Oasis o espejismo en Torrejón: el centro comercial con playa que debe crear 381 empleos o devolver dos millones

Una de las entradas a 'Oasiz Madrid', el nuevo centro comercial de Torrejón de Ardoz

Aunque es invierno y la temperatura al raso en una tarde de enero hace poco que ha subido de cero, la maquinaria del lago artificial del centro comercial 'Oasiz Madrid' de Torrejón de Ardoz se enciende puntualmente cada media hora. Chorros de varios metros de altura salen despedidos y se entrecruzan, caen y vuelven a subir al ritmo que marcan sucesivamente las voces de Andrea Bocelli, Frank Sinatra o Enrique Iglesias desde unos altavoces estratégicamente dispuestos por todo el recinto. Es imposible no oírlo y es casi inevitable no interrumpir lo que se esté haciendo y darse la vuelta a contemplar el despliegue.

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El centro comercial, o resort comercial, según sus promotores, es una instalación ingente junto a la autovía A-2, casi lindando con la base aérea militar y próxima al nuevo barrio de Soto del Henares, muy castigado por la crisis inmobiliaria y la posterior rapiña financiera. Es complicado que el recinto entero quepa en una fotografía. Se trata de 25 hectáreas de superficie, con 85.000 metros cuadrados de comercios y restaurantes, más 10.000 de lago artificial donde antes había un páramo. Un mastodonte de inmueble que le ha costado a la empresa promotora, la francesa Compagnie de Phalsbourg, 230 millones de euros, según algunas de las estimaciones.

El complejo, obra del arquitecto Gianni Ranaulo, está estructurado en torno al lago, con un paseo de madera salteado de palmeras, y los edificios, de formas redondeadas y sinuosas, techos altos y grandes ventanales, traen a la mente la fiebre de museos y contenedores culturales de autor de principios de siglo. Todo es energéticamente eficiente y consume lo justo, presume la empresa.

La cabeza de Phalsbourg es Philippe Journo, una de las 100 mayores fortunas de Francia, fraguada en el ladrillo. El multimillonario promotor lleva años en esto de las superficies comerciales, apostando por dotar de exquisitez arquitectónica a estos templos de consumo. La empresa levantó en el país vecino dos centros de similar factura y pretensiones, uno en Metz y otro en Angers, este último no muy boyante en los últimos tiempos. La publicación gala Mediacités, en un análisis muy crítico del año pasado, lo describe como “mezcla entre un estadio y un platillo volante”.

En Torrejón, la idea sedujo al gobierno local del Partido Popular desde el origen, allá por 2014. Se aprobaron licencias, se perdonaron impuestos y se cargó contra la “irresponsable” oposición por votar en contra de una oportunidad tan jugosa. La primera piedra se puso en 2017, pero sucesivos retrasos y rediseños, sumados al coronovirus, se tradujeron en que el complejo no abriese hasta este diciembre. Del nombre original, 'Open Sky', se pasó al definitivo, 'Oasiz Madrid', que incluye una playa artificial, con casetas para cambiarse y chiringuito incluido, cerrada hasta que vuelva el calor.

Fuegos artificiales y atascos

El PP de Torrejón también está encantado con el resultado. A la ceremonia de inauguración, el 2 de diciembre, asistió Pedro Rollán, que era alcalde cuando se dio luz verde al proyecto. “Hay más centros comerciales, pero ninguno como este”, constató. Su sucesor, el también Popular Ignacio Vázquez, se confesó “profundamente emocionado y orgulloso” ante el edificio, “sencillamente espectacular” e “inédito” en España. También estaba Cristina Cifuentes, que era presidenta de la comunidad de Madrid cuando el proyecto llegó a los despachos. “No pudimos contar con mayor apoyo”, celebró al respecto Raphaël Martín, la cara de Phalsbourg en España.

La ceremonia, que incluyó fuegos artificiales, fue un éxito de público, que desde entonces desembarca en masa los fines de semana, aunque sin llenar las 4.000 plazas de aparcamiento. Ante los atascos, el cercano hospital de Torrejón acabó publicando una nota con itinerarios alternativos para quien tuviese que ir a Urgencias. También hay una línea de autobús que circula de lunes a domingo. Resulta algo incómodo ir a pie, cruzando el puente sobre la A-2 por una acera no especialmente ancha.

Esperando por los puestos de trabajo

La empresa presume de que el centro va como un tiro, con más de 300.000 visitantes en los primeros 10 días, a pesar del frío. Hay algunas nubes en el horizonte, no obstante, como los 2,18 millones de euros en concepto del Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras que el Consistorio perdonó a Phalsbourg. Es una exención prevista en una ordenanza municipal que asciende hasta el 95% del tributo a cambio de crear 381 o más puestos de trabajo directos. La compañía contaba cumplir con creces: hasta 2.246 puestos se crearían, sin contar indirectos, según el plan que remitió al Ayuntamiento en 2017. 

