eldiario.es

9

En defensa del mundo rural. La Ley de la Administración Local y la liquidación de la cohesión y patrimonio rural

Nuestros campesinos y los pueblos son la garantía de nuestra soberanía alimentaria y de la conservación de los paisajes agrarios y culturales más amables, a no ser que este gobierno lo convierta todo en fincas de monocultivos subvencionados por la PAC.

El dictamen del Consejo de Estado pone el acento en  el intervencionismo centralista y vertical frente a la autonomía municipal, rozando los principios constitucionales.

La FEMP y sus altos representantes no han defendido como se merecen a los pequeños municipios y a las entidades locales menores, particularmente desde los principios de cohesión social y territorial.

Una escena del parque natural de Las Batuecas, en Salamanca.

Una escena del parque natural de Las Batuecas, en Salamanca.

Agosto comenzó con una tragicomedia llamada Bárcenas en el Parlamento de la Nación, prestando el Senado sus bancos y sillones para la representación. Entre mentiras, provocaciones, desplantes y desaires, el presidente del Gobierno nos dejó con cara de tontos y se ha ido a descansar a una sencilla casa rural gallega. No está mal el contraste con los fantasmas de la Moncloa y con las moles y mausoleos urbanos que han destruido nuestras ciudades y paisajes urbanos. Será al menos motivo de reflexión, pues el medio rural se convierte, así, en un bien reparador para el alma sensible y herida por el desgaste político y por la “defensa” de  la patria saqueada por sus amigos y correligionarios. Otro mensaje populista que los verdaderos protagonistas de la vida en el medio rural no estarán dispuestos a tragar, sin sentir náuseas y síntomas de vómitos.

Nuestros campesinos son gentes nobles y resistentes, pero también muy suyas y delicadas. Ellos que han practicado la austeridad y la solidaridad desde hace siglos, no caerán engañosamente en la estulticia y el servilismo, ¡acogiendo ahora a los estresados por la política, por el despilfarro y por las artimañas financieras!, como si nada hubiese ocurrido en las cloacas de Génova o de Bankia.

En verdad, el curso político había cerrado su ciclo de ajustes y “austeridad” de manera más taimada y silenciosa,  con el envío a las Cortes Generales de una Ley que afecta de lleno al mundo rural. Y debemos decirlo sin ambages, nuestros campesinos y los pueblos donde viven siguen siendo la garantía de nuestra soberanía alimentaria y de la conservación de nuestros paisajes agrarios y culturales más amables, a no ser que definitivamente este gobierno lo convierta todo en grandes fincas de monocultivos bien subvencionados por la PAC, en “pazos” de malhechores indultados, en refugios de especuladores amnistiados, o  de inversores oportunistas procedentes de la banca y de las grandes corporaciones industriales o mercantiles.

Después de haber liquidado las costas y los entornos naturales de nuestras ciudades, han puesto ahora sus ojos e intereses en esos pueblos y campos olvidados, allá en la España profunda, donde se conservan en manos de pequeños municipios y entidades menores o juntas vecinales los verdaderos  recursos estratégicos de cara al futuro.

No puede ser, gozan de competencias impropias, se endeudan  y desestabilizan  el presupuesto del Estado, dicen con falaz desfachatez desde el poder madrileño y vallisoletano. Las élites extractivas y privilegiadas  están encantadas por las nuevas oportunidades; ¡vamos a por ellos!, piensan agazapados tras las comisiones entregadas durante años a los líderes populares.

Hablamos de la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local que ha sido seriamente criticada en el Dictamen del Consejo de Estado y calificada como la Ley del Expolio Rural por los grupos más implicados en la defensa de los campesinos, agricultores y ganaderos o de nuestros artesanos.

No les faltan razones y argumentos a unos y a otros. El dictamen del Consejo de Estado pone el acento en  el intervencionismo centralista y vertical frente a la autonomía municipal, rozando los principios constitucionales,  y los grupos de  campesinos  y los pequeños municipios se lamentan  de la pérdida  de soberanía  y de los servicios de proximidad en favor de su privatización  y el control de las diputaciones. La FEMP y sus altos representantes no han defendido como se merecen a los pequeños municipios y a las entidades locales menores, particularmente desde los principios de cohesión social y territorial. Los peligros y amenazas centralizadoras ahí siguen y la trama rural  más próxima a los habitantes lamentablemente a punto de desaparecer y de ser engullida por las “más eficientes economías de escala”.

Muy Bien, has hecho Like

¿Qué tipo de error has visto?
¿La sugerencia que quieres realizar no está entre estas opciones? Puedes realizar otro tipo de consultas en eldiario.es responde.
Error ortográfico o gramatical Dato erróneo

¡Muchas gracias por tu ayuda!
El equipo de redacción de eldiario.es revisará el texto teniendo en cuenta tu reporte.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha