Sin embargo, en 2026, Israel ha decidido elevar el tono contra cualquier símbolo de crítica procedente de España, utilizando una tradición centenaria como munición para señalar al Ejecutivo de Pedro Sánchez, después de que el primer ministro israelí acusara la pasada semana a España de librar una guerra diplomática contra Israel por sus críticas al genocidio en Gaza y la condena a la guerra en Irán.
Así, mientras que en 2025 la quema del muñeco del mandatario en Alfaro fue vista como un ejercicio de “justicia poética” local por la ofensiva en Gaza, hoy el gabinete de Netanyahu ha decidido globalizar la anécdota. El silencio de hace un año confirma que la acusación de “antisemitismo” es una herramienta política reciente; una etiqueta que busca neutralizar la crítica política a un dirigente concreto vinculándola, de forma interesada, con un ataque a todo un pueblo y su religión.
Alfaro lleva décadas quemando a todo aquel que represente el malestar social del momento, desde políticos nacionales a dictadores extranjeros, sin que el credo o la nacionalidad hayan sido nunca el motor de la fiesta. De hecho, el pasado año, junto a Netanyahu, se quemó también un judas de Donald Trump, Elon Musk y Vladimir Putin sobre un cohete en cuyo cartel podía leerse: “De viaje para quedarse como judas van a Marte Elon Musk, Trump y Putin, un trío muy inquietante que hoy despega desde aquí. ¿El viaje se lo merecen? A pulso se lo han ganado, pues quien del mal se enriquece, Judas es... multiplicado”.
También en ese momento la imagen viajó por redes sociales, pero en ese momento no se usó por parte de Israel para construir una narrativa de persecución. La polémica actual demuestra, por tanto, que el problema no es el 'Judas', sino el momento. Que ahora sea noticia internacional demuestra que la política exterior puede secuestrar el folclore para convertirlo en campo de batalla diplomático.
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