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Sobre este blog

Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.

Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es Cabo Norte (Menguantes, 2020). Además, ha publicado Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012)Es socio de Soulandia, una empresa que aplica la narrativa a estrategias de comunicación, y del coworking malasañero Espíritu23. Habita en la linde occidental del barrio.

www.pedrobravo.es

Sobre Ayuso, Gabilondo y los demás valores virtuales de la criptopolítica madrileña

Criptoimagen de Isabel Díaz Ayuso

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El penúltimo asunto de la criptomodernidad tiene que ver con el arte y su mercado, el coleccionismo y los NFT (Non Fungible Tokens o vales no fungibles). La cosa va de lo siguiente: los NFT son algo así como certificados de autenticidad que, unidos a la tecnología blockchain de gestión descentralizada de datos y transacciones, sellan la procedencia y la propiedad de activos virtuales. 

La brevísima historia de los NFT ha estado asociada en principio a un arte al que se le ha puesto el prefijo cripto más por la mecánica de sus intercambios —ligados a la criptomoneda Ethereum y su blockchain— que por su contenido. Por ejemplo y por abrir bocas, este vídeo de Beeple que muestra la caída de Trump ha sido vendido por el equivalente a 6,6 millones de dólares. ¿Mucho dinero? Bueno, el mismo creador, de nombre Mike Winkelman, ha protagonizado esta semana la tercera venta de una obra de un artista vivo más cara de la historia de la casa Christie’s y la de la obra digital más cara de la historia a secas: 69 millones de dólares por un collage llamado Everydays: The First 5.000 Days.

Pero el mercado de NFT es más amplio, hay quien compra avatares —los CryptoPunks se venden a una media de 6.000 dólares—, cartas digitales de Pokemon —el youtuber Logan Paul ha hecho una serie de 44 con su imagen— o incluso canciones —Mike Shinoda de Linkin Park es el primer músico mainstream en subastar un single a través de NFT—. 

Es verdad que los NFT no son sólo para el arte —Jack Dorsey, capo de Twitter, ha puesto en venta su primer tuit como NFT a partir de este artículo sobre el tema en The Verge— pero también es cierto que en este ámbito es donde su existencia ayuda a la reflexión sobre un mercado sostenido sobre la virtualidad de sus valores. ¿Por qué cuesta un mosaico digital casi 70 millones de dólares? ¿Para qué sirve? ¿Es un activo real o una ficción más bien poco activa? ¿Nos hemos vuelto locos? Lo mismo podríamos preguntarnos con los 91 millones de dólares por los que se vendió Rabbit de Jeff Koons o los 450 en los que acabó la subasta de Salvator Mundi de Leonardo da Vinci pero quizá no lo hacemos tanto porque estamos acostumbrados. Es la modernidad lo que nos deja perplejos, es la velocidad de los cambios lo que encripta los hechos. Lo mismo pasa con la política madrileña.

“¿Alguien me puede explicar lo que pasa en Madrid?”, preguntaba estos días mi amigo Jon desde San Sebastián en un grupo de chat. Él se refería a la escisión de cuatro concejales del grupo municipal Más Madrid pero podría haber estado cuestionándonos sobre la invisibilidad del líder municipal del PSOE —he tenido que comprobar que sigue siendo Pepu Hernández— o la del regional —Ángel Gabilondo es la única persona del mundo capaz de ser casi semanalmente trending topic por ausencia—. Y, por supuesto, por lo que acaba de hacer Isabel Díaz Ayuso.

La respuesta a Jon quedó desierta porque la política en Madrid ha pasado a ser criptopolítica. La “ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas” se ha transformado en esta ciudad y en esta región en un arte completamente virtual que en absoluto tiene que ver con gobernar ni con organizar.

¿Por qué se convocan elecciones en medio de la crisis sanitaria, social y económica más importante de nuestra historia reciente? ¿Para qué sirve un gobierno regional que en un año y medio ha aprobado una sola ley y no ha sido capaz de sacar unos presupuestos? ¿Para qué sirve una oposición que, a pesar de ser mayoritaria, actúa sólo en redes sociales si es que actúa? ¿Es una política activa o una ficción estilo performance? ¿Nos hemos vuelto locos? La respuesta a todas estas preguntas quizá sea la misma que contesta a las que nos hacemos sobre el arte: es el mercado.

Madrid está a la vanguardia de una forma de hacer política que va de comprar y vender valores que no son ciudadanos sino electorales y, por tanto, que sólo interesan y benefician a los actores de la función. La incomprensión y perplejidad que genera no sólo es normal, sino que es necesaria para que la ficción siga su curso. De hecho, los comentarios que la acompañan, incluido este texto, sólo contribuyen a engordar un mercado que, por cierto, no está nada descentralizado. El problema es que esta criptopolítica es sólo virtual en sus formas: el impacto que causa en la realidad lo sufrimos los espectadores.

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Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es Cabo Norte (Menguantes, 2020). Además, ha publicado Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012)Es socio de Soulandia, una empresa que aplica la narrativa a estrategias de comunicación, y del coworking malasañero Espíritu23. Habita en la linde occidental del barrio.

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Publicado el
13 de marzo de 2021 - 08:40 h

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