Pero pasado un mes del arranque, el compromiso está lejos de materializarse, según denuncian desde la oposición PSOE y Podemos. Parte de la instalación sigue cerrada y de momento solo hay abiertos unos 30 comercios y una decena de restaurantes, cuando el plan original contemplaba prácticamente el doble. El Ayuntamiento entiende, en una interpretación benevolente de la ordenanza reguladora, que la compañía tiene aún tres años para cumplir el objetivo antes de que se le reclame la devolución y en ello está la empresa. La página web de Oasiz incluye ofertas de trabajo en 10 categorías, con vacantes “por determinar”, que han recibido miles de solicitudes, pero la ordenanza exige que las contrataciones se realicen a través de la bolsa de empleo municipal. 

El portavoz municipal del PSOE, Javier Castillo, cree que Oasiz Madrid “lo tiene muy complejo” para cumplir las expectativas creadas, teniendo en cuenta que, a 10 minutos en coche, al otro lado de la base aérea, está Parque Corredor, otro centro comercial, reformado recientemente, aun sin los incentivos fiscales de que disfrutó Oasiz. “Cuando haga frío, se irán al Corredor por la calefacción, y cuando haga calor, por el aire acondicionado”, pronostica Castillo. El edil socialista cree que Oasiz perjudicará el desarrollo del barrio de Soto del Henares, “abandonado” por el comercio y la hostelería. “Poner un centro comercial en la puerta es matar el barrio”, entiende. “Estos modelos desinflan el comercio de la ciudad”, opina Olga Jiménez, de Podemos. “No sé qué sentido tiene traer la mayor playa a un secarral como es la llanura al lado del aeródromo. Creo que es un bluf que iremos viendo a medio plazo como se va desinflando”. 

Vecinos entusiastas y vecinos escépticos

“Veremos en qué acaba esto”, dice Antonio, de 74 años, de paseo por Oasiz Madrid con su esposa Mari Carmen, sorprendido por la calidad de los acabados del conjunto. No le convence la inversión, “un despilfarro”, que no quita que el paseo matutino les esté resultando agradable. “Todas las tiendas son las mismas en todos los centros comerciales. Aquí ya te digo que no hay autónomos”, observa. En un extremo del lago hay dispuestos grandes cojines para que los paseantes se tumben a la vera y vean cómodamente el espectáculo de chorros, que suele terminar con aplausos y expresiones de aprobación. Un padre con un carrito de bebé se desmarca del resto con una mueca de fastidio ante la escena. Se llama Yago y desvela la clave: es de A Coruña. “Yo no soy muy fan de los centros comerciales, pero por dar un paseo…”. A su pareja, Ana, sí le gusta.

Ya funcionan los cines y la pista de karts eléctricos interior, situada en el primer piso, encima de un supermercado Lidl. Es “una chulada”, según convienen una madre y una hija, aunque montarse 10 minutos cueste 17 euros. Ha llegado la Fnac y la tienda de descartes de temporada de Adidas, junto a varios restaurantes de franquicia, pero falta la oferta cultural anunciada, que de momento se limita a una exposición de coches de película, desde 'Batman' a 'The fast and the furious'. Todavía se ven decoraciones navideñas junto a otras más desconcertantes, como las estatuas poligonales, a la manera de los videojuegos, de un oso polar y un fiero simio rojo.

Maylén y Marilyn, que vienen de Arganda, dicen que el conjunto resulta “muy relajante”, mientras caminan despistadas por el primer piso buscando tiendas. En esta planta está ya instalados los cables de la tirolina sobre el lago, que funcionará cuando suban las temperaturas. También hay un gimnasio muy moderno, en el que todo funciona por códigos QR y los socios premium pueden llenar cantimploras con bebidas isotónicas de cuatro sabores, entre otras ventajas. El local también tiene una terraza que, por la mañana, mientras no da el sol, acumula escarcha en el extremo.

El encargado de uno de los restaurantes que ya funcionan –comida tradicional, pero de franquicia, a 20 euros el menú de fin de semana–, asegura que la localización ha resultado “un bombazo” y que tiene que parar a mucha gente en la puerta porque las mesas están llenas. Parece entusiasmar a los más pequeños la zona recreativa de arena con excavadoras de tamaño real, así como un par de carrozas futuristas eléctricas de dos plazas, a razón de seis euros por cinco minutos. “Sí, se pasan, pero es por la experiencia”, dice una madre resignada tras instalar al niño en el habitáculo. También hay algún espacio infantil gratuito, como una ballena con un esqueleto de cuerdas por las que trepar, y el discurrir de familias con críos es constante. En general parece que están entretenidos, aunque a estas edades nunca se sabe. “Te odio, te odio; no vales para nada”, afea una criatura a su madre que, cargada de bolsas de juguetes, hace como que no oye, camino de la salida.

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